miércoles, 22 de enero de 2014

EL FERROCARRIL DEL PLAZAOLA (Y II)

Portada de un folleto de horarios del ferrocarril del Plazaola. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Una temprana y frustrada dieselización

En 1924, una nueva compañía, la Sociedad Explotadora de Ferrocarriles y Tranvías (SEFT), adquirió todo el accionariado de la Minera Guipuzcoana, hasta entonces, titular del ferrocarril del Plazaola. La SEFT, en la que también se integraban los ferrocarriles de San Sebastián a la frontera francesa y el de la capital guipuzcoana a Hernani, así como el tranvía de Irún a Fuenterrabía, albergaba proyectos muy ambiciosos, entre ellos, la construcción de un nuevo tren de vía métrica de Pamplona a Logroño. Sin embargo, las débiles bases financieras de la empresa imposibilitaron la materialización de esta iniciativa.
Fotografía de fábrica de los automotores Beardmore del ferrocarril del Plazaola. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Finalmente, la SEFT se limitó a intentar mejorar el rendimiento del ferrocarril del Plazaola con la adquisición de tres modernos automotores diesel-eléctricos, suministrados por la firma británica Beardmore. Con ellos, la empresa esperaba  competir con ventaja frente a los autobuses de La Roncalesa gracias a sus menores costes de explotación y la reducción de los tiempos de viaje.
Vista de la sala de motores de los automotores Beardmore del ferrocarril del Plazaola. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Tras su puesta en servicio en 1931, los resultados de explotación de los automotores diesel-eléctricos fueron, en principio, magníficos, gracias a su velocidad, bajo consumo de combustible y reducido personal necesario para su manejo, en comparación con un servicio convencional servido por locomotoras de vapor. Además, en caso de que lo exigiera la demanda, eran capaces de remolcar hasta dos coches de viajeros y, además, podían marchar en mando múltiple. De hecho, ante sus prometedoras prestaciones, la SEFT llegó a plantear seriamente la posibilidad de levantar la electrificación del ferrocarril de San Sebastián a la frontera francesa, el popular «Topo», para implantar en esta línea vehículos similares, en sustitución de sus automotores eléctricos originales.
En los primeros años de la posguerra, los automotores del Plazaola circularon con gasogeno. Fotografía de Juan Bautista Cabrera

El tiempo pronto demostró que las previsiones iniciales eran demasiado optimistas. A la falta de carburantes que experimentó España durante la Guerra Civil y la inmediata posguerra, lo que obligó a utilizar gasógenos, pronto se unieron graves problemas mecánicos, sobre todo los derivados por la unión rígida entre el motor diesel y la dinamo, lo que provocaba la rotura prematura de los cigüeñales. De hecho, en 1944 la Sociedad Minera Guipuzcoana se vio obligada a retirarlos del servicio y, poco después, la SEFT aprovechó sus bogies para construir sobre ellos nuevos automotores eléctricos para el «Topo», mientras que sus carrocerías quedaron abandonadas en los talleres del ferrocarril del Plazaola situados en la estación de Andoain.
Un tren del Plazaola cruza sobre la primitiva carretera nacional 1 en Lasarte. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

El prematuro abandono de los automotores diesel-eléctricos supuso la vuelta del vapor a la tracción de los trenes del Plazaola, algo que, en principio, no supuso un gran inconveniente ya que la competencia de los autobuses de La Roncalesa se encontraba bajo mínimos, ante la falta de combustible y neumáticos que padecía todo el país. Además, la clientela experimentó un importante repunte en estos tiempos de extraperlo que impulsaron a muchas personas a buscar los alimentos que escaseaban en las ciudades en los pueblos del entorno.

Pese a las deficientes condiciones de las carreteras de la zona, La Roncalesa estableció una dura competencia con el ferrocarril del Plazaola. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Un cierre prematuro

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la progresiva vuelta a la normalidad del suministro de combustibles y neumáticos, La Roncalesa pronto volvió a arrebatar la mayor parte del tráfico al ferrocarril, incapaz de competir con los autobuses con sus antieconómicos trenes de vapor. Aunque se estudió la adquisición de nuevos automotores diesel más eficientes que los Beardmore, estos proyectos se vieron bruscamente paralizados como consecuencia de las graves inundaciones que asolaron el País Vasco y Navarra los días 14 y 15 de octubre de 1953. En pocas horas se registraron en Andoain más de 230 litros de precipitación por metro cuadrado y las aguas de los ríos pronto arrastraron raíles, balasto, traviesas e, incluso, alguno de los puentes de la línea. De hecho, el día 15, el último tren de Pamplona a San Sebastián tuvo que retroceder en Irurzun al ver su pareja de conducción que uno de los puentes se encontraba totalmente cubierto por las tumultuosas aguas.
Un tren del Plazaola cruza el imponente viaducto de Gulina. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Tras las inundaciones, y ante su inviabilidad económica, la Sociedad Minera Guipuzcoana optó por no reparar los daños y la suspensión de los trenes entre Pamplona y San Sebastián se hizo definitiva pese a las protestas y presiones de los ayuntamientos atendidos por la vía. No obstante, durante algunos años se mantuvo cierto tráfico de mercancías en la zona guipuzcoana, sobre todo para el transporte de la producción forestal del valle de Leizarán hacia Andoain y San Sebastián. En todo caso, la circulación de estos trenes era muy esporádica, por lo que no es de extrañar que, en ocasiones, sorprendiera a los que aprovechaban el trazado ferroviario para atajar su camino, en ocasiones, con funestas consecuencias, como el caso del párroco de Andoain, Rosendo Recondo, que murió al ser arrollado por el tren el 28 de junio de 1957.
Vista invernal del Plazaola. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

En todo caso, el rápido desarrollo del camionaje terminó por arrebatar al tren sus últimos tráficos, lo que unido a la imposibilidad de afrontar la reapertura de la línea hasta Pamplona, pese a las esperanzas puestas en la inmediata explotación de los yacimientos de potasas de Subiza, impulsó a la Sociedad Minera Guipuzcoana a solicitar la definitiva renuncia a sus concesiones. El Gobierno tampoco puso demasiadas objeciones y el 5 de septiembre de 1958 el General Franco firmó en el Pazo de Meirás el Decreto que autorizaba la rescisión de las concesiones y el levante de las instalaciones del ferrocarril del Plazaola.
Material del ferrocarril del Plazaola, abandonado en los talleres de Andoain, tras la definitiva clausura de la línea en 1958. Fotografía de Christian Schnabel

Tras la clausura del ferrocarril del Plazaola, sus instalaciones quedaron abandonadas durante largo tiempo. Afortunadamente, a partir de 1994 el Consorcio Plazaola ha recuperado buena parte de la traza como vía verde, mientras que el Museo del Ferrocarril de Ponferrada conserva el último vestigio del material móvil de este ferrocarril: la famosa locomotora Nº 31.
Antigua locomotora Nº 6 del ferrocarril del Plazaola, fotografiada en el ferrocarril de Ponferrada a Villablino por Martin Dieterich



2 comentarios:

  1. Curiosa la historia de este ferrocarril y su material,hay un libro,(no se si habras habras tenido la ocasion de leer) llamado Del Cantabrico al Mediterraneo,Un viaje a pie por los caminos de hierro de la peninsula,cuyo autor es J.Ignacio Miguel Amoztegui,con un pequeño prologo de M.Maristany,que precisamente en uno de sus capitulos trata sobre el Plazaola,si tienes ocasion(quiza ya lo conozcas y hayas leido)te lo recomendaria abiertamente,esta centrado en el recorrido de las trazas de ferrocarriles ya extintos,a pie y en bicicleta,comienza precisamente por el Plazaola,para continuar por el Irati,el Sadaba-Gallur,Utrillas-Zaragoza,Belchite-Muniesa,el proyecto que nunca vio la luz del Teruel-Alcañiz,para desembocar en la costa mediterranea recorriendo la traza del legendario Sierra Menera,un abrazo

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  2. Curiosa la historia de este ferrocarril y su material,hay un libro,no se si habras tenido ocasion de leer,llamado Del Cantabrico al Mediterraneo,un viaje a pie por los caminos de hierro de la peninsula,cuyo autor es J.Ignacio Miguel Amoztegui,con un pequeño prologo de M.Maristany,que en uno de sus capitulos trata sobre el Plazaola.Es un recorrido a pie y en bicicleta por la traza de ferrocarriles ya extintos,comienza precisamente por el Plazaola,para continuar su viaje en etapas por el Irati,el Sadaba-Gallur,el Utrillas-Zaragoza,el Belchite-Muniesa,el proyecto que nunca vio la luz del Teruel-Alcañiz,para desembocar en la costa mediterranea de la mano de la traza del legendario Sierra Menera,si no has tenido ocasion de leerlo,te lo recomendaria abiertamente,un abrazo

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