viernes, 15 de junio de 2012

MICHELIN, O COMO VENDER NEUMÁTICOS AL TREN

Automotor Micheline de los ferrocarriles de Madagascar en el Museo Vasco del Ferrocarril

Esta semana he recibido un correo de Pau Medrano que me ha servido para recordar el vehículo ferroviario más singular que hemos exhibido en el Museo Vasco del Ferrocarril. Me refiero al automotor Micheline construido por el mundialmente famoso fabricante de neumáticos francés Michelin para los ferrocarriles de Madagascar. Gracias al apoyo brindado por esta empresa y, en concreto, por su responsable de comunicación, Juan de San Román, fue posible exponer al público este curioso tren en dos ocasiones; primero en el mes de febrero de 1999 y, dos años más tarde, repetimos la experiencia en octubre.

A lo largo de su dilatada historia, Michelin ha sido una de las empresas que mejor ha sabido utilizar la publicidad para fomentar sus ventas. Su muñeco Bibendum es universalmente conocido y su imagen icónica ha trascendido al lenguaje habitual hasta el punto de denominar con el nombre de michelines esos kilos de más que nos sobran alrededor de la cintura... Más agresiva fue su campaña publicitaria para lograr que los autobuses de París, que hasta bien entrados los años veinte utilizaban bandajes de goma maciza, pasaran a emplear sus productos. Para ello, regalaron neumáticos a un transportista que se dedicaba a llevar cerdos a los mataderos de la capital francesa para, una vez logrado este objetivo, azuzar desde la prensa una intensa campaña publicitaria en la que se podía leer: "¡Parisinos! ¡Esto es un escándalo: los cerdos viajan sobre neumáticos y vosotros sobre ruedas macizas! ¡Exigid el mismo trato!"  

Sin duda, una de las más brillantes demostraciones del magnífico empleo que realizaba la casa Michelin para la venta de sus productos es el incomparable logro de vender neumáticos a quién no los necesita, es decir, al tren. En efecto, a finales de los años veinte, la firma de Clermont Ferrand decidió estudiar la aplicación de sus neumáticos a la rodadura ferroviaria.

Según relataba la empresa, su interés por el mundo del ferrocarril tuvo como punto de partida un viaje que realizó André Michelin en el verano de 1929 en un tren nocturno. Durante el trayecto entre París y Cannes en coche cama, el empresario no fue capaz de conciliar el sueño debido al constante golpeteo de las ruedas en las juntas de los cortos raíles de la época, así como consecuencia de la deficiente suspensión del vehículo. Entre saltos y traqueteos constantes su mente comenzó a soñar con la posibilidad de aplicar a la circulación ferroviaria la suave y silenciosa rodadura de los neumáticos que fabricaba en su reputada factoría de Clermont-Ferrand.

André Michelin llegó a la conclusión de que, si entre la llanta metálica de la rueda y el carril se interponía un neumático, se eliminaría el molesto traqueteo, se suavizaría la suspensión y aumentaría la adherencia.. y con ella, la aceleración. El momento era por lo demás propicio, ya que el estallido de la crisis económica mundial de 1929 suponía un gran aliciente para intentar diversificar la producción de su empresa.

Iniciada la construcción de prototipos en Clermont-Ferrand, el primer gran inconveniente al que se hubo de enfrentar era el del reducido peso que podían soportar los mejores neumáticos del momento, cifrado en unos 600/700 Kg., ya que la estrecha superficie de rodadura que ofrecían los carriles ferroviarios impedían el uso de neumáticos más anchos y de más capacidad portante, como los empleados en los camiones y autobuses. Este hecho motivó, por una parte, el desarrollo de vehículos con un gran número de ruedas (existieron Michelines con diez ejes por coche), mientras que, por otra parte, se estudió al máximo el aligeramiento del vehículo. Posiblemente éste sea el aspecto más importante de las investigaciones de Michelin, ya que un menor peso muerto por viajero transportado supone también un menor consumo y por tanto una mayor economía de explotación.
Diferentes distribuciones del interiorismo de los automotores Micheline de tipo Colonial

En 1929 Michelin construyó el primer prototipo, realizado a partir de una automóvil Renault 40 Cv. al que siguieron modelos más desarrollados. En 1931 la firma francesa inició un periodo de giras promocionales, primero en Francia y más tarde por toda Europa y Norteamérica, visitando Gran Bretaña, Noruega, Suecia, Bélgica, Holanda, Suiza, Italia, Austria, Hungría, Checoslovaquia, Polonia y Estados Unidos. Sin embargo, la mayoría de las empresas ferroviarias eran reticentes ante un invento que consideraban innecesario y solamente algunas compañías ferroviarias francesas, tanto de la metrópoli como de sus colonias, efectuaron pedidos de cierta entidad. La única excepción fueron los ferrocarriles de Mozambique, en aquel momento colonia portuguesa. Junto a éstos, circularon Michelines en Francia, Argelia, Congo, Indochina y Madagascar. Michelin también ofertó sus automotores a diversas compañías españolas de vía ancha y métrica, entre las que cabe citar el Ferrocarril de Lutxana a Mungía o el de Bilbao a Lezama y también el ferrocarril de San Sebastián a la frontera francesa, el popular "Topo" estudió su aplicación. Sin embargo, la situación generalizada de crisis y, más tarde, el estallido de la guerra civil, impidieron que se llegase a materializar algún pedido.
Automotor Michelin construido en colaboración con la reputada firma norteamericana Budd

La vida activa de la mayor parte de los automotores Micheline fue efímera, hecho al que no fue ajeno la Segunda Guerra Mundial y sus devastadoras consecuencias. La falta de repuestos llevó a los ferrocarriles franceses a la definitiva retirada del servicio de sus Micheline en 1952. Sin embargo en algunos ferrocarriles coloniales continuaron prestando servicio durante largos años.

El Micheline de Madagascar

La línea de vía métrica que enlaza la capital de la isla malgache, Tananarive, con el puerto de Tamatave, de 369 km de longitud, presenta un trazado difícil con rampas de 25 milésimas y gran número de curvas de radio inferior a los 125 metros. Ciertamente, los automotores de Michelin, gracias a la notable adherencia que proporcionaban sus neumáticos, podían contribuir a reducir el tiempo de viaje al desarrollar mayores velocidades en las duras rampas que jalonan estre trayecto.

La primera Micheline llegó a la isla en 1932 y realizó el recorrido completo en 8 horas y quince minutos, con una sensible mejora frente al mejor tren de vapor que efectuaba el mismo viaje en catorce horas. Un año más tarde, entraba en servicio una segunda Micheline. Los buenos resultados obtenidos animaron a los ferrocarriles de Madagascar a la realización de dos nuevos pedidos en 1935 y 1938 respectivamente.
Automotor Micheline estacionado en la estación de Lasao

Estas cuatro Micheline, construidas en la factoría de Clermont-Ferrand, estaban dotadas de motores de gasolina Panhard de 105 cv. y ofrecían dieciocho plazas sentadas. Su reducido peso, de tan sólo 6.200 kilogramos, no impidió tener que recurrir a bogies de tres ejes a fin de no superar la escasa capacidad portante de sus neumáticos. Solamente dos de los ejes del bogie delantero eran motores, mientras que los restantes eran portadores (rodaje 1B-3). La carrocería, construida en aluminio y materiales muy ligeros, ofrecía un aspecto similar al de un autobús.

El resultado de estos automotores debió de ser totalmente satisfactorio para los ferrocarriles malgaches, ya que en 1952 adquierieron tres nuevas unidades, en este caso fabricadas por el constructor francés Carel Fouché. Por lo demás, eran idénticos a las Micheline construidas veinte años atrás salvo la motorización, en este caso encomendada a un motor Panhard diesel de 80 Cv. y algunos detalles menores.
Vista trasera del automotor Micheline de Madagascar. Se aprecian las ruedas de repuesto en la parte inferior

Los automotores Micheline se matricularon en los ferrocarriles de Madagascar en la serie 511 a 517. A partir de 1962, nuevos automotores de rodadura convencional comienzaron a sustituirlos, al mismo tiempo que se hacía patente un grave problema: la falta de neumáticos de repuesto cuya producción había cesado por completo. En 1985 dejaron de circular los últimos Michelines, Nº 516 y 517 debido al excesivo desgaste de sus ruedas. Por su parte, los coches 514 y 515 habían sido cedidos a particulares que los habilitaron como viviendas.
Detalle del sistema de rodadura del automotor Micheline de Madagascar

El auge que en los últimos años viene experimentando el coleccionismo de automóviles antiguos y la creciente necesidad de disponer de los repuestos adecuados impulsó a Michelin a crear en 1991 un departamento especial dedicado a la producción de modelos antiguos de neumáticos. Poco después los responsables de esta sección tuvieron conocimiento de la situación de los automotores malgaches y decidieron intervenir. Afortunadamente se habían conservado los moldes originales por lo que se pudo fabricar una serie especial con la que, en 1994, nuevamente se pudieron "calzar" los coches 516 y 517. Asimismo Michelin patrocinó la reconstrucción de los coches 514 y 515. El primero retornó a Europa mientras que el otro reemprendió el servicio junto a sus hermanos.
La Micheline de Madagascar en el valle del Urola

7 comentarios:

  1. Magnifico e ilustrativo,no tenía conocimiento de que tales automotores existieran,es una suerte contar con personas que sí conocen el tema,así podemos aprender.
    Solo darte las gracias por tu saber,que nos transmites con tanta diligencia,un saludo de G.M.P.

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  2. ¡Menos mal que les dio por guardar los moldes!
    Varias veces, personas ajenas al mundo de la afición al ferrocarril, me han preguntado que por que los trenes no usan ruedas neumáticas. En esta entrada haces una buena descripción técnica tanto de las virtudes como de los defectos de tal alternativa. Me ha gustado mucho.

    Un abrazo.

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  3. Aupa Juanjo!

    Leyendo el artículo parece que ya no se emplean neumáticos en ningún ferrocarril. Si no me equivoco, sin embargo, sí que se utilizan al menos en una línea de metro de Paris y una de Montreal.

    Genial artículo. ¡Gracias por tu blog!

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    1. Estimado Eru:

      En la entrada me refería únicamente a los trenes que montan neumáticos para rodar sobre carriles ferroviarios convencionales, sin hacer mención a los metropolitanos que también emplean neumáticos. En estos vehículos, desarrollados en el Metro de París a partir de los años cincuenta, los neumáticos no ruedan sobre los carriles ferroviarios sino sobre unas pistas diseñadas específicamente para ello, mucho más anchas que las cabezas de los carriles ferroviarios y que, por tanto, permiten emplear neumáticos más anchos y con más capacidad portante. Posteriormente, el sistema también ha sido adoptado por otros metros de tecnología francesa (Lyon, Marsella, Montreal, México y Santiago de Chile) y también emplean neumáticos los metros automáticos tipo VAL.

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  4. Extraordinaria aportación para los amigos del ferrocarril.

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  5. Ola: Aquí uno articulo en português sobre las Micheline de Moçambique
    http://housesofmaputo.blogspot.lu/2017/01/automotoras-micheline-em-lourenco.html

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