sábado, 17 de junio de 2017

LA PROLONGACIÓN DEL FERROCARRIL DE TORRALBA-SORIA A CASTEJÓN


Mikado 141f-2243 fotografiada en el depósito de Soria. Fotografía de Martin Dieterich. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril
 

En este mes, en el que se conmemora el 125 aniversario de la llegada del ferrocarril a Soria es importante recordar que el verdadero objetivo del Gran Central Español, no era únicamente la explotación del modesto ferrocarril de Torralba a Soria, sino su posterior expansión, sobre todo hacia el Norte, en busca del nudo ferroviario de Castejón de Ebro, lo que habría permitido acaparar el tráfico ferroviario de Navarra hacia el centro peninsular y, sobre todo, su ampliación hacia la frontera francesa, para abrir una nueva vía más directa entre Madrid y París. La siempre delicada situación financiera de esta empresa impidió que pudiera materializar tan ambiciosos proyectos, de los que únicamente llegaría a ver la luz, de la mano del Estado, la unión entre la capital soriana y Castejón.

Los orígenes de esta línea se remontan a los del propio Torralba Soria, inaugurado en 1892, que desde sus inicios tenía previsto prolongarse hasta Castejón. En 1894, un nuevo proyecto propuso la construcción del ferrocarril de Soria a Sangüesa por Castejón y, prácticamente al mismo tiempo, otra iniciativa puso en marcha una línea de vía estrecha con el fin de transportar la producción de las minas de hierro de Ólvega a Castejón. Sin embargo, la existencia de este pequeño tren fue efímera y de hecho, en 1912 se declaró la caducidad de la concesión.

Un año antes de que caducase definitivamente la concesión del ferrocarril minero de Ólvega, un Real Decreto intentó incentivar la construcción del ferrocarril de Soria a Castejón, con la concesión de una subvención de 60.000 pesetas por kilómetro. Sin embargo, las grandes dificultades técnicas que ofrecía la abrupta orografía de la zona, sobre todo en la travesía de la divisoria de aguas entre el Duero y el Ebro, que suponía descender en 60 kilómetros desde 1.128 metros de altitud de la divisoria a los 274 metros en los que se sitúa Castejón, la reducida población, la escasa producción de las tierras atravesadas y el hecho de que el nuevo ferrocarril se convertiría de inmediato en tributario de las compañías del Norte y de MZA, precisamente las mismas a las que debería arrebatar el tráfico directo entre Pamplona y Madrid, hizo que ninguna empresa mostrara interés por hacerse con la concesión, aunque en 1913 llegó a realizarse el concurso para la redacción de proyectos.

La locomotora 1931 fotografiada en el rescate de un TER averiado en la estación de Ágreda. Fotografía de Pedro Pintado Quintana
 

Finalmente el ferrocarril de Soria a Castejón, al igual que su continuación natural entre Pamplona y el paso internacional de los Alduides hacia Francia, quedó incluido en el Plan Preferente de Ferrocarriles de Urgente Construcción impulsado por el Conde de Guadalhorce durante la Dictadura de Primo de Rivera. De este modo, el 29 de mayo de 1926 se procedió a la licitación de las primeras obras por valor de 32.282.656,75 pesetas.

Las obras del ferrocarril de Soria a Castejón, adjudicadas el 14 de septiembre de 1926 a la sociedad Vías y Riegos, se emprendieron oficialmente el 6 de mayo de 1927. Los trabajos se desarrollaron con celeridad, pese a las grandes dificultades que presentaba la abrupta orografía del trazado, por lo que el Estado pudo proceder a su recepción provisional el 14 de septiembre de 1935. Días después, la Gaceta de Madrid anunciaba la convocatoria de un concurso público para adjudicar a una empresa explotadora la gestión del servicio.

Todavía se encontraba en tramitación el expediente del concurso de adjudicación de la explotación del ferrocarril de Soria a Castejón cuando estalló la Guerra Civil. Aunque es posible que la línea fuera utilizada de modo provisional durante el conflicto, su inauguración definitiva no se produjo hasta su integración en la recién creada Renfe, circulando los primeros trenes a partir del 30 de septiembre de 1941. Desde entonces, sus vías vivieron el paso de la mayor parte de los servicios de viajeros entre Madrid y Pamplona, aunque su difícil trazado, y el hecho de que nunca se electrificara, hizo que con el tiempo éstos fueran nuevamente desplazados hacia la vía tradicional, pese al gran rodeo que debía darse por Zaragoza. Así, el ferrocarril de Soria a Castejón fue perdiendo sus tráficos hasta que éstos fueron definitivamente suspendidos el 1 de diciembre de 1996.

2 comentarios:

  1. ¡Muy bien documentado! Por algo el autor es un reconocido historiador de los ferrocarriles en todos sus aspectos.

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  2. Mi tío, que era Jefe de Vías y Obras en Pamplona, me contaba que algunas de las curvas de ese trazado apenas tenían 300 metros de radio y que la velocidad comercial era muy reducida por la ortografía y la falta de inversiones en el cuidado de la vía. También me hablaba del poco tráfico de pasajeros y mercancías. Lo cierto es que le daba mucho trabajo en descarrilamientos y problemas con la nieve en invierno. Gracias, Juanjo por el reportaje.

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