sábado, 16 de noviembre de 2013

UNA AGUADA ESPECTACULAR

Locomotora de vapor del ferrocarril de Alcoy a Gandía efectuando la toma de agua en la aguada del Barranco del Infierno. Fotografía de Jeremy Wiseman

Las locomotoras de vapor funcionan en circuito abierto, es decir, el vapor que impulsa el pistón del motor, una vez realizado este trabajo, es expulsado por la chimenea. En conclusión, el consumo de agua de estos ingenios es notable. Por poner un simple ejemplo, el consumo medio por kilómetro de una locomotora de 35 toneladas como es la "Aurrera" preservada en el Museo Vasco del Ferrocarril es de 100 litros de agua por kilómetro. Por otra parte, la capacidad de sus depósitos de agua es de unos 2.000 litros. Por tanto, su autonomía es, aproximadamente, de 20 kilómetros. Evidentemente, el perfil de la línea influye directamente en el consumo de agua, muy superior en recorridos ascendentes.
Locomotora "Gayanes", fotografiada sobre el puente giratorio de Gandía. Archivo de Xavier Santamaría

El ferrocarril de Alcoy al Puerto de Gandía, inaugurado en 1892, disponía de unas elegantes locomotoras, suministradas por la firma británica Beyer & Peacock, de características similares a la antes mencionada "Aurrera". Esta línea presentaba, desde Gandía, una dura rampa que aprovechaba el cañón que conforma el río Serpis para ascender penosamente hasta Alcoy. Esta subida resultaba particularmente dura para las locomotoras de vapor por lo que su consumo de agua era muy elevado. En consecuencia, fue preciso establecer en este paraje, el denominado Barranco del Infierno y en plena vía, una aguada en la que las locomotoras pudieran rellenar sus depósitos de agua, mientras el fogonero aprovechaba para rehacer el fuego y mejorar la presión de la caldera para poder afrontar la rampa en las mejores condiciones posibles.
Otra imagen del tren junto a la aguada del Barranco del Infierno. Fotografía de Jeremy Wiseman

La aguada del Barranco del Infierno se mantuvo en servicio hasta la clausura de este pequeño ferrocarril, en 1969, ya que el vapor pervivió hasta sus últimos días, aunque también circularon por sus vías algunos autovías, procedentes, sobre todo, del vecino ferrocarril de Villana a Alcoy y Yecla. La forzosa parada en el Barranco del Infierno era aprovechada por los viajeros para estirar las piernas y disfrutar del hermoso paisaje de este entorno natural.



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