Dos tranvías eléctricos esperan iniciar el servicio en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
La conmemoración
del 125 aniversario de la tracción eléctrica en España es una buena excusa para
recordar la historia de uno de los primeros tranvías eléctricos de nuestro país
y, sin duda, el más periférico: el de Tenerife. Como en otras muchas ciudades,
fue la iniciativa empresarial belga, auténticos especialistas mundiales en el
sector, la que impulsó la construcción y explotación del primer sistema de
transporte eléctrico de las islas Canarias, inaugurado hace 120 años, el 7 de
abril de 1901.
Como sucedió en toda España, y la mayor parte del mundo occidental, el
tranvía de Tenerife sucumbió, ante el auge del automóvil, y en 1956 fue sustituido
por un rosario de autobuses, las populares «guaguas», que pronto demostraron su
escasa capacidad para atender la demanda existente en el principal corredor de
la isla entre la capital tinerfeña y San Cristóbal de La Laguna. Por ello, el
año 2007 el tranvía retornó con un recorrido similar al de su predecesor,
demostrando que, pese a los años transcurridos, los principales ejes de
movilidad suelen perdurar durante largo tiempo. En la actualidad, el de
Tenerife es uno de los tranvías más eficientes y utilizados de toda España.
La empresa belga Tramways Électriques de Tenerife construyó el tranvía de Santa Cruz de Tenerife a San Cristóbal de La Laguna. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
Los inicios
del tranvía en Tenerife
Entre 1901 y 1956 Tenerife contó con un tranvía que, en gran medida, fue
antecesor directo del que funciona en la actualidad en la isla, ya que, en su
primera fase, también enlazó Santa Cruz de Tenerife con La Laguna, aunque
posteriormente la traza fue prolongada hasta Tacoronte. Precisamente la empresa
que desde el año 2007 opera este servicio, Metropolitano de Tenerife (MTSA), publicó
en 2013 un interesantísimo libro, obra del investigador canario Rafael Cedrés
Jorge, en el que se recoge con detalle la historia del primer servicio
ferroviario de la isla, y que sirve de base para la redacción de este texto
conmemorativo.
Como nos recuerda Rafael Cedrés, el primer proyecto para la implantación de
este medio de transporte en las islas Canarias fuer redactado por el ingeniero
militar segorbino Julio Cervera Baviera en enero de 1897. En su iniciativa,
planteaba construir un tranvía eléctrico desde el puerto de Santa Cruz de
Tenerife hasta la localidad de Icod, aunque, en realidad, centró sus estudios
en el tramo con mayor potencial de demanda; el comprendido entre la capital de
la isla y San Cristóbal de La Laguna.
Folleto publicitario de los tranvías de Tenerife. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
El proyecto de Julio Cervera fue aprobado por el Gobierno el 12 de
noviembre de 1898 y de inmediato se inició la tramitación de la concesión, que
sería otorgada al ciudadano belga Aleixes de Reus el 4 de julio de 1899. En
aquella época, el capital belga lideraba en todo el mundo la construcción de
tranvías eléctricos, por lo que no es de extrañar que también se interesasen
por el de Tenerife, isla con la que mantenían estrechas relaciones al ser
escala de las líneas de navegación a sus posesiones coloniales en el Congo.
El siguiente paso para la construcción del tranvía de Santa Cruz de
Tenerife a San Cristóbal de La Laguna fue la organización de una empresa que
gestionase las obras y su posterior explotación. En consecuencia, el 28 de
septiembre de 1900 se constituyó en Bruselas la Société Anonyme des Tramways
Électriques de Tenerife, con un capital social de millón y medio de francos y que
contaba en Tenerife con el apoyo de una de las personalidades más influyentes
del momento, Imeldo Seris-Granier y Blanco, VIII Marqués de Villasegura.
Un furgón automotor y un vagón de mercancías esperan cargar en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Archivo de Jeremy Wiseman
Gracias al respaldo financiero belga, el 29 de octubre de 1899 se pudieron emprender
las obras de construcción de la línea. En enero de 1900 se expidieron desde el
puerto de Amberes los carriles y otros equipos necesarios para las obras y un
mes más tarde se iniciaba el montaje de los primeros carriles, precisamente a
partir del propio puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde eran desembarcados.
La nueva línea de tranvías se construyó con celeridad y apenas había
transcurrido un año cuando, el 16 de enero, se pudo probar la central
eléctrica, situada en La Cuesta, lugar en el que también se levantaron las
cocheras y el taller de mantenimiento necesarios para la conservación del nuevo
material móvil. Poco después, el 9 de febrero, se realizaron las primeras
circulaciones en el entorno de las cocheras, precisamente el tramo más
accidentado de la línea, para comprobar tanto su comportamiento en las duras
rampas de la zona, como su capacidad de frenado en las pendientes más
pronunciadas.
Una vez superados con éxito todos los ensayos y asegurado el suministro de
agua a la central térmica generadora, todo estaba preparado para la
inauguración del servicio, acontecimiento que tuvo lugar el 7 de abril de 1901.
El evento central se celebró en las cocheras de La Cuesta, con un acto
religioso y un animado y abundantísimo refrigerio distribuido sobre amplias
mesas colocadas en la nave de carruajes.
Las cocheras, talleres, oficinas y central eléctrica del tranvía de Tenerife se establecieron en La Cuesta. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
La prolongación a Tacoronte
Desde el primer momento, el tranvía de Santa Cruz de Tenerife a San
Cristóbal de La Laguna recibió el favor del público, lo que impulsó a la
empresa concesionaria a prolongar sus vías hasta Tacoronte, proyecto que ya había
estudiado en diciembre de 1900. El 15 de noviembre de 1901, una vez inaugurado
el servicio hasta La Laguna, se redactó la memoria descriptiva de la
ampliación, que estimaba un coste de 1.564.490,18 pesetas.
El proyecto de prolongación del tranvía de La Laguna a Tacoronte fue aprobado
por el Ministerio de Agricultura, Industria Comercio y Obras Públicas mediante
una Real Orden promulgada el 28 de marzo de 1903. Tras la oportuna subasta
pública, la concesión fue otorgada al peticionario, que era la misma empresa
que ya gestionaba el tranvía de Santa Cruz de Tenerife a La Laguna, es decir, la
Société Anonyme des Tramways Électriques de Tenerife, el 18 de abril de 1904.
Vagón torre utilizado en los tranvías de Tenerife. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
La construcción de la nueva
infraestructura se realizó con gran celeridad. Según relata Rafael Cedrés, los
primeros materiales para las obras de prolongación llegaron a la isla en abril
de 1904 y apenas tres meses más tarde, el 21 de julio, se pudieron realizar las
primeras pruebas con un tranvía en el que viajaban algunas autoridades. Lo más
probable es que, como sucedía con frecuencia en esta época, en realidad las
obras se habrían iniciado incluso antes de haber recibido la concesión
definitiva por parte del Gobierno, ya que es difícil imaginar que los doce
kilómetros de nuevas vías y líneas aéreas se hubieran montado en apenas 94
días.
Una vez realizadas las pruebas y ensayos de rigor, todo estaba dispuesto
para la inauguración de la nueva prolongación, que tuvo lugar el 27 de julio de
1904. En esta ocasión, el acto se celebró en el hotel Camacho de Tacoronte, con
una animada fiesta en la que se sirvió en abundancia champagne y refrescos
diversos.
Coche motor número 1 del tranvía de Tenerife. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
Viajeros y
mercancías
Como la mayor parte de los tranvías del mundo, desde sus inicios, el de Tenerife
prestó un importante servicio a los viajeros de la zona. Menos conocido es que,
al igual que otros tranvías peninsulares como los de San Sebastián, Bilbao,
Linares o Granada, también atendió con sus vehículos el transporte de las
mercancías que llegaban a la isla a través del puerto de Santa Cruz, con el que
enlazaba mediante un ramal, o de las que se remitían desde los diversos núcleos
conectados por el trazado.
Es suficiente analizar el parque de material motor y remolcado de los
tranvías de Tenerife para constatar la importancia del transporte de mercancías
para la empresa concesionaria. La sociedad belga llegó a disponer de doce
coches motores y cinco remolques jardineras para el servicio de viajeros y
cinco furgones automotores y dieciséis vagones para el transporte de carga.
Todos los equipos fueron suministrados por la firma belga Societé Anonyme
Electricité & Hydraulique
de Charleroi, y entre ellos destacaban los tranvías números 7 y 8, ambos montados
sobre un truck experimental Kamp de ejes articulados radiales, con el que se
facilitaba la inscripción de estos coches, mucho más largos que los restantes, en
las curvas más cerradas del trazado. Sin embargo, el experimento no debió de
dar buenos resultados y poco después fueron convertidos en vehículos de bogies.

Los coches motores 7 y 8 eran más largos que sus predecesores, al contar con un truck de ejes articulados Kamp. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
De manos
belgas a canarias
Durante los primeros años de explotación, el tranvía monopolizó el
transporte entre Santa Cruz, La Laguna y Tacoronte y la aceptación del público
exigió incorporar nuevos coches al servicio. De este modo, del parque inicial
de seis automotores de viajeros en 1901, se pasó a ocho en 1902, 10 en 1904,
con la incorporación de dos unidades necesarias para atender la ampliación a
Tacoronte, y trece en 1912, uno de ellos, una jardinera construida en los propios
talleres de La Cuesta a partir de uno de los furgones automotores de
mercancías.
En 1927 los tranvías de Tenerife fueron adquiridos por el Cabildo Insular. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
El desarrollo de los transportes mecánicos por carretera pronto afectó al
negocio tranviario de la isla, siendo la primera víctima el servicio de
mercancías, que entró en rápida decadencia ante la mayor versatilidad de los
camiones y sus servicios puerta a puerta, con los que el tranvía difícilmente
podía competir. De ahí que ya en 1911 uno de los furgones automotores fuera
reconvertido en tranvía de viajeros, sector en el que se mantenía la demanda.
La aparición de las primeras guaguas en los años veinte, así como los
primeros automóviles, también afectaron al servicio de viajeros que ofrecía la
empresa belga. Consciente de la importancia de este medio de transporte, el 21
de abril de 1921 el Cabildo Insular estudió la posibilidad de asumir su gestión
y ampliarlo hasta La Orotava, proyecto al que el concesionario había renunciado
por falta de recursos.
Los coches 13 y 14 fueron construidos en los talleres de La Cuesta a partir de equipos adquiridos de ocasión. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
Aunque en un principio la empresa concesionaria rechazó la propuesta del
Cabildo, el progresivo deterioro de los resultados ante la competencia de
camiones y guaguas hizo que ésta finalmente fuera aceptada. De este modo, el 31
de octubre de 1926 planteó su cesión a la institución isleña a cambio de
600.000 pesetas, cifra que representa una notable depreciación respecto al
capital de la empresa, escriturado en millón y medio de francos. Ciertamente,
el negocio no había ofrecido buenos rendimientos a sus accionistas y la empresa
apenas había repartido dividendos en sus 25 años de actividad. Finalmente, el 9
de abril de 1927 se firmó el contrato de compraventa.
La compra del tranvía de Tenerife por parte del Cabildo es un caso
verdaderamente excepcional en España, ya que fue el único en el que una
institución de carácter provincial, similar a una Diputación, asumió la gestión
de un servicio de esta clase.
Las últimas adquisiciones de los tranvías de Tenerife fueron dos coches construidos por Siemens en 1931. Archivo de Rafael Cedrés Jorge
A partir de abril de 1927 y bajo la denominación de “Tranvías Eléctricos
Insulares”, el Cabildo intentó modernizar el servicio, con la rehabilitación y
adecentamiento del material móvil heredado de los belgas, la mejora de la vía y
la línea aérea o la reparación de los equipos de la central generadora de La
Cuesta. Además, en 1930 construyeron en sus propios talleres dos nuevos coches,
realizados a partir de equipos adquiridos de ocasión, y en 1931 incorporó dos
modernos coches suministrados por la firma alemana Siemens. Con ellos, el
parque motor del tranvía tinerfeño alcanzó su zénit, con un total de 16
automotores de viajeros.
Pese a los esfuerzos realizados por el Cabildo, la institución insular no
dispuso de los fondos necesarios para una modernización más profunda del
servicio, mientras que el progresivo envejecimiento de las instalaciones
incrementaba continuamente los gastos de explotación. En consecuencia, el
tranvía comenzó a ofrecer a los tinerfeños una imagen cada día más anticuada
frente a los nuevos modos de transporte que comenzaban a desarrollarse en la
época: el automóvil, el camión y el autobús. Por ello, incluso antes del
estallido de la Guerra Civil se plantearon las primeras propuestas para la
sustitución de los tranvías por trolebuses, aunque el conflicto bélico paralizó
estos proyectos.
En los años de la posguerra, los cortes de fluido eléctrico fueron frecuentes. Archivo de Rafael Cedrés
Tras la guerra, el tranvía fue sometido a una intensa sobreexplotación ante
la falta de otras alternativas de transporte, por lo que sus instalaciones se
degradaron rápidamente, mientras que su modernización o la sustitución del
servicio por otras alternativas de transporte resultaban inviables ante la
falta de toda clase de recursos. De este modo, mientras el servicio se degradaba
con rapidez, los accidentes se multiplicaban.
A medida que mejoraba la situación económica del país, el Cabildo volvió a
estudiar la sustitución del tranvía mediante trolebuses, operación que fue
autorizada por el Gobierno el 9 de julio de 1953. Sin embargo, no se logró
reunir los fondos necesarios para el montaje de la nueva línea aérea y la
adquisición de los vehículos necesarios, por lo que el tranvía siguió
languideciendo hasta que el 15 de noviembre de 1956, fecha en la que, tras el
enésimo accidente, el presidente del Cabildo decretó la suspensión del
servicio, decisión que, en principio, debía ser temporal, pero que se convirtió
en definitiva tras la autorización del gobierno central para sustituir el
tranvía por autobuses, las populares guaguas, el 26 de febrero de 1959.
Tras la
definitiva supresión del tranvía, se procedió al levante de sus instalaciones.
Archivo de Rafael Cedrés Jorge