El 15 de marzo de 1894 inició su actividad industrial en Zaragoza el carpintero bordelés Gustave Carde. Un año más tarde, este modesto taller, instalado en un antiguo molino harinero, se había transformado en el embrión de una nueva empresa, Talleres Carde y Escoriaza, que en pocos años se convertiría en uno de los principales fabricantes de material móvil para ferrocarriles y tranvías de nuestro país y que, a partir de 1971, pasaría a ser la segunda factoría más importante del grupo CAF.
Aranceles
En 1860 Gustave Carde había establecido en Burdeos una carpintería industrial que pronto alcanzó un notable desarrollo gracias a sus ventas en el mercado francés y a sus exportaciones, buena parte de ellas dirigidas al mercado español, al que desde 1885 remitía buena parte de su producción. Desde sus talleres se expidieron puertas, ventanas, cerchas o mobiliario con los que se montaron nuevos edificios, incluidas numerosas estaciones de ferrocarril o instituciones como el nuevo ayuntamiento de Bilbao, inaugurado en 1892, en el que todos sus elementos de madera fueron suministrados por la firma gala.
Precisamente en ese año de 1892 la buena marcha de los negocios de Gustave Carde en España se quebró tras la ruptura de un tratado de libre comercio que mantenía nuestro país con Francia, lo que se tradujo en la imposición de grandes aranceles sobre sus exportaciones. Para no perder el lucrativo mercado ibérico, el empresario bordelés decidió montar una filial al sur de los Pirineos y eligió la ciudad de Zaragoza al encontrarse en el centro del área más dinámica del país, entre Catalunya, Madrid, el País Valenciano y Euskadi, a lo que se sumaba el notable desarrollo urbano que en aquel momento experimentaba la capital aragonesa, lo que, naturalmente, generaba una gran demanda de productos de carpintería como los que producía Carde.
Para instalar su negocio en Zaragoza, el 24 de febrero de 1894 Gustave Carde arrendó un antiguo molino harinero situado al sur de la ciudad, en el barrio de Miraflores, al empresario Florencio Izusquiza, con una renta anual de 4.000 pesetas. Pocos días después, el 15 de marzo, tras adaptar las instalaciones a su nueva actividad, el carpintero bordelés emprendió la producción de puertas, ventanas y estructuras de madera.
¿Engañado?
Apenas había emprendido la producción en Zaragoza cuando, en diciembre de 1894, Florencio Izusquiza demandó a Gustave Carde ante los tribunales de la capital aragonesa, alegando la realización de obras no contempladas en el contrato, así como el impago del segundo semestre de alquiler, por lo que exigía su inmediato desahucio. Lo cierto es que, a la vista de la documentación que se conserva del pleito, todo parece indicar que el arrendador quiso aprovecharse de su arrendatario y, de hecho, el precio del alquiler que le había exigido era muy superior a lo que se pagaba en la capital aragonesa por instalaciones similares.
Esta negativa experiencia provocó en Gustave Carde una fuerte desconfianza hacia la sociedad zaragozana, al sentirse estafado y desamparado. Por ello, y para evitar que se repitieran situaciones similares, decidió buscar un socio local al que no le engañaran con tanta facilidad. Para ello, eligió al madrileño José Nicolás Escoriaza Fabro, un joven empleado de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA) que, con apenas 25 años de edad, había sido recientemente nombrado director de los Ferrocarriles de Zaragoza al Mediterráneo, empresa que presidía su padre, José Pascasio Escoriaza.
El 19 de enero de 1895 Gustave Carde otorgó su representación legal a Nicolás Escoriaza en el pleito que mantenía con Florencio Izusquiza y, poco después, el 21 de febrero de ese mismo año, ambos arrendaron unas nuevas instalaciones, con dimensiones y ubicación similares a las alquiladas a Florencio Izusquiza, pero con una renta notablemente inferior; 2.000 pesetas. La nueva factoría, también un molino impulsado por las aguas del Canal Imperial, era propiedad de Genaro Checha Ricarte y se ubicaba en el inicio del zaragozano paseo de Cuéllar.
Una vez en marcha los nuevos talleres, Gustave Carde decidió formalizar su relación con Nicolás Escoriaza y el 15 de julio de 1895 constituyeron una sociedad industrial colectiva bajo el nombre de Carde y Escoriaza. El objeto de la nueva empresa era la «ejecución y venta de toda clase de trabajos en madera y hierro y demás referentes a la construcción de edificios, sin perjuicio de explotar otros negocios en que los asociados conviniesen». Dos tercios del capital de la nueva firma, establecido en 45.000 pesetas, quedó en manos de la familia Carde, mientras que el tercio restante lo aportó Nicolás Escoriaza.
De carpintería industrial a constructor ferroviario
Mientras la nueva factoría zaragozana emprendía la producción, los talleres de Gustave Carde en la capital del Garona se introdujeron en un nuevo sector: el carrozado de vehículos ferroviarios. El salto fue posible gracias a la electrificación del vecino tranvía interurbano de Burdeos a Vigean, inaugurado en 1893, que le encomendó el suministro de sus nuevos coches.
Cabe señalar que el director del tranvía de Burdeos a Vigean era el donostiarra Carlos Eduardo Goenaga y cuando la Compañía del Tranvía de San Sebastián decidió electrificar sus líneas, contactó con este ingeniero para que les asesorase en todo lo necesario. Por tanto, es fácil presuponer que éste les informase sobre la calidad de los tranvías que le había suministrado Gustave Carde y que éste había montado recientemente un taller en Zaragoza. Gracias a esta recomendación, el carrozado de los nuevos tranvías de la capital guipuzcoana fue encomendado a los talleres de Carde y Escoriaza, aunque algunos elementos, como los mecanismos de las puertas, fueron suministrados directamente desde Burdeos.
Los diez tranvías carrozados en 1897 para San Sebastián se convirtieron en el primer paso de los talleres de Carde y Escoriaza en el sector ferroviario. Un año más tarde realizaría un suministro más importante, 55 coches para los tranvías de Madrid, seguidos de otros 45 construidos en 1900 para València. En años sucesivos, la factoría zaragozana suministró nuevos tranvías, tanto para explotaciones aún operadas con motor de sangre, como es el caso de Málaga, Gijón, Santander, Zaragoza o Irún-Fuenterrabía, como para los entonces novedosos tranvías eléctricos que vendió en ciudades tan dispares como Barcelona, Bilbao, Murcia, Linares, Granada, Cádiz, Valladolid o Gijón, así como para la línea interurbana de Bilbao a Durango y Arratia, la de mayor longitud de todo el país.
En paralelo, los nuevos Talleres de Carde y Escoriaza recibieron también los primeros pedidos del sector ferroviario, en concreto, el parque de material remolcado de viajeros para la línea de vía métrica de Castro a Traslaviña, suministrado entre 1899 y 1900, que pronto fue seguido por nuevos contratos como los del tren de Madrid a Arganda, en 1902. Ese mismo año construyó los primeros automotores eléctricos con destino al ferrocarril del Monte Ulía, seguidos en 1903 por los que le encomendó otro pionero guipuzcoano de la tracción eléctrica ferroviaria, la línea de San Sebastián a Hernani.
Uno de los vehículos más singulares carrozados por Carde y Escoriaza fueron los dos tranvías equipados con cremallera para la subida a la Alhambra en Granada. En la imagen se observa que su construcción se realizaba al aire libre. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza
Una nueva fábrica
La creciente demanda de material móvil para ferrocarriles y tranvías hizo que las instalaciones de Carde y Escoriaza en el paseo de Cuéllar pronto resultaran insuficientes. De hecho, el montaje final de las carrocerías se realizaba a la intemperie, lo que dificultaba su fabricación en condiciones climáticas adversas y, además, podía afectar a su calidad final. Además, estos talleres, aunque conectados con la red de tranvías urbanos de Zaragoza, se encontraban aislados de la red ferroviaria, por lo que el traslado de sus vehículos exigía un complejo transporte especial sobre carros impulsados por mulas o bueyes hasta las estaciones de Campo Sepulcro o Arrabal, donde podían ser encaminados en tren hasta su cliente final.
En estas circunstancias, Carde y Escoriaza recibió los primeros pedidos para suministrar coches para las grandes empresas ferroviarias del país; Norte y MZA. Por ello, en 1907 la empresa decidió trasladar sus instalaciones a unos nuevos terrenos, una parcela de 93.178 metros cuadrados que contrastaba con los apenas 4.000 metros disponibles en el paseo de Cuéllar. La nueva factoría, situada al Oeste de la estación de MZA de Campo Sepulcro, tendía acceso directo a la red ferroviaria española y también a la línea de ancho métrico de Zaragoza a Cariñena.
A partir de 1908, una vez trasladada la producción a la nueva fábrica, además de mantener su dominio en el sector tranviario, Carde y Escoriaza se convirtió en uno de los principales proveedores de las grandes operadoras ferroviarias del momento, como era el caso de Norte y MZA, pero también de sociedades de gran prestigio como la Compañía Internacional de Coches-Cama. Muchos de ellos se carrozaron sobre bastidores y bogies suministrados por la Fábrica de Vagones de Beasain, embrión de la actual CAF.
Para garantizar la demanda de su factoría, Nicolás Escoriaza se implicó en diversas empresas operadoras como los tranvías de Zaragoza, Granada o Cádiz y los ferrocarriles secundarios de Castilla, Haro-Ezcaray y Sádaba-Gallur, al mismo tiempo que participaba en el capital y los consejos de administración de Norte o el Central de Aragón. En todo caso, la firma aragonesa centró su producción en el material móvil de viajeros, y apenas prestó atención al de mercancías.
La primera guerra mundial alteró la marcha de Carde y Escoriaza, al frenar la demanda de nuevos coches y tranvías. Para mantener la producción, la firma aragonesa decidió diversificar la producción, con la fabricación de equipos militares, entre los que destaca la construcción de varios aeroplanos para el ejército español.
Una nueva sociedad
Ante la creciente envergadura de la empresa, sus rectores decidieron convertirla en sociedad anónima, con lo que confiaban en facilitar su financiación. Con este propósito, el 30 de octubre de 1930 constituyeron la firma Material Móvil y Construcciones. Sin embargo, era ya tal el prestigio que había alcanzado su producción, que sus propietarios decidieron añadir la leyenda, «Antiguos Talleres de Carde y Escoriaza» a su nuevo nombre.
El capital social de Material Móvil y Construcciones ascendía cuatro millones y medio de pesetas, repartido en 3.000 acciones ordinarias y 6.000 preferentes, de 500 pesetas cada una de ellas, de las que el 83,7% quedó en manos de la familia Carde, mientras que tan solo el 16,3% pertenecía a Manuel Escoriaza Fabro, hermano de Nicolás y desde principios de siglo director de la factoría.
Bajo la nueva razón social, la fábrica zaragozana mantuvo su liderazgo en el sector tranviario español y, también, se consolidó como constructor de material de viajeros para ferrocarriles. Sin embargo, la crisis económica iniciada tras el crack bursátil de Nueva York en 1929 trajo consigo la drástica reducción de los pedidos y el peligro de cierre de la factoría ante la falta de carga de trabajo.
Para intentar superar la situación, Material Móvil y Construcciones intentó diversificar su producción hacia nuevos sectores, como el carrozado de automóviles y autobuses. Asimismo, emprendió la construcción de automotores de gasolina y diésel, vehículos que en los años treinta experimentaron una gran demanda, ya que con ellos las empresas ferroviarias esperaban reducir sus gastos de explotación respecto a los trenes tradicionales remolcados por locomotoras de vapor.
Entre los nuevos vehículos construidos por Material Móvil y Construcciones cabe destacar la fabricación, bajo licencia de la firma alemana Wismar, de unos pequeños autovías equipados con motores de gasolina Ford, que serían conocidos en España como «zaragozas» en indudable referencia a la ciudad en la que eran construidos y que fueron adquiridos por diversos ferrocarriles de vía ancha y estrecha. Asimismo, también firmó convenios de colaboración para ensamblar en España los diseños de firmas como la francesa Renault o la alemana Uerdingen.
Las familias Carde y Escoriaza abandonan la escena
Como cualquier otra empresa, la actividad de Material Móvil y Construcciones se vio directamente afectada por la guerra civil. Uno de sus fundadores, Nicolás Escoriaza, fue asesinado por incontrolados en Bilbao, mientras que en Zaragoza, buena parte de su plantilla fue perseguida y algunos de sus líderes sindicales, asesinados por los sublevados.
En el inicio de la guerra, la factoría de Zaragoza era una de los centros industriales más importantes en la zona dominada por los sublevados, por lo que sus instalaciones se pusieron de inmediato al servicio de las necesidades del ejército rebelde. De sus talleres salieron desde hangares de aviación hasta camiones aljibe o vehículos blindados.
Finalizada la guerra, Material Móvil y Construcciones participó activamente en la reparación del material remolcado de la nueva empresa estatal, Renfe, a la que también suministró nuevos coches de viajeros, como los que conformaron la serie 5000. Al mismo tiempo, también contribuyó a la modernización de las redes de tranvías de Madrid, Barcelona, València y Zaragoza y construyó, bajo licencia de la francesa Vetra, los primeros trolebuses fabricados en España.
Entre las medidas impuestas por el nuevo régimen franquista, la limitación a la participación del capital extranjero en las empresas españolas, con un máximo del 25% del total, implicó un rápido cambio en el accionariado de la firma aragonesa. La familia Carde perdió progresivamente el liderazgo que había ostentado históricamente en favor de otros grupos financieros entre los que destacaban el banco de Aragón y el banco Urquijo.
A partir de 1947 entró en el accionariado de Material Móvil y Construcciones la CAF de Beasain, empresa a su vez controlada por el Banco Urquijo. La empresa vasca incrementó progresivamente su participación en el capital de la firma aragonesa hasta que el 8 de octubre de 1954 tomó su control definitivo tras la adquisición de 34.616 de sus acciones. Ese mismo día dimitieron los dos representantes en el Consejo de Administración de la familia Carde, Georges Carde Ricard y Gustave Carde Chambón, y también todos los Escoriaza; el presidente Ángel Escoriaza Castillón y su hermano, José María. Sus puestos fueron ocupados por Felipe Cubas Urquijo, marqués de Fontalba, como presidente, Jaime Díez de Rivera, como secretario, así como por los nuevos vocales Vicente Zaldo Arana y José Nicolás de Urgoiti Somovilla, todos ellos vinculados al banco Urquijo y a la CAF.
Una nueva fábrica
En principio, tras la toma de control por parte de CAF, Material Móvil y Construcciones mantuvo su primitiva razón social. Dos años más tarde, el 28 de julio de 1956, sus instalaciones sufrieron un gravísimo incendio que destruyó una cuarta parte de sus naves, que habían sido levantadas en 1908 con estructuras de madera.
CAF decidió reconstruir los antiguos talleres de Carde y Escoriaza con nuevos pabellones de hormigón armado. Sin embargo, el aumento de la demanda por parte de Renfe, pero también de otras entidades como Correos, la Compañía Internacional de Coches-Cama y el Metro de Madrid, que compensaron con creces la pérdida que supuso el progresivo desmantelamiento de las redes de tranvías españolas, impulsó la construcción de una nueva factoría en uno de los polígonos industriales que se estaban creando en Zaragoza al calor de los Planes de Desarrollo de los años sesenta.
Las obras de la nueva factoría, situada en el polígono de Cogullada y que triplicaría en superficie a los talleres existentes junto a la estación de Campo Sepulcro, se iniciaron en 1965. A medida que se concluían los diferentes pabellones se procedió a la transferencia de la producción de la vieja fábrica a la nueva, que fue oficiosamente inaugurada el 2 de julio de 1970 en el marco de una visita del dictador Franco a la capital aragonesa.
Una vez en marcha la nueva fábrica, se desmanteló la factoría de 1908, cuyos terrenos fueron progresivamente urbanizados a través de una nueva filial de CAF; Parque Romareda. Al mismo tiempo, la firma vasca decidió proceder a la definitiva integración de la empresa aragonesa, operación que se consumó el 10 de marzo de 1971 ante el notario de Ordizia (Gipuzkoa) Félix Ruiz-Cámara. Tras la fusión, se cambió el significado de las siglas CAF, desde su creación en 1917 Compañía Auxiliar de Ferrocarriles, al sustituir la primera de ellas por «Construcciones», para evocar de este modo la memoria de la firma aragonesa.
CAF Zaragoza
Tras la integración definitiva en CAF, la antigua fábrica de Carde y Escoriaza se ha convertido en la segunda en relevancia del principal constructor ferroviario de nuestro país. De sus instalaciones han salido vehículos tan representativos como los remolques de los primeros trenes de alta velocidad construidos en España para el AVE de Madrid a Sevilla. Junto a los pedidos para Renfe, también se ha convertido en el principal proveedor del Metro de Madrid y de otras operadoras españolas.
A partir de los años noventa del pasado siglo, la fábrica de Zaragoza ha participado activamente en la expansión de los mercados internacionales de CAF. Trenes construidos en la capital aragonesa circulan en la actualidad en países tan dispares como Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Argelia, México, Arabia Saudí o Australia.
La fábrica de Zaragoza ha recuperado también su protagonismo en uno de los sectores que más fama le aportó en el pasado; la construcción de tranvías. Además de los que ha fabricado para ciudades españolas como Málaga, Granada, Sevilla o la propia Zaragoza, unidades de la consolidada gama Urbos circulan por ciudades de los cinco continentes.
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