martes, 20 de octubre de 2026

EL FUNICULAR DE LARREINETA CUMPLE SU PRIMER CENTENARIO (III)

Primer proyecto de coches para el funicular de Larreineta. Aunque responde a una tipología tradicional, con departamentos escalonados para adaptarse a la pendiente media de la línea, presentaban un techo horizontal para poder transportar sobre él toda clase de mercancías. Archivo General de la Administración
 

VIAJEROS Y MERCANCÍAS

Antes de que se construyera el funicular de Larreineta, todas las instalaciones de este tipo en servicio en España, tanto en Catalunya como en Euskadi, se habían diseñado para el transporte exclusivo de viajeros. En la mayoría de los casos su finalidad era exclusivamente turística, ya que se habían planteado para que sus usuarios pudieran acceder a una cumbre desde la que disfrutar una bella panorámica, como es el caso de Tibidabo, Montserrat, Igeldo o Artxanda, aunque otros como Vallvidrera o Gélida tenían como propósito facilitar el acceso de sus viajeros a lugares de residencia.

Por el contrario, el funicular de Larreineta se había diseñado desde sus orígenes para compatibilizar el transporte de viajeros con el de mercancías. Aunque en el mundo hay algunos ejemplos de funiculares de uso mixto, que incluyen hasta el transporte de vagones y coches de ferrocarril o barcos, el inaugurado en Trapagaran en 1926 reúne algunas características que lo hacen verdaderamente único.

La primera de las características es la forma de los vehículos. En España, los coches de todos los funiculares se habían adaptado a la pendiente media de la línea, presentando una distribución en departamentos en forma escalonada. Por el contrario, los vehículos del funicular de Larreineta cuentan con una estructura de celosía metálica con la que se conforma una plataforma horizontal.

Sobre esta plataforma horizontal descansa la cabina para el transporte de viajeros. Las originales eran de estructura de madera, con cerramiento metálico y también contaban con departamentos separados unos de otros. Construidas, probablemente, en los propios talleres del Ferrocarril de Triano en Ortuella, prestaron servicio hasta 1985, cuando fueron reemplazadas por otras fabricadas por el reputado carrocero de autobuses Irizar en Ormaiztegi (Gipuzkoa). En la actualidad, ambas siguen en servicio, mientras que una de las originales de 1926 se expone como pieza de museo junto a la estación de Larreineta.

Esquema del sistema de desmontaje de las cabinas de viajeros y carga de camiones del funicular de Larreineta. Archivo General de la Administración

Estas cabinas van apoyadas sobre la plataforma del vehículo y disponen en su techo de cuatro ojales con los que pueden ser enganchadas mediante grúas puente y elevadas unos pocos centímetros, los suficientes para no arrastrarlas por el suelo, y retirarlas sobre el andén. Este sistema ha sido único en el mundo, ya que en otras latitudes han existido funiculares con plataformas horizontales, pero en los que sus cabinas, de tamaño muy inferior, contaban con pequeñas ruedas que facilitaban su desplazamiento manual.

Las superiores dimensiones de los vehículos del funicular de Larreineta respecto a otras instalaciones similares en Europa se deben a que estaban diseñados para poder transportar camiones. Sus proyectistas pronto entendieron que no se reducirían mucho los costes de las subsistencias de los mineros si, para recibirlas, éstas tenían que llegar en carros o camiones hasta la estación inferior para descargarlas, montarlas en el funicular y tras alcanzar la estación superior, volver a cargarlas en otro carro o camión. Para ahorrar costes y tiempo era necesario evitar esas operaciones de carga y descarga y la mejor solución no era otra que subir el camión en el propio funicular. No obstante, esta ventaja también fue aprovechada por otros, como, por ejemplo, el autobús que comunicaba Bilbao con La Arboleda, con lo que reducía el viaje y, sobre todo, evitaba a sus viajeros el tortuoso ascenso por la vieja carretera.

Vista del funicular de Larreineta mientras transportaba un autobús. Para evitar a sus viajeros el ascenso por la tortuosa carretera, así como calentones y otros problemas en sus primitivos motores, los operadores de transportes de viajeros en la comarca optaban por utilizar los servicios del funicular. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Antes de acceder al funicular, en la estación inferior, los camiones, autobuses y coches eran pesados en una gran báscula para evitar que éstos superasen el peso máximo que admitía la instalación, 9 toneladas y, para cobrar la tarifa prevista según la carga transportada. En la actualidad, aunque ya no presta servicio, todavía se conserva esta instalación, plenamente operativa, en La Escontrilla.

El funicular de Larreineta prestó habitualmente servicio de transporte de vehículos hasta los años setenta, cuando la vertiginosa caída de la población en la zona minera como consecuencia del agotamiento y cierre de las minas, unido a la mejora de la primitiva carretera y de los propios camiones y automóviles, provocó la rápida decadencia de este singular sistema. Desde entonces, el funicular, al igual que todas las instalaciones de este tipo en España, salvo el de Bulnes en Asturias, se utiliza en exclusiva para el transporte de personas. 

 


miércoles, 14 de octubre de 2026

EL FUNICULAR DE LARREINETA CUMPLE SU PRIMER CENTENARIO (II)

Placa de construcción del funicular de Larreineta, cuyos equipos fueron suministrados por la firma suiza Société des Usines de Louis de Roll, Fonderie de Berne. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi


 EL CONSTRUCTOR: LA SOCIÉTÉ DES USINES DE LOUIS DE ROLL, FONDERIE DE BERNE

Durante décadas, la Société des Usines de Louis de Roll, Fonderie de Berne, fue el líder mundial en la construcción de funiculares. También en España, la parte mecánica de todos los funiculares construidos con anterioridad al de Larreineta fue suministrada por esta reputada firma helvética, por lo que no es de extrañar que la Diputación de Bizkaia recurriera también a los servicios de esta casa, representada en nuestro país por el ingeniero donostiarra Severiano Goñi.

Los orígenes de esta empresa se remontan al año 1810, cuando Louis de Roll estableció una fundición en Berna. En 1823 su empresa se constituyó en sociedad anónima con su razón social bilingüe, en francés y alemán: Société des Usines Louis de Roll-Ludwig von Roll'sche Eisenwerke.

Louis de Roll instaló varias factorías siderúrgicas en el entorno de la capital suiza; dos forjas en Matzendorf, un horno alto en Gänsbrunnen, otro en Klus, cerca de Balsthal, y una forja de martinetes en Gerlafingen. En consecuencia, tenía capacidad para producir hierro en bruto y, también, para forjarlo en barras y planchas. En 1846 amplió sus instalaciones con la inauguración de un nuevo horno alto en Choindez y bajo la dirección del ingeniero Ludwig Lack se convirtió, en 1862, en la mayor empresa siderúrgica de Suiza.

Al igual que las demás empresas del sector, a mediados del siglo XIX Louis de Roll introdujo en sus factorías el sistema Bessemer y compensó el cierre de sus instalaciones más antiguas en Gänsbrunnen y Matzendorf con la apertura de nuevas plantas en Olten, Rondez y Berna. Al mismo tiempo, diversificó su producción, con la especialización en nuevos sectores, como era el de la construcción de funiculares, actividad que emprendió en 1897 y que pronto convertirían a la firma suiza en la líder mundial del sector.

Pese a la neutralidad de Suiza durante la Primera Guerra Mundial, la actividad productiva de Louis de Roll se vio afectada como consecuencia de la falta de suministros de materias primas como el carbón y el mineral de hierro, así como a la paralización de la demanda extranjera, lo que no impidió la puesta en marcha de una nueva acería en Gerlafingen en 1918. Con la Segunda Guerra Mundial se reprodujo esta problemática y, finalizado el conflicto, la empresa se encontraba desfasada en muchos aspectos, debido a la falta de inversiones de modernización que arrastraba.

Para frenar la progresiva decadencia de la empresa, en 1960 se cerraron las plantas menos productivas, como la acería de Gerlafingen, mientras que se renovaron las restantes y se creó una moderna red de distribución nacional e internacional bajo la nueva marca Von Roll SA. Sin embargo, estos proyectos se vieron paralizados por la crisis del petróleo de 1973 y en la década siguiente fue inevitable reducir la capacidad de producción con el cierre sucesivo de la fundición de Olten en 1984, la de Klus en 1985, sus instalaciones auxiliares en 1994, y la acería de Monteforno en Bodio en 1994. Un año más tarde, la empresa cambió su nombre por el de Von Roll Holding.

En este largo proceso de reconversión, Von Roll Holding vendió en 1996 su división de transporte por cable, tanto de funiculares como de teleféricos, a la firma austriaca Doppelmayr y ese mismo año también cedió la acería de Gerlafingen a Von Moos. En 2003, tras la venta del subholding Von Roll Infratec SA, Von Roll cesó la producción de arrabio tras casi dos siglos de actividad.

Mientras abandonaba el sector siderúrgico tradicional, Von Roll se especializó en la producción, transmisión y distribución de energía. Un paso destacado en este sector fue la adquisición, en 1987, de la firma Schweizerische Isola-Werke. En 2012, Von Roll se convirtió en el líder mundial en productos y sistemas de aislamiento y servicios relacionados, con 2.727 empleados en treinta ubicaciones repartidas en 19 países.



jueves, 24 de septiembre de 2026

EL FUNICULAR DE LARREINETA CUMPLE SU PRIMER CENTENARIO (I)

 

Inaugurado en 1926, el funicular de Larreineta celebra este año su centenario. Imagen captada en 1972, en la que se aprecia perfectamente la peculiar estructura de sus vehículos. Fotografía de Jean-Henry Manara

Hoy, 24 de septiembre, se conmemora el centenario de uno de los sistemas ferroviarios más singulares de nuestro país: el funicular de Larreineta (Trapagaran, Bizkaia), el único en el mundo diseñado con un sistema de grúas puente para retirar sus cabinas de viajeros y permitir el transporte de camiones, autobuses y automóviles sobre sus plataformas. Inaugurado en 1926 por la Diputación de Bizkaia y operado desde 1994 por Euskotren, su pausado subir y bajar apenas ha experimentado más cambios que el de sus cabinas, sustituidas en 1985, y en la actualidad conserva la mayor parte de sus instalaciones originales, motivo por el que en 2014 fue declarado por el Gobierno Vasco como Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Monumental.

El descubrimiento del procedimiento Bessemer fue clave para el desarrollo de la minería del hierro en Bizkaia, proceso que exigió la construcción de ferrocarriles y otras infraestructuras para el transporte del mineral. Estos ferrocarriles no prestaban servicio de viajeros ni de mercancías generales. Vista de las instalaciones ferroviarias de la Compañía Franco-Belga en Ortuella. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Aislados

El funicular de Larreineta se encuentra situado en el corazón de la antigua zona minera de Bizkaia, comarca que experimentó un repentino auge de la demanda de sus yacimientos férricos como consecuencia de la invención, en 1856, del procedimiento Bessemer para la obtención de acero de calidad de forma rápida y económica. Este sistema, que fue fundamental para el desarrollo de la industria siderúrgica moderna,  presentaba una notable limitación técnica: requería de minerales de gran calidad y sin presencia de fósforo y, a mediados del siglo XIX, los únicos yacimientos de estas características en Europa eran los de Kiruna (Suecia) y los vascos, contando estos últimos con la gran ventaja de su proximidad al mar, lo que facilitaba su exportación a los principales hornos altos de Europa.

Gracias a la gran demanda internacional que experimentó el hierro vizcaíno durante la segunda mitad del siglo XIX, las minas del monte Triano y su entorno registraron una intensa actividad que, a su vez, atrajo a mano de obra de toda España. En el caso de Trapagaran, cerca de 5.000 personas vivían en la zona alta de la localidad, prácticamente aisladas del mundo exterior, ya que los ferrocarriles que construyeron las empresas mineras estaban destinados, en exclusiva, al transporte del mineral, sin ofrecer servicios de viajeros ni de mercancías.

En la primavera de 1921 se iniciaron las obras del funicular de Larreineta. En la imagen, obras de construcción de la estación de La Escontrilla. Archivo de Roberto Ciordia

La vida de los mineros, dura de por sí, se veía dificultada aún más por el aislamiento en el que se encontraban. El precio de las subsistencias más básicas, comida, bebida, ropa o calzado, se multiplicaba por los elevados costes que implicaba transportarlas en carros por la sinuosa carretera que enlazaba la zona minera con el valle, trayecto que requería cerca de dos horas para cubrir apenas recorrer diez kilómetros. Como denunciaban las crónicas de la época, era más barato enviar un paquete desde Bilbao a Madrid que desde la capital vizcaína a cualquiera de los residentes en la zona minera.

Las palabras del histórico sindicalista Constantino Turiel reflejan con toda crudeza la situación. Antes de la construcción del funicular viajar desde la zona minera hasta la capital vizcaína en coche de caballos costaba 36 pesetas, cuando el jornal medio no superaba las cinco pesetas, es decir, este desplazamiento representaba el sueldo íntegro de siete días de trabajo. Por tanto, si un día enfermaba un minero o alguno de sus familiares, «y tenían necesidad de ser trasladados a Bilbao al Hospital, al no tener las 36 pesetas, tenían que dejarse morir».

Trabajos de construcción de la explanación del funicular de Larreineta. A diferencia de los ferrocarriles convencionales de la época, la vía se asentó sobre una placa de hormigón y no sobre balasto. Archivo de Roberto Ciordia

Un funicular

Dado el desnivel existente entre el valle y la zona minera, más de 400 metros, un ferrocarril convencional no habría sido la mejor opción para romper el aislamiento de este entorno, ya que habría exigido la construcción de una línea con un gran desarrollo para mantener las rampas máximas en límites no superiores al 2%, generalmente el máximo admisible para un tren convencional. Por tanto, la solución solo podía venir de la mano de otras alternativas que no dependieran de la escasa adherencia entre la rueda y el carril de acero, bien la cremallera, bien el funicular, y fue ésta última la solución elegida.

Los primeros funiculares de servicio público se establecieron en 1862 en Lyon (Francia) y veinte años más tarde se instaló el primero de ellos en la península ibérica, del del Bom Jesús, en Braga (Portugal), que, en la actualidad, sigue operando con sus instalaciones originales, impulsado, además, por contrapeso de agua, lo que lo convierte en una auténtica joya del patrimonio industrial portugués. En 1901 se inauguró el primer funicular de España, el del Tibidabo, y en 1912 llegó este nuevo medio de transporte a Euskadi, con la apertura del de Igeldo, en Donostia.

Montaje de la polea principal del funicular en la estación de Larreineta. Por su gran envergadura fue necesario instalarla antes de concluir la construcción del edificio. Archivo de Roberto Ciordia

Conocedor de estas experiencias, sobre todo de la de Igeldo, el abogado Jaime Orúe decidió en 1913 impulsar la construcción de un funicular que permitiera romper el aislamiento en el que vivían los mineros vizcaínos. A diferencia de la mayor parte de las instalaciones de este tipo, diseñadas para el ocio y el turismo, ya que su principal objetivo era facilitar la ascensión a cimas desde las que se pudiera disfrutar de una hermosa panorámica y en la que se construían todo tipo de atracciones, en este caso el propósito era la de ofrecer un servicio ferroviario completo, tanto de viajeros como de mercancías. Así, en este primer proyecto, los vehículos del funicular presentaban un techo horizontal sobre el que se podrían cargar todo tipo de suministros.

Para materializar su iniciativa, Jaime Orúe contrató los servicios del ingeniero Luis Alonso, quien el 28 de junio de 1913 firmó un completo proyecto para la construcción de un funicular entre las zonas alta y baja de Trapagaran, con estación de origen en el barrio minero de Larreineta y final en el de La Escontrilla. La longitud inicial prevista era de 1.368 metros y con ellos se podría superar un desnivel de 409 metros en apenas diez minutos.

Vista de la maquinaria del funicular de Larreineta, suministrada por la firma suiza Louis de Roll, Fonderie de Berne. Archivo Histórico de la Diputación Foral de Bizkaia

Mientras Jaime Orúe tramitaba el proyecto ante el Ministerio de Fomento estalló la Primera Guerra Mundial y aunque España no participó directamente en este conflicto, su economía experimentó un vertiginoso proceso inflacionario provocado, tanto por el súbito encarecimiento de la principal fuente de energía de la época, el carbón, ante la paralización de las importaciones británicas, como por la gran demanda de toda clase de productos españoles por parte de las potencias beligerantes. En consecuencia, el presupuesto de construcción, valorado por Luis Alonso en 214.797,21 pesetas, quedó de inmediato desfasado y no se pudieron reunir los capitales necesarios para emprender las obras, pese a que el proyecto fue formalmente aprobado por el Ministerio de Fomento a través de una Real Orden promulgada el 13 de noviembre de 1916.

Pese a su escasa longitud, el funicular de Larreineta contaba con obras de fábrica de gran envergadura. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La Diputación se implica

Fracasada la iniciativa privada, fue una institución pública, la Diputación Provincial de Vizcaya, la que decidió asumir el proyecto y romper con él el aislamiento en el que vivía la población minera de Trapagaran. Para ello encomendó a su ingeniero del servicio de caminos, Francisco Guinea, el replanteo del proyecto y la elaboración de un nuevo presupuesto adecuado a los precios del momento.

Aunque el trazado finalmente propuesto por Francisco Guinea era muy similar al del proyecto de Luis Alonso, el recorrido final era algo más corto, 1,179 metros, mientras que el desnivel entre las estaciones de Larreineta y La Escontrilla se estableció en 342 metros. Además, se modificó el diseño de las estaciones, con nuevas propuestas en estilo neovasco planteadas por el arquitecto provincial, Diego Basterra. El presupuesto final ascendió a más de millón y medio de pesetas, casi ocho veces superior al de 1913.

La modificación más relevante que experimentó el primitivo proyecto de Luis Alonso fue el diseño de los vehículos. Éstos, en lugar de transportar la mercancía sobre el techo, se transformaron en una estructura que ofrecía una plataforma horizontal sobre la que se podían colocar las cabinas destinadas al transporte de viajeros o, si se retiraban, dejaba un espacio diáfano al que podían acceder todo tipo de vehículos de carretera, siempre que la carga máxima no superase las nueve toneladas.

El 24 de septiembre de 1926 se inauguró el funicular de Larreineta. Los invitados al acto pudieron disfrutar de las magníficas panorámicas que se divisan desde la terraza de la estación superior. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La Diputación de Bizkaia emprendió las obras de construcción del funicular de Larreineta en marzo de 1921, pero éstas se vieron dificultadas por numerosos factores, como las importantes obras de fábrica que debió levantar en su corto recorrido. Su trazado está jalonado por un paso inferior bajo la carretera y tres notables viaductos de sillería, de 24, 58 y 74 metros de longitud, con los que se superaban diversas irregularidades del relieve así como el paso sobre la carretera y sobre la vía del ferrocarril minero de La Orconera. Además, incidentes como el incendio, el día de Nochebuena de 1924, de los talleres del Ferrocarril de Triano, también propiedad de la Diputación, en los que se habían almacenado diversos equipos, implicó la destrucción de las dos cabinas de viajeros, motores y otros elementos, provocó nuevos retrasos.

En principio, la Diputación de Bizkaia valoró la posibilidad de encomendar la gestión del nuevo funicular al Ferrocarril de Triano, pero, finalmente, optó por mantenerlo en su Comisión de Fomento, que era el órgano que había dirigido su construcción, por lo que fue preciso contratar al personal necesario para su operación. En la primavera de 1926 la institución provincial seleccionó al futuro maquinista-jefe, el ayudante mecánico, al jefe de estación de La Escontrilla y a dos vigilantes de vía, mientras que las cuatro plazas de conductor se cubrieron con miembros de la policía foral, los Miñones.

Finalizado el verano de 1926 todo estaba ya dispuesto para la inauguración, que tuvo lugar el 24 de septiembre de dicho año. A partir de esa fecha se emprendió el servicio diario de viajeros y mercancías, incluido el paso del autobús que comunicaba La Arboleda con Bilbao, que optó por utilizar el funicular y evitar así a sus clientes los mareos que provocaba la sinuosa y estrecha carretera.

Salida de uno de los vehículos del funicular de Larreineta desde la estación de inferior de La Escontrilla. Archivo de Mikel Iturralde

De la Diputación a Euskotren

Tras la inauguración, la Diputación de Bizkaia operó el nuevo funicular de Larreineta a través de su Comisión de Fomento. Sin embargo, su tranquilo subir y bajar se vería violentamente alterado con el estallido de la guerra civil. El 7 de diciembre de 1936 su gestión fue asumida por el Gobierno Provisional de Euzkadi, aunque, tras la caída de Bizkaia en manos del ejército sublevado en junio de 1937 fue reintegrado a la Diputación.

En 1985 la Diputación de Bizkaia transfirió la gestión del funicular de Larreineta a la Dirección de Transportes del Gobierno Vasco. Ese mismo año se sustituyeron sus cabinas originales por otras construidas por Irizar. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

De inmediato, los nuevos rectores de la institución provincial depuraron a todo el personal del funicular y cuatro de sus diez trabajadores perdieron su trabajo por haberse mantenido leales a la legalidad republicana. En paralelo, en 1938 la Diputación adquirió un ferrocarril minero de la zona, el de Sestao a Galdames, por lo que el 30 de septiembre de 1939 decidió constituir los Ferrocarriles de la Diputación de Vizcaya, organismo en el que agrupó esta línea, el funicular de Larreineta y el ferrocarril de Triano.

La experiencia de los Ferrocarriles de la Diputación de Vizcaya fue breve, ya que tras la nacionalización de todos los ferrocarriles de vía ancha impuesta por el gobierno franquista y la creación de Renfe el 1 de febrero de 1941, se arrebató a la institución provincial la gestión del ferrocarril de Triano, que se integró en la nueva empresa estatal. Poco después vendió el tren minero de Sestao a Galdames a la empresa Babcock & Wilcox, por lo que el funicular se convirtió en la única explotación ferroviaria de la diputación vizcaína.

En 1994 Euskotren asumió la gestión del funicular de Larreineta. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Superada la dura posguerra, el funicular de Larreineta alcanzó sus máximos históricos, con más de un millón de viajeros y unas 15.000 toneladas anuales. El horario del servicio era verdaderamente amplio, con la primera salida a las 4:55 y la última a las 23:00. Sin embargo, en aquellos mismos años la actividad minera inició un lento pero imparable declive y con él, se despobló progresivamente la zona, lo que, naturalmente, afectó a la demanda del servicio.

La muerte del General Franco, el 20 de noviembre de 1975, implicó el inicio de un proceso de paulatina recuperación de la normalidad democrática que, entre otros cambios, trajo consigo la creación de una nueva división administrativa del Estado español en territorios autónomos y, en el caso de Euskadi, la recuperación del secular autogobierno de sus territorios históricos. En este proceso se enmarca la promulgación de la Ley de Territorios Históricos que definió las competencias de las Diputaciones Forales y el nuevo Gobierno Vasco, entre las que se encontraban las ferroviarias, que fueron asumidas por este último. En consecuencia, el 27 de febrero de 1985 la gestión del funicular de Larreineta fue transferida a la Dirección de Transportes del Gobierno Vasco. La operación coincidió prácticamente en el tiempo con la sustitución de las primitivas cabinas de madera y chapa por otras nuevas construidas por el carrocero de autobuses Irizar, operación que tuvo lugar el 13 de julio de 1985.

El año 2014 el funicular de Larreineta fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Monumental. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Durante nueve años la Dirección de Transportes del Gobierno Vasco gestionó directamente el funicular de Larreineta, pero en 1994 decidió transferirlo a su empresa ferroviaria, Euskotren. Así, el 21 de junio esta sociedad pública asumió su operación, que mantiene en la actualidad.

Con ocasión de su centenario, Euskotren ha realizado una profunda rehabilitación de las cabinas del funicular de Larreineta. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

En las últimas tres décadas Euskotren ha realizado numerosas mejoras encaminadas a garantizar la seguridad de esta instalación centenaria, así como a racionalizar su gestión, incluida la automatización de su funcionamiento, lo que ha permitido prescindir de la figura del maquinista. En todo caso, estas medidas se han implementado respetando las instalaciones originales que se mantienen, perfectamente conservadas, prácticamente igual que cuando fueron inauguradas hace un siglo.


Tras su rehabilitación, y durante unos pocos días antes de recibir la decoración definitiva, las cabinas del funicular de Larreineta han circulado pintadas, una de ellas de blanco, y la otra de negro. Fotografías de Juanjo Olaizola Elordi

La magnífica conservación de las instalaciones del funicular de Larreineta las ha hecho merecedoras de la declaración de Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Monumental, decretada por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco el 15 de julio de 2014.

La imagen definitiva de las cabinas del funicular de Larreineta está inspirada en las de madera que circularon entre 1926 y 1985. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

domingo, 23 de agosto de 2026

UN TRANVÍA VALENCIANO EN GIPUZKOA

Vista del tranvía publicitario situado en Irura (Gipuzkoa), junto a la carretera Nacional 1. Archivo de Dirk Budach

Un recuerdo de mi infancia que tengo vivamente grabado en mi memoria es la visión de un tranvía , utilizado como soporte publicitario, en Irura (Gipuzkoa), a orillas de la carretera Nacional 1. Siempre lo veía en los viajes familiares de Donostia a Logroño y viceversa, cada vez más deteriorado, hasta que un día desapareció.

Otra perspectiva del tranvía publicitario de Irura. Archivo de Dirk Budach

Durante años me he preguntado de dónde podría proceder ese tranvía. Por proximidad, se podría pensar que pudiera ser algún antiguo coche de la Compañía del Tranvía de San Sebastián, o más cerca aún, del tranvía eléctrico de San Sebastián a Tolosa, cuyas vías ocupaban parte de la calzada de la propia Nacional 1, a muy pocos metros de su ubicación. Claro está que podría tener otras procedencias, ya que en los años sesenta una firma publicitaria empleó antiguos tranvías de Alacant y Mallorca en los lugares más dispares de nuestra geografía.

Vista del remolque 104 de la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia, fotografiado en agosto de 1964. Fotografía de Feliu Zurita. Fondo MPS. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Recientemente, gracias a dos fotografías que tomó en septiembre de 1969 un aficionado británico y que me ha hecho llegar mi buen amigo Dirk Budach, resulta posible recuperar la memoria de aquel tranvía y analizar sus características. A la vista de ambas imágenes, quedan pocas dudas sobre su origen. Evidentemente, el "palo" que sobresale del techo a imitación de un trole es un pegote y, en realidad, no es un coche motor sino un remolque. Por otra parte, si se estudia la fisonomía del vehículo, se puede comprobar que es idéntico a los remolques más primitivos de la serie 100 de la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia, tanto en lo que respecta a los detalles de su carrocería como a su sistema de rodadura, tal y como se puede comprobar si se comparan estas fotografías con la que en agosto de 1964 tomó en València Feliu Zurita al coche 104. Por tanto, todo parece indicar que se trata de un tranvía valenciano que terminó sus días en tierras guipuzcoanas. Una verdadera lástima que no se llegara a conservar.



viernes, 21 de agosto de 2026

ADIOS A LA TRACCIÓN TRIFÁSICA (y IV)

Locomotora eléctrica construida en Sécheron en 1903 para el Chemin de fer de La Mure. Aunque a simple vista, la presencia de una línea de alimentación bifilar pueda hacer suponer que se trata de una electrificación alimentada en corriente alterna trifásica, en realidad era de corriente continua, en doble puente, con un hilo a la tensión de + 1.200 voltios y el otro a – 1.200 voltios. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 

¿TRIFÁSICA?

Eso es lo que podría deducirse, a simple vista, al observar la doble línea aérea que alimenta a la locomotora, tal y como sucedía en todos los ferrocarriles electrificados con corriente alterna trifásica, en los que dos de las fases correspondían a la catenaria y la tercera a la vía. Y, sin embargo, se trata de una electrificación alimentada en corriente continua.

En la actualidad, parece fuera de toda discusión que una electrificación en corriente continua disponga el polo positivo en la catenaria, mientras que el negativo se encuentra en la vía. Sin embargo, en los inicios de la tracción eléctrica se ensayaron otras disposiciones como la desarrollada por el ingeniero suizo René Thury y su Compagnie de l’Industrie Electrique, más conocida como Sécheron.

El sistema diseñado por Thury, de doble puente, contaba con una línea aérea doble, con uno de los hilos alimentado en positivo y el otro, a la misma tensión, pero en negativo, mientras que el carril era neutro. En el caso de la imagen, uno de los hilos de la catenaria estaba alimentado a +1.200 voltios y el otro a -1.200, con lo que la tensión de alimentación era de 2.400 voltios. Este sistema se aplicó por primera vez en 1902 en el tranvía de Grenoble a Chapareillan, a +  y – 600 voltios, y, posteriormente, por el metro de Londres, donde sigue activo, aunque, en este caso, en lugar de catenaria, cuenta con un tercer y cuarto carril de alimentación a + y – 300 voltios, con una tensión total de 600 voltios en corriente continua.

La locomotora de la imagen fue construida en 1903 por la Compagnie de l’Industrie Electrique para el ferrocarril de Saint-Georges-de-Commiers a La Mure, en el delfinado francés, línea que mantuvo este pintoresco sistema de alimentación hasta 1950, momento en que transformaron la catenaria al sistema tradicional, con una línea aérea única alimentada en positivo a 2.400 voltios y con el negativo en los carriles. Aunque hace años esta línea perdió el trasporte de carbón que fue su razón de ser a principios del siglo XX, en la actualidad sigue en buena parte operativo como ferrocarril turístico, gracias a los espectaculares paisajes que ofrece su sinuoso trazado, con rampas de hasta 27 milésimas.



viernes, 14 de agosto de 2026

ADIOS A LA TRACCIÓN TRIFÁSICA (III)

La única electrificación española alimentada en corriente alterna trifásica en una línea de servicio general fue la de Gergal a Santa Fe, inaugurada en 1911 y más tarde ampliada a Nacimiento, Gador y Almería. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

TAMBIÉN EN ESPAÑA

También en España se utilizó la tracción eléctrica trifásica, aunque, a diferencia de Italia, únicamente se llegó a implantar en un ferrocarril de servicio general, el primero de vía ancha electrificado en nuestro país, así como en alguna línea de carácter industrial o minero, como el empleado en la construcción del parque de Montjuic en Barcelona.

Esta única electrificación en un ferrocarril de servicio general se realizó sobre la línea de Linares a Almería, en concreto, en su difícil sección de Gergal a Santa Fe, que operaba la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España. Los 22 kilómetros de este tramo estaban jalonados por numerosas curvas y contracurvas de pequeño radio y durísimas rampas de hasta 27 milésimas. Además, registraba un importante tráfico de mineral de hierro que se dirigía de los yacimientos de su entorno a los embarcaderos de puerto de la capital andaluza.

Tras analizar diferentes alternativas para solucionar los problemas de tracción en este tramo, los rectores de los Caminos de Hierro del Sur de España se decantaron finalmente por la entonces novedosa tracción eléctrica. Para ello, recurrieron a la firma suiza Brown Boveri que, tras la positiva experiencia del túnel del Simplón, propuso la utilización de la corriente alterna trifásica. Esta opción permitiría obtener una explotación muy económica ya que gracias al frenado de recuperación, los trenes ascendentes serían prácticamente impulsados por la corriente que generarían los descendentes, cargados de mineral, que retendrían su marcha con sus motores. De hecho, la central térmica que se estableció para alimentar el sistema era verdaderamente modesta, de tan solo 750 caballos de potencia.

En 1918, la electrificación de Gergal a Santa Fe se amplió por ambos extremos hasta las estaciones de Nacimiento y Gador. En la imagen, dos de los tractores eléctricos suministrados por Brown Boveri fotografiados en la estación de Gador. Archivo Euskotren/Vasco del Ferrocarril de Euskotren

La electrificación entre Gergal y Santa Fe, alimentada a la tensión de 5.500 voltios en frecuencia de 25 Hercios, se inauguró el 1 de junio de 1911 y se convirtió en la primera aplicación de la tracción eléctrica en un ferrocarril de ancho normal español. La tracción fue asignada a cinco pequeños tractores de dos ejes y carrocería de madera, que más bien parecían vagones cerrados, suministrados por la firma suiza Brown Boveri, que fue la responsable de toda la instalación. Estos tractores estaban diseñados para trabajar por parejas, mientras que el quinto quedaba en reserva. Es decir, únicamente se podían asegurar con tracción eléctrica dos trenes a la vez, el descendente y el ascendente.

Con estos modestos recursos, era posible que una pareja de tractores subiera un tren vacío, con un peso de 150 toneladas, por rampas de 27 milésimas, impulsado en gran medida por la energía que generaban los motores de la pareja que descendía simultáneamente con un tren cargado de mineral de 450 toneladas. La marcha de ambos trenes era de 25 kilómetros por hora.

Ante los buenos resultados de la experiencia, la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, que en 1917 había arrendado las líneas de la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, decidió ampliar la electrificación almeriense por ambos extremos, desde Gergal a su colateral de Nacimiento, y de Santa Fe a Gador, con lo que en 1918 se alcanzaron los 30 kilómetros electrificados con catenarias bifilares. Además, para reforzar el servicio, se incorporaron al parque motor otros dos tractores, construidos también por Brown Boveri y prácticamente idénticos a los que ya prestaban servicio en la línea.

La electrificación trifásica se mantuvo en servicio, sin grandes sobresaltos, y proporcionando una marcha verdaderamente económica a los pesados trenes de mineral que descendían hacia el mar. Por el contrario, la tracción eléctrica jamás se empleó entre Nacimiento y Gador en los trenes de viajeros.

Las cuatro locomotoras eléctricas contratadas por Renfe a la suiza Sécheron para la anacrónica prolongación de la electrificación de Gador a Almería fueron las últimas alimentadas con corriente alterna trifásica de línea general construidas en el mundo. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Sorprendentemente, y cuando las electrificaciones en corriente alterna trifásica se encontraban en plena regresión incluso en Italia, en 1952 Renfe decidió ampliar este sistema otros 16 kilómetros, desde Gador hasta Almería. Esta nueva sección se inauguró el 10 de enero de 1963, pero el estado de la primitiva catenaria entre Nacimiento y Gador, unido a la escasa capacidad de la central generadora situada en Santa Fe, imposibilitaron el correcto funcionamiento de la nueva instalación y en 1966 la empresa estatal optó por sustituir la tracción eléctrica por la diésel en todo el trayecto.

Cabe señalar que para esta ampliación entre Gador y Almería Renfe adquirió a la firma suiza Sécheron cuatro máquinas de bogies que fueron ensambladas por Macosa en València con equipos eléctricos fabricados bajo licencia por Aguirena en Erandio (Bizkaia). Matriculadas en la serie 21 a 24, fueron, sin lugar a dudas, las últimas locomotoras de línea construidas en el mundo para ser alimentadas con corriente alterna trifásica, aunque su vida activa fue efímera, ya que solo llegaron a trabajar tres años. Una de estas «rara avis», la número 22, llegó a ser preservada, pero, lamentablemente, fue desguazada en 1996. Más suerte corrió uno de los primitivos tractores Brown Boveri de 1911, el número 3, que en la actualidad se expone en el Museo del Ferrocarril de Madrid.

 


lunes, 10 de agosto de 2026

ADIOS A LA TRACCIÓN TRIFÁSICA (II)

Placa en homenaje a Kálmán Kandó y a la primera electrificación ferroviaria del mundo realizada en corriente alterna monofásica en frecuencia industrial a 50 Hercios, que se expone en la estación de Budapest-Keleti. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi
 

KÁLMÁN KANDÓ

El ingeniero húngaro Kálmán Kandó fue un personaje clave en el desarrollo de la tracción eléctrica ferroviaria moderna, desde sus primeras experiencias en corriente alterna, en especial, en las electrificaciones trifásicas italianas, hasta la utilización de la corriente alterna monofásica en frecuencia industrial que utilizan las actuales líneas de alta velocidad.

Nacido en Pest el 8 de julio de 1869, estudió bachillerato en el Instituto Luterano de su ciudad natal y, más tarde, en el instituto de prácticas de Mór Kármán, para completar sus estudios de ingeniero mecánico en la Universidad Técnica de Budapest en 1892. Posteriormente, y tras completar el servicio militar, se trasladó a Francia, donde trabajó para la Compañía Fives-Lille como ingeniero subalterno.

En esta primera etapa en Francia realizó sus primeros diseños de motores de inducción para tracción ferroviaria, en los que se decantó por los motores asíncronos trifásicos frente a los síncronos, más comunes en la época. Gracias a su preparación, en 1894 fue nombrado ingeniero jefe para el desarrollo de motores eléctricos en Fives-Lille, pero poco después fue reclutado por András Mechwart, director gerente de la firma húngara Ganz de Budapest.

En su nuevo destino, Kálmán Kandó desarrolló motores y generadores de corriente alterna trifásica de alto voltaje para tracción ferroviaria. Sus primeras aplicaciones se materializaron en un pequeño tranvía construido en 1896 en la localidad francesa de Evian-les-Bains.

Gracias a la implicación de Kandó, Ganz montó un pequeño ferrocarril experimental, alimentado con corriente alterna trifásica, en la isla Margarita de Budapest. Esta línea serviría de modelo para la futura electrificación del ferrocarril de la Valtellina, la primera realizada en Europa en una línea de servicio general.

El posterior desarrollo de las electrificaciones trifásicas en Italia impulsó a Kandó a mudarse con su familia en 1907 a Vado Ligure (Liguria, Italia), donde pasó a trabajar para la Società Italiana Westinghouse, que suministraría equipos y locomotoras para las nuevas electrificaciones con este sistema en el país transalpino. El gran trabajo que realizó en estas electrificaciones pioneras y en la implantación de la industria eléctrica en el país le hicieron merecedor del nombramiento como Comendador de la Orden de la Corona italiana. Sin embargo, la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial contra las potencias centrales, incluido el Imperio Austro-Húngaro, precipitó su retorno a Budapest en 1915.

Durante la guerra, Kandó sirvió como teniente en el Ministerio de Defensa en Viena, al mismo tiempo que prosiguió con sus investigaciones, en especial, en el desarrollo de un nuevo sistema con el que fuera posible utilizar la corriente alterna monofásica en frecuencia industrial de 50 Hercios, la misma que emplean las redes de generación y distribución de energía, con la que, además, podría simplificar las complejas catenarias en corriente alterna trifásica. Para ello, en 1918, patentó un convertidor de fase rotativo que permitía utilizar motores trifásicos alimentados con corriente alterna monofásica, a través de una catenaria sencilla y ligera.

Un infarto, que truncó la vida de Kálmán Kandó el 13 de enero de 1931, cuando apenas contaba con 61 años, impidió que este brillante ingeniero llegara a ver materializados sus proyectos. Solo un año más tarde, el 12 de septiembre de 1932, iniciaba su andadura la línea de Budapest a Hegyeshalom, la primera del mundo alimentada en corriente alterna monofásica en frecuencia industrial de 50 Hercios. Tras la Segunda Guerra Mundial, sus ideas fueron desarrolladas por el francés Louis Armand y otros ingenieros y, desde entonces, se han aplicado en infinidad de países, incluida España, donde se emplean en todas las líneas de alta velocidad.