jueves, 24 de septiembre de 2026

EL FUNICULAR DE LARREINETA CUMPLE SU PRIMER CENTENARIO (I)

 

Inaugurado en 1926, el funicular de Larreineta celebra este año su centenario. Imagen captada en 1972, en la que se aprecia perfectamente la peculiar estructura de sus vehículos. Fotografía de Jean-Henry Manara

Hoy, 24 de septiembre, se conmemora el centenario de uno de los sistemas ferroviarios más singulares de nuestro país: el funicular de Larreineta (Trapagaran, Bizkaia), el único en el mundo diseñado con un sistema de grúas puente para retirar sus cabinas de viajeros y permitir el transporte de camiones, autobuses y automóviles sobre sus plataformas. Inaugurado en 1926 por la Diputación de Bizkaia y operado desde 1994 por Euskotren, su pausado subir y bajar apenas ha experimentado más cambios que el de sus cabinas, sustituidas en 1985, y en la actualidad conserva la mayor parte de sus instalaciones originales, motivo por el que en 2014 fue declarado por el Gobierno Vasco como Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Monumental.

El descubrimiento del procedimiento Bessemer fue clave para el desarrollo de la minería del hierro en Bizkaia, proceso que exigió la construcción de ferrocarriles y otras infraestructuras para el transporte del mineral. Estos ferrocarriles no prestaban servicio de viajeros ni de mercancías generales. Vista de las instalaciones ferroviarias de la Compañía Franco-Belga en Ortuella. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Aislados

El funicular de Larreineta se encuentra situado en el corazón de la antigua zona minera de Bizkaia, comarca que experimentó un repentino auge de la demanda de sus yacimientos férricos como consecuencia de la invención, en 1856, del procedimiento Bessemer para la obtención de acero de calidad de forma rápida y económica. Este sistema, que fue fundamental para el desarrollo de la industria siderúrgica moderna,  presentaba una notable limitación técnica: requería de minerales de gran calidad y sin presencia de fósforo y, a mediados del siglo XIX, los únicos yacimientos de estas características en Europa eran los de Kiruna (Suecia) y los vascos, contando estos últimos con la gran ventaja de su proximidad al mar, lo que facilitaba su exportación a los principales hornos altos de Europa.

Gracias a la gran demanda internacional que experimentó el hierro vizcaíno durante la segunda mitad del siglo XIX, las minas del monte Triano y su entorno registraron una intensa actividad que, a su vez, atrajo a mano de obra de toda España. En el caso de Trapagaran, cerca de 5.000 personas vivían en la zona alta de la localidad, prácticamente aisladas del mundo exterior, ya que los ferrocarriles que construyeron las empresas mineras estaban destinados, en exclusiva, al transporte del mineral, sin ofrecer servicios de viajeros ni de mercancías.

En la primavera de 1921 se iniciaron las obras del funicular de Larreineta. En la imagen, obras de construcción de la estación de La Escontrilla. Archivo de Roberto Ciordia

La vida de los mineros, dura de por sí, se veía dificultada aún más por el aislamiento en el que se encontraban. El precio de las subsistencias más básicas, comida, bebida, ropa o calzado, se multiplicaba por los elevados costes que implicaba transportarlas en carros por la sinuosa carretera que enlazaba la zona minera con el valle, trayecto que requería cerca de dos horas para cubrir apenas recorrer diez kilómetros. Como denunciaban las crónicas de la época, era más barato enviar un paquete desde Bilbao a Madrid que desde la capital vizcaína a cualquiera de los residentes en la zona minera.

Las palabras del histórico sindicalista Constantino Turiel reflejan con toda crudeza la situación. Antes de la construcción del funicular viajar desde la zona minera hasta la capital vizcaína en coche de caballos costaba 36 pesetas, cuando el jornal medio no superaba las cinco pesetas, es decir, este desplazamiento representaba el sueldo íntegro de siete días de trabajo. Por tanto, si un día enfermaba un minero o alguno de sus familiares, «y tenían necesidad de ser trasladados a Bilbao al Hospital, al no tener las 36 pesetas, tenían que dejarse morir».

Trabajos de construcción de la explanación del funicular de Larreineta. A diferencia de los ferrocarriles convencionales de la época, la vía se asentó sobre una placa de hormigón y no sobre balasto. Archivo de Roberto Ciordia

Un funicular

Dado el desnivel existente entre el valle y la zona minera, más de 400 metros, un ferrocarril convencional no habría sido la mejor opción para romper el aislamiento de este entorno, ya que habría exigido la construcción de una línea con un gran desarrollo para mantener las rampas máximas en límites no superiores al 2%, generalmente el máximo admisible para un tren convencional. Por tanto, la solución solo podía venir de la mano de otras alternativas que no dependieran de la escasa adherencia entre la rueda y el carril de acero, bien la cremallera, bien el funicular, y fue ésta última la solución elegida.

Los primeros funiculares de servicio público se establecieron en 1862 en Lyon (Francia) y veinte años más tarde se instaló el primero de ellos en la península ibérica, del del Bom Jesús, en Braga (Portugal), que, en la actualidad, sigue operando con sus instalaciones originales, impulsado, además, por contrapeso de agua, lo que lo convierte en una auténtica joya del patrimonio industrial portugués. En 1901 se inauguró el primer funicular de España, el del Tibidabo, y en 1912 llegó este nuevo medio de transporte a Euskadi, con la apertura del de Igeldo, en Donostia.

Montaje de la polea principal del funicular en la estación de Larreineta. Por su gran envergadura fue necesario instalarla antes de concluir la construcción del edificio. Archivo de Roberto Ciordia

Conocedor de estas experiencias, sobre todo de la de Igeldo, el abogado Jaime Orúe decidió en 1913 impulsar la construcción de un funicular que permitiera romper el aislamiento en el que vivían los mineros vizcaínos. A diferencia de la mayor parte de las instalaciones de este tipo, diseñadas para el ocio y el turismo, ya que su principal objetivo era facilitar la ascensión a cimas desde las que se pudiera disfrutar de una hermosa panorámica y en la que se construían todo tipo de atracciones, en este caso el propósito era la de ofrecer un servicio ferroviario completo, tanto de viajeros como de mercancías. Así, en este primer proyecto, los vehículos del funicular presentaban un techo horizontal sobre el que se podrían cargar todo tipo de suministros.

Para materializar su iniciativa, Jaime Orúe contrató los servicios del ingeniero Luis Alonso, quien el 28 de junio de 1913 firmó un completo proyecto para la construcción de un funicular entre las zonas alta y baja de Trapagaran, con estación de origen en el barrio minero de Larreineta y final en el de La Escontrilla. La longitud inicial prevista era de 1.368 metros y con ellos se podría superar un desnivel de 409 metros en apenas diez minutos.

Vista de la maquinaria del funicular de Larreineta, suministrada por la firma suiza Louis de Roll, Fonderie de Berne. Archivo Histórico de la Diputación Foral de Bizkaia

Mientras Jaime Orúe tramitaba el proyecto ante el Ministerio de Fomento estalló la Primera Guerra Mundial y aunque España no participó directamente en este conflicto, su economía experimentó un vertiginoso proceso inflacionario provocado, tanto por el súbito encarecimiento de la principal fuente de energía de la época, el carbón, ante la paralización de las importaciones británicas, como por la gran demanda de toda clase de productos españoles por parte de las potencias beligerantes. En consecuencia, el presupuesto de construcción, valorado por Luis Alonso en 214.797,21 pesetas, quedó de inmediato desfasado y no se pudieron reunir los capitales necesarios para emprender las obras, pese a que el proyecto fue formalmente aprobado por el Ministerio de Fomento a través de una Real Orden promulgada el 13 de noviembre de 1916.

Pese a su escasa longitud, el funicular de Larreineta contaba con obras de fábrica de gran envergadura. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La Diputación se implica

Fracasada la iniciativa privada, fue una institución pública, la Diputación Provincial de Vizcaya, la que decidió asumir el proyecto y romper con él el aislamiento en el que vivía la población minera de Trapagaran. Para ello encomendó a su ingeniero del servicio de caminos, Francisco Guinea, el replanteo del proyecto y la elaboración de un nuevo presupuesto adecuado a los precios del momento.

Aunque el trazado finalmente propuesto por Francisco Guinea era muy similar al del proyecto de Luis Alonso, el recorrido final era algo más corto, 1,179 metros, mientras que el desnivel entre las estaciones de Larreineta y La Escontrilla se estableció en 342 metros. Además, se modificó el diseño de las estaciones, con nuevas propuestas en estilo neovasco planteadas por el arquitecto provincial, Diego Basterra. El presupuesto final ascendió a más de millón y medio de pesetas, casi ocho veces superior al de 1913.

La modificación más relevante que experimentó el primitivo proyecto de Luis Alonso fue el diseño de los vehículos. Éstos, en lugar de transportar la mercancía sobre el techo, se transformaron en una estructura que ofrecía una plataforma horizontal sobre la que se podían colocar las cabinas destinadas al transporte de viajeros o, si se retiraban, dejaba un espacio diáfano al que podían acceder todo tipo de vehículos de carretera, siempre que la carga máxima no superase las nueve toneladas.

El 24 de septiembre de 1926 se inauguró el funicular de Larreineta. Los invitados al acto pudieron disfrutar de las magníficas panorámicas que se divisan desde la terraza de la estación superior. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La Diputación de Bizkaia emprendió las obras de construcción del funicular de Larreineta en marzo de 1921, pero éstas se vieron dificultadas por numerosos factores, como las importantes obras de fábrica que debió levantar en su corto recorrido. Su trazado está jalonado por un paso inferior bajo la carretera y tres notables viaductos de sillería, de 24, 58 y 74 metros de longitud, con los que se superaban diversas irregularidades del relieve así como el paso sobre la carretera y sobre la vía del ferrocarril minero de La Orconera. Además, incidentes como el incendio, el día de Nochebuena de 1924, de los talleres del Ferrocarril de Triano, también propiedad de la Diputación, en los que se habían almacenado diversos equipos, implicó la destrucción de las dos cabinas de viajeros, motores y otros elementos, provocó nuevos retrasos.

En principio, la Diputación de Bizkaia valoró la posibilidad de encomendar la gestión del nuevo funicular al Ferrocarril de Triano, pero, finalmente, optó por mantenerlo en su Comisión de Fomento, que era el órgano que había dirigido su construcción, por lo que fue preciso contratar al personal necesario para su operación. En la primavera de 1926 la institución provincial seleccionó al futuro maquinista-jefe, el ayudante mecánico, al jefe de estación de La Escontrilla y a dos vigilantes de vía, mientras que las cuatro plazas de conductor se cubrieron con miembros de la policía foral, los Miñones.

Finalizado el verano de 1926 todo estaba ya dispuesto para la inauguración, que tuvo lugar el 24 de septiembre de dicho año. A partir de esa fecha se emprendió el servicio diario de viajeros y mercancías, incluido el paso del autobús que comunicaba La Arboleda con Bilbao, que optó por utilizar el funicular y evitar así a sus clientes los mareos que provocaba la sinuosa y estrecha carretera.

Salida de uno de los vehículos del funicular de Larreineta desde la estación de inferior de La Escontrilla. Archivo de Mikel Iturralde

De la Diputación a Euskotren

Tras la inauguración, la Diputación de Bizkaia operó el nuevo funicular de Larreineta a través de su Comisión de Fomento. Sin embargo, su tranquilo subir y bajar se vería violentamente alterado con el estallido de la guerra civil. El 7 de diciembre de 1936 su gestión fue asumida por el Gobierno Provisional de Euzkadi, aunque, tras la caída de Bizkaia en manos del ejército sublevado en junio de 1937 fue reintegrado a la Diputación.

En 1985 la Diputación de Bizkaia transfirió la gestión del funicular de Larreineta a la Dirección de Transportes del Gobierno Vasco. Ese mismo año se sustituyeron sus cabinas originales por otras construidas por Irizar. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

De inmediato, los nuevos rectores de la institución provincial depuraron a todo el personal del funicular y cuatro de sus diez trabajadores perdieron su trabajo por haberse mantenido leales a la legalidad republicana. En paralelo, en 1938 la Diputación adquirió un ferrocarril minero de la zona, el de Sestao a Galdames, por lo que el 30 de septiembre de 1939 decidió constituir los Ferrocarriles de la Diputación de Vizcaya, organismo en el que agrupó esta línea, el funicular de Larreineta y el ferrocarril de Triano.

La experiencia de los Ferrocarriles de la Diputación de Vizcaya fue breve, ya que tras la nacionalización de todos los ferrocarriles de vía ancha impuesta por el gobierno franquista y la creación de Renfe el 1 de febrero de 1941, se arrebató a la institución provincial la gestión del ferrocarril de Triano, que se integró en la nueva empresa estatal. Poco después vendió el tren minero de Sestao a Galdames a la empresa Babcock & Wilcox, por lo que el funicular se convirtió en la única explotación ferroviaria de la diputación vizcaína.

En 1994 Euskotren asumió la gestión del funicular de Larreineta. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Superada la dura posguerra, el funicular de Larreineta alcanzó sus máximos históricos, con más de un millón de viajeros y unas 15.000 toneladas anuales. El horario del servicio era verdaderamente amplio, con la primera salida a las 4:55 y la última a las 23:00. Sin embargo, en aquellos mismos años la actividad minera inició un lento pero imparable declive y con él, se despobló progresivamente la zona, lo que, naturalmente, afectó a la demanda del servicio.

La muerte del General Franco, el 20 de noviembre de 1975, implicó el inicio de un proceso de paulatina recuperación de la normalidad democrática que, entre otros cambios, trajo consigo la creación de una nueva división administrativa del Estado español en territorios autónomos y, en el caso de Euskadi, la recuperación del secular autogobierno de sus territorios históricos. En este proceso se enmarca la promulgación de la Ley de Territorios Históricos que definió las competencias de las Diputaciones Forales y el nuevo Gobierno Vasco, entre las que se encontraban las ferroviarias, que fueron asumidas por este último. En consecuencia, el 27 de febrero de 1985 la gestión del funicular de Larreineta fue transferida a la Dirección de Transportes del Gobierno Vasco. La operación coincidió prácticamente en el tiempo con la sustitución de las primitivas cabinas de madera y chapa por otras nuevas construidas por el carrocero de autobuses Irizar, operación que tuvo lugar el 13 de julio de 1985.

El año 2014 el funicular de Larreineta fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Monumental. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Durante nueve años la Dirección de Transportes del Gobierno Vasco gestionó directamente el funicular de Larreineta, pero en 1994 decidió transferirlo a su empresa ferroviaria, Euskotren. Así, el 21 de junio esta sociedad pública asumió su operación, que mantiene en la actualidad.

Con ocasión de su centenario, Euskotren ha realizado una profunda rehabilitación de las cabinas del funicular de Larreineta. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

En las últimas tres décadas Euskotren ha realizado numerosas mejoras encaminadas a garantizar la seguridad de esta instalación centenaria, así como a racionalizar su gestión, incluida la automatización de su funcionamiento, lo que ha permitido prescindir de la figura del maquinista. En todo caso, estas medidas se han implementado respetando las instalaciones originales que se mantienen, perfectamente conservadas, prácticamente igual que cuando fueron inauguradas hace un siglo.


Tras su rehabilitación, y durante unos pocos días antes de recibir la decoración definitiva, las cabinas del funicular de Larreineta han circulado pintadas, una de ellas de blanco, y la otra de negro. Fotografías de Juanjo Olaizola Elordi

La magnífica conservación de las instalaciones del funicular de Larreineta las ha hecho merecedoras de la declaración de Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Monumental, decretada por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco el 15 de julio de 2014.

La imagen definitiva de las cabinas del funicular de Larreineta está inspirada en las de madera que circularon entre 1926 y 1985. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

domingo, 23 de agosto de 2026

UN TRANVÍA VALENCIANO EN GIPUZKOA

Vista del tranvía publicitario situado en Irura (Gipuzkoa), junto a la carretera Nacional 1. Archivo de Dirk Budach

Un recuerdo de mi infancia que tengo vivamente grabado en mi memoria es la visión de un tranvía , utilizado como soporte publicitario, en Irura (Gipuzkoa), a orillas de la carretera Nacional 1. Siempre lo veía en los viajes familiares de Donostia a Logroño y viceversa, cada vez más deteriorado, hasta que un día desapareció.

Otra perspectiva del tranvía publicitario de Irura. Archivo de Dirk Budach

Durante años me he preguntado de dónde podría proceder ese tranvía. Por proximidad, se podría pensar que pudiera ser algún antiguo coche de la Compañía del Tranvía de San Sebastián, o más cerca aún, del tranvía eléctrico de San Sebastián a Tolosa, cuyas vías ocupaban parte de la calzada de la propia Nacional 1, a muy pocos metros de su ubicación. Claro está que podría tener otras procedencias, ya que en los años sesenta una firma publicitaria empleó antiguos tranvías de Alacant y Mallorca en los lugares más dispares de nuestra geografía.

Vista del remolque 104 de la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia, fotografiado en agosto de 1964. Fotografía de Feliu Zurita. Fondo MPS. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Recientemente, gracias a dos fotografías que tomó en septiembre de 1969 un aficionado británico y que me ha hecho llegar mi buen amigo Dirk Budach, resulta posible recuperar la memoria de aquel tranvía y analizar sus características. A la vista de ambas imágenes, quedan pocas dudas sobre su origen. Evidentemente, el "palo" que sobresale del techo a imitación de un trole es un pegote y, en realidad, no es un coche motor sino un remolque. Por otra parte, si se estudia la fisonomía del vehículo, se puede comprobar que es idéntico a los remolques más primitivos de la serie 100 de la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia, tanto en lo que respecta a los detalles de su carrocería como a su sistema de rodadura, tal y como se puede comprobar si se comparan estas fotografías con la que en agosto de 1964 tomó en València Feliu Zurita al coche 104. Por tanto, todo parece indicar que se trata de un tranvía valenciano que terminó sus días en tierras guipuzcoanas. Una verdadera lástima que no se llegara a conservar.



viernes, 21 de agosto de 2026

ADIOS A LA TRACCIÓN TRIFÁSICA (y IV)

Locomotora eléctrica construida en Sécheron en 1903 para el Chemin de fer de La Mure. Aunque a simple vista, la presencia de una línea de alimentación bifilar pueda hacer suponer que se trata de una electrificación alimentada en corriente alterna trifásica, en realidad era de corriente continua, en doble puente, con un hilo a la tensión de + 1.200 voltios y el otro a – 1.200 voltios. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 

¿TRIFÁSICA?

Eso es lo que podría deducirse, a simple vista, al observar la doble línea aérea que alimenta a la locomotora, tal y como sucedía en todos los ferrocarriles electrificados con corriente alterna trifásica, en los que dos de las fases correspondían a la catenaria y la tercera a la vía. Y, sin embargo, se trata de una electrificación alimentada en corriente continua.

En la actualidad, parece fuera de toda discusión que una electrificación en corriente continua disponga el polo positivo en la catenaria, mientras que el negativo se encuentra en la vía. Sin embargo, en los inicios de la tracción eléctrica se ensayaron otras disposiciones como la desarrollada por el ingeniero suizo René Thury y su Compagnie de l’Industrie Electrique, más conocida como Sécheron.

El sistema diseñado por Thury, de doble puente, contaba con una línea aérea doble, con uno de los hilos alimentado en positivo y el otro, a la misma tensión, pero en negativo, mientras que el carril era neutro. En el caso de la imagen, uno de los hilos de la catenaria estaba alimentado a +1.200 voltios y el otro a -1.200, con lo que la tensión de alimentación era de 2.400 voltios. Este sistema se aplicó por primera vez en 1902 en el tranvía de Grenoble a Chapareillan, a +  y – 600 voltios, y, posteriormente, por el metro de Londres, donde sigue activo, aunque, en este caso, en lugar de catenaria, cuenta con un tercer y cuarto carril de alimentación a + y – 300 voltios, con una tensión total de 600 voltios en corriente continua.

La locomotora de la imagen fue construida en 1903 por la Compagnie de l’Industrie Electrique para el ferrocarril de Saint-Georges-de-Commiers a La Mure, en el delfinado francés, línea que mantuvo este pintoresco sistema de alimentación hasta 1950, momento en que transformaron la catenaria al sistema tradicional, con una línea aérea única alimentada en positivo a 2.400 voltios y con el negativo en los carriles. Aunque hace años esta línea perdió el trasporte de carbón que fue su razón de ser a principios del siglo XX, en la actualidad sigue en buena parte operativo como ferrocarril turístico, gracias a los espectaculares paisajes que ofrece su sinuoso trazado, con rampas de hasta 27 milésimas.



viernes, 14 de agosto de 2026

ADIOS A LA TRACCIÓN TRIFÁSICA (III)

La única electrificación española alimentada en corriente alterna trifásica en una línea de servicio general fue la de Gergal a Santa Fe, inaugurada en 1911 y más tarde ampliada a Nacimiento, Gador y Almería. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

TAMBIÉN EN ESPAÑA

También en España se utilizó la tracción eléctrica trifásica, aunque, a diferencia de Italia, únicamente se llegó a implantar en un ferrocarril de servicio general, el primero de vía ancha electrificado en nuestro país, así como en alguna línea de carácter industrial o minero, como el empleado en la construcción del parque de Montjuic en Barcelona.

Esta única electrificación en un ferrocarril de servicio general se realizó sobre la línea de Linares a Almería, en concreto, en su difícil sección de Gergal a Santa Fe, que operaba la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España. Los 22 kilómetros de este tramo estaban jalonados por numerosas curvas y contracurvas de pequeño radio y durísimas rampas de hasta 27 milésimas. Además, registraba un importante tráfico de mineral de hierro que se dirigía de los yacimientos de su entorno a los embarcaderos de puerto de la capital andaluza.

Tras analizar diferentes alternativas para solucionar los problemas de tracción en este tramo, los rectores de los Caminos de Hierro del Sur de España se decantaron finalmente por la entonces novedosa tracción eléctrica. Para ello, recurrieron a la firma suiza Brown Boveri que, tras la positiva experiencia del túnel del Simplón, propuso la utilización de la corriente alterna trifásica. Esta opción permitiría obtener una explotación muy económica ya que gracias al frenado de recuperación, los trenes ascendentes serían prácticamente impulsados por la corriente que generarían los descendentes, cargados de mineral, que retendrían su marcha con sus motores. De hecho, la central térmica que se estableció para alimentar el sistema era verdaderamente modesta, de tan solo 750 caballos de potencia.

En 1918, la electrificación de Gergal a Santa Fe se amplió por ambos extremos hasta las estaciones de Nacimiento y Gador. En la imagen, dos de los tractores eléctricos suministrados por Brown Boveri fotografiados en la estación de Gador. Archivo Euskotren/Vasco del Ferrocarril de Euskotren

La electrificación entre Gergal y Santa Fe, alimentada a la tensión de 5.500 voltios en frecuencia de 25 Hercios, se inauguró el 1 de junio de 1911 y se convirtió en la primera aplicación de la tracción eléctrica en un ferrocarril de ancho normal español. La tracción fue asignada a cinco pequeños tractores de dos ejes y carrocería de madera, que más bien parecían vagones cerrados, suministrados por la firma suiza Brown Boveri, que fue la responsable de toda la instalación. Estos tractores estaban diseñados para trabajar por parejas, mientras que el quinto quedaba en reserva. Es decir, únicamente se podían asegurar con tracción eléctrica dos trenes a la vez, el descendente y el ascendente.

Con estos modestos recursos, era posible que una pareja de tractores subiera un tren vacío, con un peso de 150 toneladas, por rampas de 27 milésimas, impulsado en gran medida por la energía que generaban los motores de la pareja que descendía simultáneamente con un tren cargado de mineral de 450 toneladas. La marcha de ambos trenes era de 25 kilómetros por hora.

Ante los buenos resultados de la experiencia, la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, que en 1917 había arrendado las líneas de la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, decidió ampliar la electrificación almeriense por ambos extremos, desde Gergal a su colateral de Nacimiento, y de Santa Fe a Gador, con lo que en 1918 se alcanzaron los 30 kilómetros electrificados con catenarias bifilares. Además, para reforzar el servicio, se incorporaron al parque motor otros dos tractores, construidos también por Brown Boveri y prácticamente idénticos a los que ya prestaban servicio en la línea.

La electrificación trifásica se mantuvo en servicio, sin grandes sobresaltos, y proporcionando una marcha verdaderamente económica a los pesados trenes de mineral que descendían hacia el mar. Por el contrario, la tracción eléctrica jamás se empleó entre Nacimiento y Gador en los trenes de viajeros.

Las cuatro locomotoras eléctricas contratadas por Renfe a la suiza Sécheron para la anacrónica prolongación de la electrificación de Gador a Almería fueron las últimas alimentadas con corriente alterna trifásica de línea general construidas en el mundo. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Sorprendentemente, y cuando las electrificaciones en corriente alterna trifásica se encontraban en plena regresión incluso en Italia, en 1952 Renfe decidió ampliar este sistema otros 16 kilómetros, desde Gador hasta Almería. Esta nueva sección se inauguró el 10 de enero de 1963, pero el estado de la primitiva catenaria entre Nacimiento y Gador, unido a la escasa capacidad de la central generadora situada en Santa Fe, imposibilitaron el correcto funcionamiento de la nueva instalación y en 1966 la empresa estatal optó por sustituir la tracción eléctrica por la diésel en todo el trayecto.

Cabe señalar que para esta ampliación entre Gador y Almería Renfe adquirió a la firma suiza Sécheron cuatro máquinas de bogies que fueron ensambladas por Macosa en València con equipos eléctricos fabricados bajo licencia por Aguirena en Erandio (Bizkaia). Matriculadas en la serie 21 a 24, fueron, sin lugar a dudas, las últimas locomotoras de línea construidas en el mundo para ser alimentadas con corriente alterna trifásica, aunque su vida activa fue efímera, ya que solo llegaron a trabajar tres años. Una de estas «rara avis», la número 22, llegó a ser preservada, pero, lamentablemente, fue desguazada en 1996. Más suerte corrió uno de los primitivos tractores Brown Boveri de 1911, el número 3, que en la actualidad se expone en el Museo del Ferrocarril de Madrid.

 


lunes, 10 de agosto de 2026

ADIOS A LA TRACCIÓN TRIFÁSICA (II)

Placa en homenaje a Kálmán Kandó y a la primera electrificación ferroviaria del mundo realizada en corriente alterna monofásica en frecuencia industrial a 50 Hercios, que se expone en la estación de Budapest-Keleti. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi
 

KÁLMÁN KANDÓ

El ingeniero húngaro Kálmán Kandó fue un personaje clave en el desarrollo de la tracción eléctrica ferroviaria moderna, desde sus primeras experiencias en corriente alterna, en especial, en las electrificaciones trifásicas italianas, hasta la utilización de la corriente alterna monofásica en frecuencia industrial que utilizan las actuales líneas de alta velocidad.

Nacido en Pest el 8 de julio de 1869, estudió bachillerato en el Instituto Luterano de su ciudad natal y, más tarde, en el instituto de prácticas de Mór Kármán, para completar sus estudios de ingeniero mecánico en la Universidad Técnica de Budapest en 1892. Posteriormente, y tras completar el servicio militar, se trasladó a Francia, donde trabajó para la Compañía Fives-Lille como ingeniero subalterno.

En esta primera etapa en Francia realizó sus primeros diseños de motores de inducción para tracción ferroviaria, en los que se decantó por los motores asíncronos trifásicos frente a los síncronos, más comunes en la época. Gracias a su preparación, en 1894 fue nombrado ingeniero jefe para el desarrollo de motores eléctricos en Fives-Lille, pero poco después fue reclutado por András Mechwart, director gerente de la firma húngara Ganz de Budapest.

En su nuevo destino, Kálmán Kandó desarrolló motores y generadores de corriente alterna trifásica de alto voltaje para tracción ferroviaria. Sus primeras aplicaciones se materializaron en un pequeño tranvía construido en 1896 en la localidad francesa de Evian-les-Bains.

Gracias a la implicación de Kandó, Ganz montó un pequeño ferrocarril experimental, alimentado con corriente alterna trifásica, en la isla Margarita de Budapest. Esta línea serviría de modelo para la futura electrificación del ferrocarril de la Valtellina, la primera realizada en Europa en una línea de servicio general.

El posterior desarrollo de las electrificaciones trifásicas en Italia impulsó a Kandó a mudarse con su familia en 1907 a Vado Ligure (Liguria, Italia), donde pasó a trabajar para la Società Italiana Westinghouse, que suministraría equipos y locomotoras para las nuevas electrificaciones con este sistema en el país transalpino. El gran trabajo que realizó en estas electrificaciones pioneras y en la implantación de la industria eléctrica en el país le hicieron merecedor del nombramiento como Comendador de la Orden de la Corona italiana. Sin embargo, la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial contra las potencias centrales, incluido el Imperio Austro-Húngaro, precipitó su retorno a Budapest en 1915.

Durante la guerra, Kandó sirvió como teniente en el Ministerio de Defensa en Viena, al mismo tiempo que prosiguió con sus investigaciones, en especial, en el desarrollo de un nuevo sistema con el que fuera posible utilizar la corriente alterna monofásica en frecuencia industrial de 50 Hercios, la misma que emplean las redes de generación y distribución de energía, con la que, además, podría simplificar las complejas catenarias en corriente alterna trifásica. Para ello, en 1918, patentó un convertidor de fase rotativo que permitía utilizar motores trifásicos alimentados con corriente alterna monofásica, a través de una catenaria sencilla y ligera.

Un infarto, que truncó la vida de Kálmán Kandó el 13 de enero de 1931, cuando apenas contaba con 61 años, impidió que este brillante ingeniero llegara a ver materializados sus proyectos. Solo un año más tarde, el 12 de septiembre de 1932, iniciaba su andadura la línea de Budapest a Hegyeshalom, la primera del mundo alimentada en corriente alterna monofásica en frecuencia industrial de 50 Hercios. Tras la Segunda Guerra Mundial, sus ideas fueron desarrolladas por el francés Louis Armand y otros ingenieros y, desde entonces, se han aplicado en infinidad de países, incluida España, donde se emplean en todas las líneas de alta velocidad.




martes, 28 de julio de 2026

ADIÓS A LA TRACCIÓN TRIFÁSICA (I)

El 25 de mayo de 1976, se puso punto final a las electrificaciones ferroviarias alimentadas en corriente alterna trifásica en líneas de servicio general en la estación piamontesa de Acqui Terme. Archivo Fondazione FS Italiane

El pasado mes de mayo la Fondazione FS Italiane conmemoró el final de una de las más apasionantes aventuras ferroviarias europeas: la electrificación en corriente alterna trifásica en los ferrocarriles de servicio general. Aunque esta tecnología, cuyo origen se remonta a 1896, aún se mantiene viva en pequeños ferrocarriles de montaña, el país trasalpino fue el único que la utilizó de forma masiva en líneas convencionales, hasta sumar más de 1.800 kilómetros electrificados bajo sus singulares catenarias bifilares.

Los ferrocarriles de Gornegrat y de Jungfrau fueron pioneros en la alimentación de sus trenes con tracción alterna trifásica. En la imagen, una primitiva composición del Jungfrau. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril 

Una tecnología embrionaria

Es preciso recordar que la tracción eléctrica ferroviaria nació prácticamente a la par que la propia electricidad. Aunque esta energía ya fue intuida en el antiguo Egipto y fueron los griegos los que le dieron nombre, élektron, ámbar, ya que al frotar esta resina con lana obtenían pequeñas descargas, no fue hasta el siglo XIX cuando se inició el verdadero desarrollo de esta tecnología. La invención de la bombilla eléctrica de Edison, patentada el 27 de enero de 1880 puede considerarse como el acta de bautismo de la energía eléctrica y sus aplicaciones industriales a gran escala.

Un año antes de la patente de la bombilla, Siemens ya presentó en la Exposición Universal de Berlín la que está considerada como primera locomotora eléctrica. Se trata, por tanto, de una tecnología embrionaria y cada avance científico de inmediato se introdujo en la tracción ferroviaria.

Los primeros pasos para el desarrollo de la energía eléctrica se dieron en el campo de la corriente continua y, en consecuencia, fue este sistema el utilizado en las primeras aplicaciones en tracción ferroviaria, sobre todo en los tranvías, impacientes por sustituir el motor de sangre o el humo de las locomotoras de vapor en sus servicios urbanos. Además, el motor de corriente continua aportaba, con los medios tecnológicos de la época, su gran flexibilidad y la facilidad de control mediante reóstatos. Sin embargo, la invención del transformador, desarrollado por los ingenieros de la firma húngara Ganz Miksa Déri, Ottó Bláthy y Károly Zipernowsky en 1885 pronto revolucionó el mundo de la generación y el transporte de la energía eléctrica a alta tensión mediante corriente alterna trifásica.

En pocos años, la corriente alterna trifásica desbancó a la continua en las centrales de generación y en las redes de distribución gracias a la sencillez con la que el transformador podía elevar o reducir la tensión, lo que facilitó el transporte de la energía eléctrica en alta tensión. En consecuencia, pronto se estudió también su aplicación directa en la tracción ferroviaria y el 1 de julio de 1896 se empleó por primera vez en el tranvía de Lugano (Suiza), diseñado con tecnología de la firma helvética Brown Boveri.

Los motores asíncronos trifásicos resultaban extremadamente robustos y apenas necesitaban mantenimiento respecto a los de continua, al carecer de colector y escobillas, siempre sometidos a desgaste, pero, en contrapartida, con los recursos tecnológicos de la época eran poco flexibles y resultaba sumamente complejo variar su velocidad, lo que únicamente se lograba mediante la modificación de las conexiones entre el estátor y el rotor, con las que se podía variar el número de polos y, por consiguiente, también el número de fases.

Las ventajas del motor asíncrono pronto se hicieron patentes en los ferrocarriles de cremallera, en los que la rigidez en la regulación de su velocidad lejos de ser una desventaja se convertía en una virtud, al proporcionar un elevado par de arranque y una marcha muy regular. Además, al mutar con facilidad de motor a generador, se podía utilizar como freno de recuperación, con la economía de energía que suponía que el tren descendente pudiera alimentar al ascendente.

Gracias a estas virtudes, las siguientes aplicaciones de la tracción eléctrica trifásica se desarrollaron en líneas de alta montaña de los Alpes suizos como el Gornegrat, inaugurado el 20 de agosto de 1898, y el Jungfraubahn, cuyo primer tramo se abrió el 20 de septiembre del mismo año. Tras estas experiencias pioneras, otros pequeños ferrocarriles helvéticos adoptaron este sistema, incluida la línea de Burgdorf a Thun, la primera en ancho de vía normal en aplicar la tracción trifásica a partir del 21 de julio de 1899.

Mientras tanto, en Budapest la firma Ganz, bajo la dirección del ingeniero Kálmán Kandó construyó en la isla Margarita una línea experimental que, por primera vez en la historia, sería alimentada a la tensión de 3.000 voltios en frecuencia especial de 15 Hercios. Los resultados de esta experiencia serían cruciales para el futuro desarrollo del sistema.

En 1902 se electrificó en Italia el ferrocarril de la Valtellina, primera experiencia mundial en la utilización de la alimentación en corriente alterna trifásica en un ferrocarril de servicio general. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La Valtellina

En una fecha tan temprana como 1898, el ministerio de Obras Públicas italiano organizó una comisión técnica para valorar las ventajas de la tracción eléctrica en sus ferrocarriles, sobre todo en los numerosos pasos de montaña en los Alpes y en los Apeninos, donde el vapor ya estaba mostrando sus limitaciones. Tras analizar detalladamente la cuestión, las necesidades del servicio y las posibilidades que ofrecían las diversas tecnologías disponibles a finales del siglo XIX, la citada comisión impulsó la realización de diversos ensayos, como los efectuados entre 1899 y 1904 con automotores alimentados mediante acumuladores en las líneas de Milán a Monza y de Bolonia a San Felice, así como, también en corriente continua pero alimentada mediante tercer carril a 650 voltios, en la línea de Milán a Varese.

Pese a los alentadores resultados de estas experiencias, la comisión constató que tanto la velocidad como la potencia obtenida resultaba insuficiente y, en el caso de los automotores con acumuladores, la autonomía que ofrecían era muy inferior a la necesaria en un servicio comercial. Mientras tanto, en las estribaciones de los Alpes se optó por ensayar la tracción trifásica según los principios desarrollados en Hungría por Kálmán Kandó en un duro ferrocarril de montaña de 80 kilómetros de longitud que conectaba Lecco con Sondrio, la línea de la Valtellina, puesta en tensión el 4 de septiembre de 1902.

La línea de la Valtellina, alimentada en corriente alterna trifásica a la tensión de 3.000 voltios en frecuencia de 15 hercios se convirtió, en su momento, en el ferrocarril electrificado de mayor longitud del mundo y el que utilizaba el voltaje más elevado de la época. Su buen funcionamiento pronto animó a proseguir la experiencia con la extensión de su catenaria bifilar al ramal de Colico a Chiavenna, de 26 kilómetros.

El 19 de mayo de 1906 entraba en servicio una nueva electrificación trifásica, en esta ocasión en la línea internacional que enlaza Suiza e Italia, los 24 kilómetros que contectan Brig e Iselle a través del túnel del Simplon. Sus primeras locomotoras, suministradas como en la Valltellina por la húngara Ganz, se alimentaban también a 3.000 voltios en frecuencia de 15 Hercios.

El ejemplo del Simplon fue seguido en los Estados Unidos en la electrificación del túnel de Cascade, alimentado en esta ocasión a 6.000 voltios y frecuencia de 25 Hercios. Además de los cuatro kilómetros de la galería, también se electrificaron sus accesos, con rampas de hasta 22 milésimas, con un recorrido total de 10 kilómetros inaugurados el 10 de julio de 1909.

Tras el éxito de las primeras electrificaciones alimentadas en corriente alterna trifásica, la Ferrovie dello Stato pronto extendió el sistema a otras líneas, como la que enlaza Génova con Savona, puesta en tensión en 1916. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La tecnología avanza

A inicios del siglo XX, el desarrollo de la industria eléctrica favoreció la evolución de los sistemas de electrificación ferroviaria. Así, la mejora de los aislamientos permitió incrementar el voltaje y en 1915 se utilizaron por primera vez los 3.000 voltios en corriente continua.

Al mismo tiempo, en Alemania, donde en 1903 unos automotores experimentales alimentados con corriente alterna trifásica batieron el récord de velocidad absoluto al alcanzar los 210,2 kilómetros por hora, se inició, en colaboración con la industria suiza el desarrollo de un nuevo sistema de electrificación ferroviaria: la corriente alterna monofásica en alta tensión y frecuencia especial de 16 2/3 Hercios. De este modo, se podían aprovechar las ventajas del motor de colector y utilizar tensiones de hasta 15.000 voltios, con lo que se aligeraban y simplificaban las catenarias, se reducía el número de subestaciones y se limitaban las pérdidas energéticas y las caídas de tensión. El 11 de noviembre de 1905 se inició la explotación del primer ferrocarril alimentado de este modo, la línea suiza de Seebach a Wettingen y gracias a sus buenos resultados, este sistema pronto se implantó en Suiza, Alemania, Austria, Noruega, Suecia y también en los Estados Unidos, pese a que la utilización de una frecuencia especial, diferente a la de las redes de distribución, exigía disponer a las empresas ferroviarias de sus propias centrales generadoras o de complejos sistemas de cambio de frecuencia en sus subestaciones.

Diseñada por el húngaro Kálmán Kandó, la serie E333 de la Ferrovie dello Stato, que contó con 40 unidades, fue construida entre 1922 y 1924 por Nicola Romeo. Alcanzaban los 75 kilómetros por hora. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril


Italia se mantiene fiel

Pese a los avances que experimentaban las electrificaciones en corriente continua y en alterna monofásica en frecuencia especial, Italia se mantuvo fiel a la corriente alterna trifásica que tan buenos resultados había ofrecido en la línea de la Valtellina. La Ferrovia dello Stato, empresa pública creada en 1905 y que aglutinó la mayor parte de las concesiones privadas del país decidió, en 1907, afrontar la electrificación de uno de los trayectos más difíciles de su red, caracterizada, además, por un intenso tráfico de mercancías: la travesía de los Apeninos por la línea del Giovi, que comunica la industriosa Turín con el puerto de Génova con pendientes que alcanzan las 35 milésimas.  La marcha estable de los motores trifásicos, así como la sencilla utilización del freno de recuperación permitiría una explotación sumamente económica, ya que la energía generada por los motores de los trenes descendentes sería aprovechada por los ascendentes.

Tras un completo periodo de pruebas, el 1 de marzo de 1911 la tracción vapor fue completamente sustituida en el tramo más difícil, los quince kilómetros comprendidos entre las estaciones de Busalla y Pontedecimo. Con el nuevo sistema se pudo triplicar la capacidad de la línea y gracias a su ejemplo, en pocos años las electrificaciones trifásicas se extendieron por toda la región de Piamonte, Lombardía y Liguria, incluidas las conexiones internacionales con Francia, tanto por la costa, por Ventimiglia, como por los Alpes, a través de la línea de Turín a Modane por el túnel de Fréjus, completada en 1919.

Fotografía publicitaria de las locomotoras E552 construidas entre 1922 y 1924 por Nicola Romeo para el servicio de mercancías en líneas con grandes rampas de la Ferrovie dello Stato. Su velocidad máxima era de 50 kilómetros por hora. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Electrificaciones a la italiana

La tracción trifásica alcanzó su máximo apogeo en la región de Piamonte, Lombardía y Liguria, donde los trenes eléctricos alimentados con este sistema conectaron ciudades tan importantes como Turín, Genova, Pisa, La Spezia, Livorno o Alessandria con más de mil kilómetros bajo catenarias bifilares a la tensión de 3.600 voltios en frecuencia especial de 16 2/3 que pronto se convirtió en la estándar en los ferrocarriles italianos. Junto a éstas, la Ferrovie dello Stato también operaba la histórica línea de la Valtellina, ampliada entre Lecco y Monza, cerca de Milán, en 1914.

Fotografía de una de las seis locomotoras de la serie E332 de la Ferrovie dello Stato, construidas en 1917 por la firma Oerlikon, muy similares a las que circulaban por el túnel de Simplon. Su velocidad máxima era de 100 kilómetros por hora. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Tan características fueron esta clase de instalaciones en el país transalpino, el único que utilizó de forma generalizada la alimentación en corriente alterna trifásica en líneas de servicio general, que este sistema pronto fue conocido como el de las «electrificaciones a la italiana». De hecho, en los años veinte las electrificaciones trifásicas se ampliaron a otras regiones del país. En la Toscana se implantó en la difícil y sobrecargada línea de Bolonia a Florencia, la «Porrettana» y dos años más tarde también se empleó en otro trayecto internacional, la principal comunicación con Austria a través de la región del Alto Adige, entre Bolzano y Brennero, electrificación que en 1934 se extendió hasta Trento.

Doble tracción de locomotoras de la serie E554 de la Ferrovie dello Stato en la línea internacional de Turín a Francia. Estas máquinas, de las que se construyeron 183 unidades, fueron las más modernas del parque de la Ferrovie dello Stato alimentadas en corriente alterna trifásica, construidas entre 1928 y 1930. Prestaron servicio hasta el final del sistema en 1976. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril


Un caso excepcional fue el de la única electrificación trifásica realizada en la región del Lazio, la línea de Roma a Sulmona, de 127 kilómetros y rampas de hasta 31 milésimas, en la que por primera y única vez se empleó la tensión de 10.000 voltios en frecuencia industrial de 45 Hercios. Esta electrificación se inauguró el 28 de octubre de 1928 entre Roma y Tívoli y el 23 de marzo de 1929 el tramo restante hasta Sulmona.

La alimentación en corriente alterna trifásica se implantó en hasta seis núcleos diferentes e inconexos entre sí. La mayor concentración se dio en el oeste de Italia, en las regiones del Piamonte, Lombardía y Liguria. Dibujo de Pedro Pintado Quintana

Lenta decadencia

Pese a los resultados satisfactorios que ofrecía la tracción eléctrica trifásica a los ferrocarriles italianos, el desarrollo de las electrificaciones en corriente continua a la tensión de 3.000 voltios hizo que, finalmente, el país transalpino se decantara por este sistema, gracias a la flexibilidad que ofrecía el motor de colector frente a la difícil regulación de la velocidad de los motores asíncronos, y a la simplicidad de la catenaria, en comparación con la complejidad de las líneas bifilares, que, además, limitaban el desarrollo de velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora.

La complejidad de las líneas aéreas alimentadas en corriente alterna trifásica fue uno de los puntos débiles de este sistema. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

El 29 de enero de 1927 se iniciaron los ensayos en la primera línea italiana electrificada a la tensión de 3.000 voltios en corriente continua, la de Beneveto a Foggia, y tras los positivos resultados de la experiencia, la Ferrovia dello Stato decidió apostar por este sistema en sus nuevas electrificaciones. Aunque, en principio, éstas deberían convivir con las existentes en alterna trifásica, entre 1933 y 1935 se produjo la primera conversión, la de la línea Porrettana, en paralelo a la puesta en servicio de la nueva «direttisima» de Florencia a Bolonia, inaugurada el 21 de abril de 1934.

A partir de 1957 la Ferrovie dello Stato adaptó algunos remolques de sus automotores de corriente continua de la serie Ale840 con equipos transformadores que permitían la circulación del coche motor en líneas electrificadas en corriente alterna trifásica. De este modo, dispusieron de vehículos bicorriente que facilitaron el paso entre trayectos alimentados con uno u otro sistema. Fondo Georges Muller. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial también se cambió el sistema de electrificación entre Livorno y Pisa, que se convertiría en continuación de la inaugurada el 14 de noviembre de 1938 a 3.000 voltios en corriente continua entre Roma y Livorno. Además, el conflicto bélico supuso la destrucción de buena parte de las instalaciones de la electrificación experimental de Roma a Sulmona, que no serían reconstruidas hasta su reelectrificación a 3.000 voltios en 1950.

Una locomotora de la serie E432 parte de la estación de Acqui Terme con uno de los últimos servicios alimentados en corriente alterna trifásica. Breda construyó en 1928 40 máquinas de esta clase, capaces de rodar a 100 kilómetros por hora. Fotografía de Paolo Betelli

El 15 de mayo de 1953 se completó la transformación a 3.000 voltios en corriente continua de la línea pionera de la Valtellina, y entre 1952 y 1965 la tracción trifásica también fue reemplazada en la línea internacional del Brennero. Más compleja fue la transformación de la gran red del Piamonte, Lombardía y Liguria. Iniciada el 22 de abril de 1948 en la sección de Génova Brignole a Sestri Levante, no se completó hasta el 25 de mayo de 1976, fecha en la que se suprimió el último tramo de ferrocarril convencional del mundo alimentado mediante corriente alterna trifásica, los 84 kilómetros del trayecto Alessandria-Acqui Treme-S. Giuseppe di Cairo. Con ella se cerraba una etapa trascendental en la historia de la tracción eléctrica, cuyos únicos testimonios son algunas líneas de montaña como los pioneros del Gornegrat y el Jungfrau o el brasileño del Corcovado, en Río de Janeiro, sin olvidar, a apenas unos metros de nuestra frontera con Francia, el cremallera de La Rhune.

Para acelerar el cambio de corriente alterna a continua, la Ferrovie dello Stato optó por alimentar los dos hilos de la primitiva catenaria con este último sistema, de ahí que la locomotora de la serie E655 “caimano”, presente en sus pantógrafos unos frotadores tan desmesurados. Archivo Fondazione FS Italiane

En contraste, mientras la alimentación mediante corriente alterna trifásica desaparecía de la escena, el desarrollo de la electrónica de potencia facilitó la aplicación directa de los motores trifásicos asíncronos a la tracción ferroviaria. De hecho, en la actualidad, éstos han desbancado prácticamente por completo al de colector y la inmensa mayoría de los trenes, metros y tranvías eléctricos cuentan hoy en día con motores de este tipo, que no dejan de ser una lejana herencia de los experimentos iniciados en 1896 con esta clase de tracción.