¿QUÉ FUE DE ELLOS?
La evolución de los ferrocarriles del Plan de Urgente Construcción, así como los que ya estaban en obras a cargo de Estado en el momento de su aprobación en 1926 y que se integraron en el mismo fue muy variada y podría dividirse en hasta cuatro categorías: los que ni siquiera llegaron a iniciarse, los que se construyeron en mayor o menor medida, los que se inauguraron y años después se cerraron y, finalmente, los que aún prestan servicio.
La primera de las categorías, los que no llegaron a ver obras de entidad en su recorrido fueron un total de cinco líneas que sumaban cerca de 400 kilómetros. Se trata de las líneas de Utiel a Teruel, de Málaga a Algeciras, Pamplona a Alduides, Plasencia a la frontera portuguesa y Betanzos al de Santiago-A Coruña.
Entre los iniciados y nunca finalizados, se encuentran ocho líneas que sumaban más de mil kilómetros. Se trata de las líneas de Baeza a Utiel, Teruel a Lleida, Totana a la Pinilla, Puertollano a Córdoba, Alcoi a Alacant, Madrid a Arenas de San Pedro, Águilas a Cartagena y Puertollano a La Carolina. El grado de desarrollo de cada una de ellas fue muy diferente, ya que, en algunas, como la de Puertollano a La Carolina, a penas se realizaron obras de entidad, mientras que en otras se llegó a completar toda la explanación y obras de fábrica y se levantaron algunos edificios, como es el caso de las de Alcoi a Alacant o la de Teruel a Lleida entre la capital turolense y Caspe. Incluso en algunas se llegó a montar la vía, como sucedió en los sietes 7 kilómetros comprendidos entre las estaciones de Pelayos y Arenas de San Pedro o la totalidad del trayecto entre Albacete y el límite con la provincia de Jaén en la de Baeza a Utiel, equipada, además, con el sistema más moderno del momento, mediante barra larga soldada y traviesa bibloque de hormigón.
Las obras de alguna de estas líneas se paralizaron durante la República, pero en la mayoría de los casos se retomaron tras la Guerra Civil para ser definitivamente abandonadas a partir de 1962.
En la tercera categoría, la de las líneas que llegaron a abrirse al servicio total o parcialmente, pero que años después fueron clausuradas, se encuentran nueve trayectos que suman otros 1.300 kilómetros. Se trata de las que enlazaron Cuenca con Utiel, Jerez de los Caballeros con Almargen, Talavera de la Reina con Villanueva de la Serena, Bargas con Toledo, Soria con Castejón de Ebro, Huelva con Ayamonte, Alcañiz con San Carlos de la Rápita, Ontaneda con Calatayud y Murcia con Caravaca.
El grado de desarrollo de estas líneas también fue diverso. La de Cuenca a Utiel se inauguró en su totalidad el 26 de noviembre de 1947 y durante años formó parte de la conexión principal entre Madrid y València hasta que la electrificación del itinerario clásico por Alcázar de San Juan y Albacete la relegó al servicio regional. Los daños provocados por la borrasca Filomena en enero de 2021 precipitaron la suspensión del servicio. Menor utilidad llegó a tener la de Jerez de los Caballeros a Almargen, en la que se completó buena parte de la infraestructura y en los años cincuenta se montó la vía desde Jerez a Arcos para facilitar el transporte de materiales de construcción para la base Naval de Rota. Posteriormente, Renfe llegó a explotar este tramo, pero únicamente con trenes de mercancías, entre Jerez y la azucarera de Jédula.
Similar es el caso de la línea de Talavera de la Reina, aunque el empalme se estableció finalmente en la estación de Calera y Chozas, a Villanueva de La Serena. Se construyó buena parte del trazado y se llegó a tender la vía entre Logrosán y Villanueva de la Serena, tramo que se entregó a Renfe el 27 de julio de 1962. Aunque la empresa estatal llegó a realizar algunos trenes de carga desde Madrigalejo, el 17 de diciembre de 1964, decidió no abrir la línea al tráfico de viajeros y poco después se suspendieron las expediciones de mercancías.
Tampoco llegaron a completarse en su totalidad las líneas de Alcañiz a San Carlos de la Rápita y la de Ontaneda con Calatayud. La primera solo se llegó a inaugurar entre Alcañiz y Tortosa, el 24 de julio de 1942, sin que se concluyeran las obras del tramo final a San Carlos. Además, el 19 de septiembre de 1973, tras el hundimiento de un túnel, se procedió al cierre del tramo operativo. Lo mismo sucedió con el de Ontaneda a Calatayud, en el que nunca se terminó el tramo entre Ontaneda y Cidad-Dosante. El resto de la línea se completó el 20 de noviembre de 1930 y se clausuró el 31 de diciembre de 1984.
Otras cuatro líneas si llegaron a completarse en su totalidad, las de Toledo a Bargas, Murcia a Caravaca, Huelva a Ayamonte y Soria a Castejón. La primera de ellas se abrió al tráfico el el 22 de marzo de 1939, pero, construida en zonas inundables, pronto se vio afectada por las embestidas del Tajo. El 26 de febrero de 1947 una de sus crecidas paralizó el servicio y el 11 de noviembre de 1955 se decretó su clausura.
La construcción de la línea de Murcia a Caravaca se había iniciado con anterioridad al Plan de Ferrocarriles de Urgente Construcción, en 1921 y se inauguró el 29 de mayo de 1933, pero solo se mantuvo activo hasta el 16 de enero de 1971. Lo mismo sucedió con la de Huelva, en realidad, desde Gibraleón, a Ayamonte, abierta el 4 de septiembre de 1936 y clausurada el 27 de septiembre de 1987. Por último, la de Soria a Castejón se completó el 30 de septiembre de 1941 y, tras su apertura, sus vías vivieron el paso de la mayor parte de los servicios de viajeros entre Madrid y Pamplona, aunque su difícil trazado, y el hecho de que no se electrificase, hizo que con el tiempo éstos fueran nuevamente desplazados hacia la vía tradicional, pese al gran rodeo que debía darse por Zaragoza. Así fue perdiendo sus tráficos hasta que éstos fueron definitivamente suspendidos el 1 de diciembre de 1996. En la actualidad, un pequeño tramo en el entorno de la estación de Corella se ha convertido en una vía de pruebas en la que se ensayan los trenes, metros y tranvías que construye Caf para todo el mundo.
La última categoría es la de los ferrocarriles que, total o parcialmente, todavía prestan servicio. Se trata de un total de seis líneas y otros 1.200 kilómetros, en concreto, los enlaces de Madrid, el de Madrid a Burgos, Zamora a Orense y A Coruña, Ferrol a Gijón, Lleida a Saint Girons y Pontevedra a Marín.
Como en algunos casos anteriores, uno de estos ferrocarriles no se llegó a completar en su totalidad. Se trata del que debía comunicar Lleida con la ciudad francesa de Saint Girons, que nunca pasó más allá de la Pobla de Segur. En la actualidad, esta línea se mantiene en servicio de la mano de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya.
Los enlaces de Madrid, cuyas obras no se iniciaron hasta la República, régimen que, además, añadió al proyecto la construcción de un túnel urbano para comunicar la estación de Atocha con la futura terminal de Chamartín es, sin duda la de mayor éxito de todas las incluidas en el Plan de Ferrocarriles de Urgente Construcción y, en la actualidad, juega un papel fundamental en las conexiones ferroviarias de la capital española y, sobre todo, en su servicio de Cercanías. En todo caso, sus obras se desarrollaron con notable lentitud y Los primeros tramos no se pusieron en servicio hasta el 11 de abril de 1964, mientras que el túnel de unión de las estaciones de Atocha y Chamartín no fue inaugurado hasta el 17 de julio de 1968.
La situación de su vecino ferrocarril de Madrid a Burgos es menos alentadora. Las obras de los 284 kilómetros de esta línea se iniciaron el 21 de julio de 1928 y antes de la Guerra Civil ya se había completado prácticamente todo el recorrido entre Burgos y Miraflores de la Sierra. Por el contrario, nada se había hecho desde esta localidad hasta Madrid, a falta de determinar el punto en el que se ubicaría su terminal en la capital de España.
Tras la guerra, el Régimen de Franco decretó su conclusión, con la utilización de mano de obra esclava de presos republicanos, para lo que se crearon destacamentos penales en Colmenar Viejo, Miraflores, Valdemanco, Chozas de la Sierra, Bustarviejo y Garganta de los Montes. Hacia el año 1950, las obras de la infraestructura del ferrocarril directo de Madrid a Burgos estaban prácticamente finalizadas, pero los trabajos de montaje de la superestrutura no se iniciaron de inmediato, por lo que parecía que esta línea correría la misma suerte que otras del Plan Guadalhorce y quedaría definitivamente abandonada. No sería hasta el año 1962, coincidiendo con el informe emitido por el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo, que desaconsejaba la construcción de nuevos ferrocarriles en España y que por tanto supuso el definitivo abandono de la mayoría de los ferrocarriles todavía en obras, cuando se inició el montaje en vía única, pese a que toda la explanación estaba prevista para doble, entre Burgos y Aranda, aunque todavía tendrían que transcurrir seis años para su definitiva inauguración, presidida por el propio Franco, el 4 de julio de 1968.
En la actualidad, y tras el hundimiento del túnel de Somosierra en el año 2011, el ferrocarril de Madrid a Burgos solo presta servicio de viajeros entre la capital de España y Colmenar Viejo, línea de Cercanías C-4, y de mercancías hasta Soto del Real y desde Aranda de Duero a Burgos.
Otro superviviente al informe del Banco de Internacional de Reconstrucción y Desarrollo fue el del Ferrol a Gijón. No hay que olvidar que la primera de estas ciudades era la localidad natal del Dictador Franco, lo que probablemente justificó su terminación. Inaugurada en su totalidad en 1972, en la actualidad forma parte de la red de ancho métrico de Adif.
La línea Zamora a Orense y A Coruña, construida también con la mano de obra esclava de los presos republicanos en algunas de sus secciones, se inauguró en diferentes fases, hasta completarse el 8 de septiembre de 1958. Desde su apertura, la mayor parte del tráfico de viajeros entre Madrid y Galicia se desvió por esta vía, pero la nueva línea de alta velocidad le ha restado protagonismo en buena parte de su recorrido, mientras que la sección de Santiago a Coruña se ha remodelado por completo para integrarla en el nuevo servicio. Además, el túnel del Padornelo, entre Puebla de Sanabria y Ourense, con casi 6 kilómetros de longitud, se ha integrado en esta línea de alta velocidad.
Por último, cabe señalar que la pequeña línea de Pontevedra a Marín nunca llegó a estar incluido formalmente en el Plan Preferente de Ferrocarriles de Urgente Construcción, pero sus obras también se iniciaron durante la Dictadura de Primo de Rivera. Adjudicadas por el Ministerio de Fomento el 17 de noviembre de 1928, se detuvieron con la Guerra Civil y se retomaron en 1944 para quedar definitivamente paralizadas en 1955. Cuando todo parecía indicar que su suerte sería similar a la de la mayor parte de sus contemporáneos, a finales del siglo XX el proyecto resucitó ante el interés de la Xunta de Galicia de fomentar el desarrollo del puerto de Marín y se inauguró en fecha tan tardía como el 10 de julio de 2002.






















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