domingo, 8 de septiembre de 2013

EL TRANVÍA DE SODUPE A ARCENIEGA

El tranvía de vapor de Sodupe (Vizcaya) a Arceniega (Álava) es uno de los tranvías más desconocidos de nuestro país, uno de los más efímeros y, además, el único que funcionó, en el pasado, en el territorio histórico de Álava.
 
 
La Compañía del Tranvía de Vapor de Arceniega a Sodupe se constituyó en Bilbao, el 12 de marzo de 1897, con un capital de 200.000 pesetas repartido en 400 acciones suscritas por diversos vecinos de la zona que pretendía servir el nuevo tranvía. La empresa contrató con el ingeniero Felipe Gutiérrez el estudio de la línea, y tras las tramitaciones oportunas, el Gobierno otorgó la concesión a uno de los accionistas, Luis Santos Valle, el 9 de marzo de 1900. La línea se estableció en el reducido ancho de vía de 600 mm. sobre la carretera provincial que enlazaba ambas poblaciones, aunque contaba con pequeñas desviaciones en explanación propia para superar algunos de los puntos más difíciles del recorrido. El tranvía, cuya longitud total era de 14 kilómetros, tenía su punto de origen en el centro de Arceniega y finalizaba junto a la estación del ferrocarril de Santander a Bilbao en Sodupe, lugar en el que se establecieron las cocheras.
 
El tranvía de Sodupe a Arceniega, inaugurado el 18 de octubre de 1901, ofrecía cinco circulaciones diarias en combinación con los trenes del ferrocarril de Santander a Bilbao, con los que enlazaba en la estación de Sodupe. Para asegurar el servicio disponía de un parque móvil formado por dos locomotoras de vapor de rodaje 120-T, construidas por la firma británica Bagnall y bautizadas con los nombres de las estaciones extremas de la línea, "Sodupe" y "Arceniega". Por su parte, el parque de material remolcado se limitaba a tres coches de viajeros de bogies y portezuelas, con 46 asientos cada uno, un vagón de mercancías cubierto y otros dos descubiertos.
 
Debido a las numerosas deficiencias que presentaba el establecimiento del tranvía, y como consecuencia de algunos accidentes, el Ministerio de Fomento exigió la realización de diversas obras de mejora cuyo coste estimado ascendía a 110.000 pesetas. La Compañía no pudo afrontar tan importante inversión, por lo que el 25 de abril de 1911 el Gobierno promulgó una Real Orden en la que decretó la inmediata suspensión del servicio. Poco después se declaró la caducidad de la concesión y se procedió al levante de las instalaciones.

 

domingo, 1 de septiembre de 2013

EL FERROCARRIL (TAMBIÉN) CUMPLE 150 AÑOS EN GIPUZKOA

Hace 150 años, un día como hoy, 1 de septiembre, entraba en servicio la primera vía férrea del territorio histórico de Gipuzkoa, en concreto, entre Beasain y San Sebastián.
Obras de construcción del ferrocarril en Gipuzkoa. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
La promulgación, el 3 de junio de 1855, de la Ley General de Ferrocarriles y la aprobación, el 28 de enero de 1856, de la Ley General de Sociedades de Crédito, supuso un notable atractivo para la inversión ferroviaria en España y, por consiguiente, el rápido desarrollo de la red, de modo que entre 1856 y 1865 se construyeron un total de 4.354 kilómetros de vías férreas,  a un ritmo hasta entonces desconocido en la mayor parte de Europa. Por tanto, no es de extañar que, en los últimos meses, vivamos una auténtica fiebre conmemorativa de los sesquicentenarios de los primeros ferrocarriles en diversos territorios del país. Sin ir más lejos, en la anterior entrada a este blog hacíamos referencia al 150 aniversario del primer ferrocarril riojano y, dos días más tarde, le toca el turno al primer servicio ferroviario en Gipuzkoa, en concreto, la sección de Beasain a San Sebastián del Ferrocarril del Norte, línea impulsada por la Sociedad General del Crédito Mobiliario Español, entidad financiera estrechamente vinculada a un grupo de capitalistas franceses capitaneados por los hermanos Péreire.
 
La primera de las concesiones relativas al nuevo ferrocarril del Norte, la correspondiente a su segunda sección, entre Valladolid y Burgos, fue otorgada el 23 de febrero de 1856 al banquero francés Eugenio Pereire y a sus socios Eugenio Duclerc, Joaquín F. de Osma y Enrique O’Shea. Poco después, el 26 de abril, se iniciaban las obras en Valladolid, en un solemne acto presidido por el general Espartero.
Las obras del Ferrocarril del Norte se iniciaron en Valladolid. Como recuerdo de esta efeméride, todavía queda en pie el famoso arco de ladrillo. Fotografía de Juan Bautista Cabrera. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
El primero de marzo de 1856, los titulares de la concesión del ferrocarril de Valladolid a Burgos constituyeron la Sociedad del Crédito Mobiliario Español, empresa que pronto acaparó las restantes autorizaciones precisas para concluir la construcción del ferrocarril de Madrid a Irún. Así, el 18 de junio de 1856, logró la concesión para el tramo comprendido entre Venta de Baños y Alar del Rey, punto en el que se empalmaría con la empresa del Ferrocarril de Ysabel II que, en aquellos momentos, impulsaba la construcción de una vía férrea desde dicha localidad palentina hasta Santander. Meses más tarde, el 18 de octubre de 1856 el gobierno les concedió también las secciones de Madrid a Valladolid y de Burgos a la frontera francesa, pasando por Miranda de Ebro, Vitoria, Alsasua, Tolosa y San Sebastián, con una subvención por kilómetro construido de 195.246,840 Reales.
 
Gipuzkoa pronto mostró su interés por un proyecto llamado a vertebrar buena parte de su territorio. Sin embargo, en aquellos mismos momentos se impulsaba desde Navarra otra iniciativa, la del ferrocarril de los Alduides, que proponía enlazar directamente Pamplona con Baiona. De construirse esta vía férrea era de esperar que la mayor parte de las mercancías con origen o destino en el interior peninsular, optarían por embarcar o desembarcar en el puerto de Baiona en detrimento de la dársena donostiarra.
 
Para conjurar el peligro de quedar marginada por la nueva red de comunicaciones, las autoridades guipuzcoanas decidieron colaborar en la financiación de las obras del ferrocarril del Norte a su paso por el territorio. Para ello, la Diputación a través de sus comisionados Fermín Lasala y Luis de Mariategui, negoció con el Crédito Mobiliario Español los términos de la subvención que permitiría desenclavar definitivamente el proyecto y, finalmente, el 29 de diciembre de 1857 se alcanzó un acuerdo por el que las obras del ferrocarril entre Irún, San Sebastián y Ordizia se realizarían en el plazo máximo de cuatro años, en lugar de los siete inicialmente establecidos en la concesión y, a cambio, Guipúzcoa contribuiría con 25 millones de reales, de los que la propia Diputación aportaría cuatro, mientras el resto se cubriría mediante una suscripción popular.
El primer ferrocarril guipuzcoano partía de la estación de Beasain. Fotografía de Miguel Cano López Luzatti
 
Una vez alcanzado el acuerdo con la empresa francesa, la Diputación de Gipuzkoa abrió una suscripción popular para reunir los 21 millones de reales necesarios para completar la subvención comprometida, con aportaciones de todo tipo de procedencias. Incluso el clero guipuzcoano, al que muchas veces se ha tachado de enemigo del progreso, también contribuyó, en la medida de sus posibilidades, al definitivo impulso de la obra, tal y como señalaba la Gaceta de los Caminos de Hierro en su edición del 28 de febrero de 1858:
 
El clero de esta nobilísima provincia solo por su amor al país que le vio nacer, y por su eterna gratitud a los beneficios y protección que en todas épocas ha merecido de ella, se presta espontánea y muy gustosamente a cooperar con los medios que se hallan a su alcance, a fin de que salga airosa en su ardua empresa; y anuncie a V.S. para que sepa todo el país que no lo haría, ni lo hace por vía de especulación y por intereses materiales que le puedan redundar de ello, sino únicamente para dar una pequeña prueba de su eterno agradecimiento a la nobilísima provincia, su protectora.

En consecuencia, en poco más de un mes se cubrió la suscripción abierta por la Diputación, en la que cabe destacar los cuatro millones de reales llegados de la isla de Cuba. Los indianos, hijos de la provincia residentes en la isla antillana, seguían pendientes de los problemas de su tierra natal. 

Estación de Tolosa, a mitad de camino entre Beasain y San Sebastián. En 1929 se electrificó el Ferrocarril del Norte a su paso por Gipuzkoa. Fotografía de Christian Schnabel. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
Una vez asegurada la financiación, se pudo dar inicio a las obras de construcción del ferrocarril, el 22 de junio de 1858. La jornada contó con dos actos inaugurales; primero en Tolosa, donde se acometió simbólicamente la perforación de una trinchera tras el frontón de San Francisco y, por la tarde, en San Sebastián, donde, según señalan las crónicas
 
Llegados que fueron a las márgenes del Urumea, embarcáronse todos en lanchas planas, y se trasladaron a la otra orilla, donde una hilera seguida de mástiles adornados con banderas nacionales venia trazando la línea del ferro-carril. Al abordar las lanchas, vino a sorprender agradablemente a la comitiva el estallido de varías minas o barrenos, cuyo resultado fue extender la tierra hacía la orilla, facilitando el desembarque. Efectuado este a son de música, situóse toda la  comitiva en el terreno señalado para la inauguración, echando una bendición un sacerdote al efecto designado. Los señores gobernador civil, diputado general y alcaldía primero pronunciaron discursos alusivos a tan solemne acto, concluido lo cual se cantó un himno por más de 200 niños.

Todavía fue preciso un nuevo acuerdo entre la Diputación de Guipúzcoa y los promotores del ferrocarril para dar definitivo impulso a las obras de construcción de la sección comprendida entre Ordizia y Zumárraga. Firmado el 15 de octubre de 1858, el convenio garantizaba la puesta en marcha de las obras en esta sección, a cambio de una subvención de ocho millones de reales.
 
La gestión directa de la construcción y posterior explotación de un ferrocarril desde una entidad bancaria como la Sociedad del Crédito Mobiliario Español, no dejaba de ser compleja, por lo que sus promotores decidieron crear una sociedad filial, la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, constituida el 29 de diciembre de 1858, a la que traspasaron todas sus concesiones. Por tanto, desde dicha fecha, la nueva empresa se hizo cargo de las obras y del futuro servicio ferroviario entre Madrid e Irún.
Estación del Norte en Donostia. Año 1919. Fotografía de José Isard. Archivo de Josep Miquel Solé
 
La construcción del ferrocarril del Norte a su paso por Gipuzkoa fue especialmente compleja, ya que la vía debía afrontar el difícil paso de la cordillera que representa la divisoria de aguas entre el Cantábrico y el Mediterráneo. Para poder valorar la complejidad de este tramo basta señalar que sus cien kilómetros de recorrido estaban jalonados por 31 túneles, cuya longitud sumaba un total de 14.224 metros, es decir, un 14% del nuevo ferrocarril transcurría bajo tierra, por las entrañas del territorio histórico. Sin duda, la actuación más importante fue la perforación del gran túnel de Oazurza, de 2.957 metros de longitud, que permitía a la vía saltar de la cabecera del valle del Oria a la del Urola, entre las estaciones de Zegama y Brinkola-Oñati. Por sus dimensiones, el túnel de Oazurza supuso un record a nivel estatal, que ostentó durante veinte años hasta que le fue arrebatado por el de la Perruca, en Pajares, de 3.075 metros, inaugurado en 1884. Además, otras dos galerías superaron el kilómetro de longitud, la de Otzaurte, entre Alsasua y Zegama que, con sus 1.156 metros permite superar la divisoria de aguas entre el Mediterráneo y el Cantábrico, y la de Urnieta, de 1.004 metros, que facilita el paso del valle del Oria al del Urumea. El de menor entidad es el túnel de Pajiza, de tan sólo 68 metros de longitud.
El Ferrocarril del Norte cruza hasta en quince ocasiones el cauce del río Oria. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi
 
Por otra parte, el cruce de barrancos y ríos también exigió la construcción de 34 puentes con una luz superior a los diez metros, lo que representaba una longitud total de 1.374 metros. De ellos, quince servían para cruzar sucesivamente el cauce del río Oria, mientras que con los restantes se superaban los cauces del arroyo Salera y los ríos Estanda, Leizarán, Urumea, Oiartzun y Bidasoa.
 
Once de los puentes del ferrocarril del Norte eran de estructura metálica y los restantes de sillería. Entre los primeros sin duda destacaba el espectacular viaducto de Ormaiztegi, que con sus cinco vanos, 288 metros de longitud y 35 metros de altura máxima, superó en su día diversos registros a nivel nacional. Levantado sobre dos estribos y cuatro grandes pilares de sillería, sus vigas metálicas, realizadas mediante celosías múltiples, fueron diseñadas por el ingeniero francés Alexander Lavalley y fabricadas en los talleres que la sociedad Ernest Gouin et Compagnie poseía en el parisino barrio de Batignolles.
En la primera década del siglo XX la Compañía del Norte estableció la doble vía en todo su recorrido guipuzcoano. Fotografía de Christian Schnabel. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
Es preciso recordar que, en aquella época, la red viaria guipuzcoana carecía de túneles, a excepción de la galería natural existente en el paso de San Adrián, es decir, la experiencia en la materia era nula. Sobre la génesis y las obras de construcción del ferrocarril del Norte en Gipuzkoa, dirigidas por el ingeniero francés Letorneur, resultan de obligada lectura los dos tomos que al respecto han publicado recientemente Pello Joxe Aramburu y Luis María Intza, por lo que remitimos a los interesados en profundizar sus conocimientos al respecto a esta obra. En todo caso es importante reseñar que, en un principio, las obras se repartieron entre numerosos contratistas, algunos locales y otros foráneos, sobre todo franceses, a los que se asignó secciones de pequeña longitud. Sin embargo, el grave retraso que experimentaron los trabajos en el tramo más complejo, el comprendido entre el límite con Navarra y Beasaín, hizo que en 1863 la Compañía del Norte encomendara este trayecto a la sociedad francesa Ernest Gouin et Compagnie.
 
La nueva empresa constructora aportó los mejores medios mecánicos disponibles en la época, incluidas algunas máquinas de vapor utilizadas en la perforación del gran túnel de Oazurza, así como una ingente cantidad de mano de obra que, en algunos momentos, sumó más de 9.000 trabajadores, con lo que pudo cumplir el plazo comprometido con la Compañía del Norte para concluir las obras en el verano de 1864. En consecuencia, la línea se pudo inaugurar en cuatro fases, la primera de ellas, comprendida entre Beasaín y Donostia, el 1 de septiembre de 1863, es decir, hace exactamente 150 años. La Gaceta de los Caminos de Hierro señalaba al respecto que:

El día primero del corriente, se abrió a la explotación, la sección del ferro-carril del Norte de Beasain a San Sebastián, que mide 42 kilómetros. La de San Sebastián a Bayona está muy adelantada y si los trabajos resisten bien las lluvias de otoño, es de esperar que se pueda abrir para el primero de enero de 1864.

Lamentablemente, no se llegó a cumplir la optimista previsión de la Gaceta, ya que la totalidad del ferrocarril del Norte no se pudo inaugurar hasta el día 15 de agosto de 1864.

Inauguración del Ferrocarril del Norte en San Sebastián. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

 

jueves, 29 de agosto de 2013

EL TREN CUMPLE 150 AÑOS EN LA RIOJA

Primitiva estación de Logroño. Fotografía de Jean Laurent. Patrimonio Histórico, Ministerio de Cultura
 
Hoy, 30 de agosto de 2013, se conmemora el 150 aniversario de la inauguración del primer ferrocarril de La Rioja, la línea que, de Este a Oeste, desde Castejón hasta Miranda de Ebro, recorre el territorio de esta singular comunidad autónoma.
 
El primer ferrocarril riojano formaba parte de la línea de Tudela a Bilbao cuya primera sección, entre la capital vizcaína y Miranda de Ebro, se inauguró con toda solemnidad el 1 de marzo de 1863, tal y como recordamos en este blog oportunamente. Poco después se abrió al tráfico el tramo comprendido entre Haro y Miranda, pero la totalidad de la línea no quedó concluida hasta el 30 de agosto de 1863. El magno acontecimiento fue puntualmente recogido por los medios de comunicación de la época, como es el caso del diario La Correspondencia de España, que en su edición del siguiente 2 de septiembre señalaba:
El ferrocarril penetra en La Rioja por las Conchas de Haro. Fotografía de Jean Laurent. Patrimonio Historico, Ministerio de Cultura
 
El 30 se ha verificado la inauguración de toda la línea del ferro-carril de Tudela a Bilbao. En la mañana del mismo día salió de este último punto un tren, compuesto de algunos coches y un magnífico salón que conducía al consejo de administración, al gobernador de Bilbao, Sr. Muñoz, el director general, Sr. Cipriano Segundo Montesinos, a varios ingenieros y algunas otras personas.
 
El tren llegó a Logroño a las doce del día y el consejo se apresuró en el poco tiempo que tenía disponible a invitar a las autoridades y algunos particulares para que les acompañasen en la expedición. Tomaron parte en ésta el Excmo. Sr. Duque de la Victoria, acompañado del brigadier Gurrea y del ayudante a las órdenes, coronel Murrieta, el gobernador civil de la provincia, Sr. Travado, el brigadier gobernador militar, Sr. Inestal, los diputados provinciales señores Eulater y Martínez Llorente, el alcalde de la capital, Sr. Apellaniz y otras varias personas.
Estación de Castejón de Ebro. Fotografía de Jean Laurent. Patrimonio Histórico, Ministerio de Cultura
 
El tren se detuvo en su marcha en las estaciones de Calahorra, Alfaro y Castejón. En este punto se encontraban ya, el gobernador de Navarra, Sr. Pesquera, el regente de la audiencia, el director-gerente de la empresa del ferro-carril de Pamplona a Zaragoza y algunos otros, conducidos por un tren especial. Después de haber permanecido un tiempo en esa estación, el tren volvió a ponerse en camino para Logroño, con las mismas personas que había llevado.
 
El viaje se ha hecho con toda comodidad y sin que se haya tenido que registrar el más pequeño incidente desagradable, a pesar de que la expedición se ha verificado a gran velocidad, puesto que el tren andaba unas doce leguas por hora.
 
Este paseo de inauguración ha proporcionado, a quienes lo han hecho, al par de la satisfacción de ver reunidas tantas personas notables, la de admirar las grandes obras de fábrica ejecutadas en la vía, de las cuales son las principales tres puentes de hierro y la desviación del curso del caudaloso Ebro, hechas en el sitio llamado de San Martín.
Obras del ferrocarril de Tudela a Bilbao junto al Ebro. Fotografía de Jean Laurent. Patrimonio Histórico, Ministerio de Cultura
 
No deja de resultar llamativo el comentario del cronista relativo a la ausencia de incidentes prese a la gran velocidad del tren, sobre todo si se tiene en cuenta que la velocidad de doce leguas por hora corresponde, aproximadamente, a 66 kilómetros por hora, marcha realmente sorprendente para la época y, también, bastante apurada para un trazado que, pese a transcurrir en su totalidad por el valle del Ebro, presenta una planta muy sinuosa, al ceñirse a los grandes meandros que traza el río.
Por su pequeña envergadura, los jarreros pronto bautizaron al tren de Haro a Ezcaray como el "Bobadilla". Fotografía de Jeremy Wiseman
 
Tras la inauguración del gran eje ferroviario que vertebra La Rioja de Este a Oeste, este medio de transporte no experimentó más ampliaciones, al menos en ancho de vía español. Solamente los valles que siguen los afluentes más extremos del Ebro, los del Oja y el Cidacos, contaron con ferrocarriles de vía estrecha de efímera existencia. El primero de ellos, inaugurado el 10 de julio de 1916, enlazaba Ezcaray con Haro y los habitantes de esta última ciudad, acostumbrados a la gran envergadura de los trenes de vía ancha, pronto bautizaron al de vía estrecha como el "Bobadilla". En el otro extremo de la provincia, en 1922 entraban en servicio los primeros tramos del tren de Calahorra a Arnedillo. Ambas líneas fueron clausuradas a lo largo de los años sesenta del pasado siglo.
La tracción vapor se mantuvo activa en La Rioja hasta 1975. Fotografía de Peter Willen
 
Mientras tanto, el histórico ferrocarril de Tudela a Bilbao cambió de manos en sucesivas ocasiones. En 1878 la primitiva compañía concesionaria que lo había puesto en marcha, cedió la línea a la poderosa Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España que, a su vez, fue nacionalizada e integrada en Renfe en 1941. Lamentablemente, durante décadas, ninguna de estas empresas realizó inversiones de relevancia que permitieran la mejora del servicio ferroviario como la construcción de variantes de trazado o la duplicación de la vía. De hecho, la única actuación de entidad fue la realizada en los años cincuenta con el propósito de alejar la estación del centro de Logroño. Mientras tanto, los trenes seguían remolcados por anticuadas locomotoras de vapor que no fueron definitivamente jubiladas hasta abril de 1975. Un año después, la instalación de la catenaria supuso la principal modernización que ha experimentado la línea a lo largo de su siglo y medio de existencia, con la definitiva implantación de la tracción eléctrica que, en la actualidad, sigue asegurando el arrastre de los principales tráficos ferroviarios en La Rioja.
Desde 1976, la mayor parte de los tráficos ferroviarios de La Rioja son asegurados con tracción eléctrica

domingo, 25 de agosto de 2013

LOS PRESOS DEL FERROCARRIL DE BERMEO


Presos del franquismo en las obras del ferrocarril de Bermeo, vigilados por una pareja de la Guardia Civil
 
Este mes hemos conmemorado el 125 aniversario de la inauguración del ferrocarril de Amorebieta a Bermeo. En las dos entradas que hemos dedicado a recordar esta efeméride en este blog, también se ha tratado sobre la posterior prolongación de esta línea hasta Bermeo y la utilización de mano de obra esclava, presos del régimen franquista, en estas difíciles obras.
 
La mano de obra de presos y penados interviene en el ferrocarril de Amorebieta a Bermeo en dos etapas diferenciadas, la primera, inmediatamente después de la caída de Gernika en manos del ejército rebelde y se prolongaría hasta el año 1945. La segunda, desde la creación del destacamento penitenciario de Bermeo el 21 de enero de 1953, hasta su definitiva disolución el 30 de mayo de 1958. En la primera etapa, la inmensa mayoría de los penados eran represaliados republicanos, gudaris, milicianos y soldados, mientras que en la segunda eran en buena parte presos condenados por delitos comunes.
Talleres de la estación de Gernika, destruidos tras el bombardeo de la aviación franquista
 
Una vez el ferrocarril en manos del ejército rebelde, batallones de prisioneros republicanos participaron en las obras de reconstrucción de la línea, principalmente en lo relativo a las instalaciones de la estación de Gernika, totalmente destruidas tras el bombardeo al que sometió a la población la Legión Cóndor el 26 de abril de 1937. Posteriormente, también se recurrió a los trabajadores forzados dependientes de la Dirección General de Regiones Devastadas en las obras de renovación de vía realizadas durante los años cuarenta.
 
La reconstrucción de Gernika fue acometida por la Dirección General de Regiones Devastadas, recurriendo en un principio a la mano de obra de batallones de trabajadores forzados y posteriormente mediante el establecimiento de un Destacamento de Soldados Trabajadores que en el año 1942 contaba con 182 presos. Un año más tarde la cifra se elevaba a 250 penados, mientras que en 1944 su número se había reducido a 97 reos y un centenar de obreros libres, en su inmensa mayoría «libertos », es decir, antiguos presos que al ser condenados a destierro y no poder por tanto regresar a su tierra natal, optaron por continuar trabajando en sus antiguos puestos. A medida que finalizaban las obras de reconstrucción de Gernika, se redujo la actividad del batallón de soldados trabajadores, que quedó disuelto en 1945, aunque 45 de sus presos fueron remitidos a Amorebieta donde continuaron trabajando en las obras que desarrollaba en esta localidad la Dirección General de Regiones Devastadas.
Edificio de viajeros de la estación de Gernika tras el bombardeo
 
Aunque los libertos eran en principio trabajadores libres, continuaron en gran medida sujetos a la disciplina militar de los destacamentos de trabajadores de los que seguían formando parte, siempre bajo la amenaza de que cualquier denuncia podría quebrar su régimen de libertad condicional. Muchos de ellos, al no disponer de un domicilio, establecieron su residencia provisional en las propias dependencias del centro de reclusión, situado en la calle de los Tilos, en el antiguo colegio de los Agustinos. Incluso los habitantes de la comarca difícilmente distinguían entre penados y «libertos».
 
Estación de Gernika, una vez reconstruida tras el bombardeo. Se observa que la mayor parte de la población sigue destruida
 
Finalizada la reconstrucción de Gernika, los «libertos» continuaron trabajando en diversas obras realizadas en la comarca, participando muchos de ellos en la construcción de la prolongación del ferrocarril entre Pedernales y Bermeo.
 
Obras de prolongación del ferrocarril a Bermeo
 
A pesar de la participación de los libertos en las obras de prolongación del ferrocarril entre Pedernales y Bermeo, la escasez de mano de obra provocaba constantes retrasos en su ejecución. Por ello, la empresa contratista, Banús Hermanos, solicitó a Instituciones Penitenciarias el establecimiento de un destacamento penal en Bermeo, que inició su actividad el 21 de enero de 1953.
Un Guardia Civil armado, vigila las obras de prolongación del ferrocarril a Bermeo
 
Inicialmente el destacamento contaba con un total de 20 penados, pero pronto se incrementó su número, alcanzando un total de 43 en diciembre de 1953. Ese mismo año hay constancia de que se produjeron al menos dos evasiones.
 
La media de penados en el destacamento penitenciario de Bermeo en 1954 fue de 66 personas que realizaron «la prolongación del espigón del dique del punto en 20 metros, empleando bloques de cemento ciclópeo de 40.000 kilogramos cada uno. En el ferrocarril se han construido 500 metros que faltaban del último trozo, después de haber llevado a cabo la perforación de tres túneles que suman en total 310 metros».
Construcción del viaducto de Lamiaran. Batidas constantemente por el oleaje, estas obras se cobraron la vida de varios presos
 
En 1955, los sesenta penados que de media trabajaron en el destacamento de Bermeo contribuyeron al montaje de la vía entre Pedernales y Bermeo, «así como al desmonte de 30.000 metros cúbicos de tierra para la construcción de almacenes y estaciones de ferrocarril y obras accesorias en toda la línea». La memoria de la Dirección General de Prisiones del mismo año también señalaba que «Oficialmente fue inaugurado el ferrocarril en el mes de agosto por el Jefe del Estado y varios Ministros, y se halla en pleno funcionamiento. No obstante, faltan algunas obras accesorias para quedar definitivamente terminado, como son la construcción de muros en varios tramos».
Obras de prolongación del ferrocarril a Bermeo
 
En efecto, los años siguientes los presos del destacamento de Bermeo continuaron realizando obras de consolidación y mejora del ferrocarril. En 1956 se construyeron diversos muros de sostenimiento de una altura media de 2 metros y 800 de longitud, realizándose varios desmontes con un volumen de 10.000 metros cúbicos, mientras que en la cantera de Pedernales se extrajeron 6.000 metros cúbicos de piedra. Un año más tarde la actividad del destacamento se centró preferentemente en las obras del puerto y en la explotación de la cantera de Pedernales.
Llegada de la primera locomotora de vapor, con un tren de trabajos, a Bermeo
 
El 30 de mayo de 1958, una vez que las obras que motivaron la creación del destacamento, la prolongación del ferrocarril y la ampliación del puerto, estaban concluidas, se decidió el cierre de esta dependencia, por lo que los treinta presos que todavía permanecían en este centro fueron trasladados a un destacamento de nueva creación en La Unión (Murcia) y al existente en Mirasierra (Madrid).
 
A diferencia del periodo anterior, buena parte de los presos que desarrollaron su actividad en el destacamento de Bermeo, habían sido condenados por delitos comunes, encontrándose algunos casos llamativos como el un militar de alta graduación del ejército nacional, o un grupo de guardias civiles.
Invitación a la inauguración del ferrocarril a Bermeo. En el acto, nadie se acordó de los presos que trabajaron como esclavos en las obras, ni siquiera de los que perdieron la vida en ellas
 
El comandante L.U.M. había sido condenado a doce años de reclusión por Fraude Militar, e ingresó en prisión el 29 de abril de 1955. El 10 de noviembre del mismo año fue trasladado al destacamento de Bermeo, donde permaneció hasta obtener la libertad condicional el 19 de septiembre de 1957.
Tren inaugural de la línea de Bermeo, fotografiado en la estación de Pedernales
 
Los Guardias Civiles M.T.B., H.C.C., J.R.B., A.G.H., V.F.M. y B.R.L. fueron condenados en Consejo de Guerra el 5 de junio de 1955 a cuatro años, dos meses y un día por quebrantamiento de consigna y cohecho, en un caso de contrabando de diversos materiales, principalmente rodamientos y recambios para automóviles, que se transportaban mediante lanchas desde Bayona a la ría de Gernika. El 21 de septiembre de 1956 fueron trasladados al destacamento de Bermeo donde trabajaron en las obras del puerto y del ferrocarril hasta obtener la libertad condicional en 1958, coincidiendo con el desmantelamiento de este centro penitenciario.

El dictador Franco inauguró la prolongación del ferrocarril de Bermeo

martes, 20 de agosto de 2013

NUNCA DIGAS, NUNCA JAMÁS

Portada del último número de Tramways & Urban Transit
 
Hoy he recibido el último número de la revista Tramways & Urban Transit, la principal publicación mundial sobre tranvías. Su portada está ocupada por una fotografía de los tranvías construidos por CAF para Zaragoza y en su interior, el lector puede encontrar un amplio dossier especial sobre la que, probablemente, sea en la actualidad la mejor red tranviaria española. Sin duda, los tranvías Urbos 3 fabricados por CAF para la capital aragonesa, protagonizan buena parte del artículo. Pero, además, la página 368 está dedicada a un amplio artículo que informa sobre los tranvías que la empresa vasca ha construido para la ciudad británica de Birmingham, mientras que en la 398 informa sobre el último contrato tranviario obtenido por esta compañía: el suministro de tres tranvías, con opción de compra de otros seis, para la ciudad italiana de Cagliari (Cerdeña).
En mi primera visita, la única actividad en CAF era la mejora de una locomotora eléctrica y dos coches de viajeros
 
Tal cúmulo de informaciones sobre los éxitos tranviarios de CAF, me ha hecho recordar la primera vez en la que tuve ocasión de visitar la principal factoría de la firma guipuzcoana en Beasain. Era el mes de junio de 1988 cuando la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Guipúzcoa organizó una visita  sus instalaciones, con motivo del XXVI Congreso de la Federación Española de Amigos del Ferrocarril. Lo cierto es que el panorama que ofrecía la empresa a los expedicionarios era ciertamente desolador, ya que en sus amplias naves, prácticamente sin actividad, solamente pudieron ver la locomotora 269-604 de Renfe en proceso de reforma, así como dos antiguos coches de la serie 8.000 que se estaban transformando en coches-cama Gran Clase. A la vista de tan escasa carga de trabajo, el futuro de CAF no parecía muy prometedor.
En 1987 tuve ocasión de vivir la inauguración del primer tranvía de piso bajo del mundo en Grenoble (Francia)
 
Durante la visita, y en compañía del gran experto en tranvías, José María Valero Suárez, me dirigí a un destacado ingeniero de CAF que acompañaba a nuestro grupo, preguntándole si se habían planteado la posibilidad de abordar el mercado tranviario o, incluso, realizar labores de fomento para su implantación en España, dada la positiva experiencia de las ciudades en las que se había recuperado este medio de transporte en Estados Unidos (San Diego), Canadá (Edmonton y Calgary), Holanda (Utrecht) y Francia (Nantes y Grenoble). La respuesta del ingeniero no pudo ser más demoledora: "los tranvías no tienen futuro, solo tienen interés para románticos como Valero o como tú". ¡Quién iba a decir que, veinticinco años más tarde, CAF se iba a convertir en uno de los principales constructores de tranvías del mundo!
CAF construyó sus primeros tranvías como subcontratista de Siemens para Valencia
 
Lo cierto es que, en un principio, CAF no pareció interesarse por el mercado tranviario. De hecho, sus primeros tranvías modernos únicamente los construyó como subcontratista de la firma alemana Siemens, adjudicataria del primer tranvía moderno de España, implantado en Valencia. Poco después, también fabricó seis vehículos similares para los tranvías de Lisboa.
Tranvía de Lisboa construido por CAF tras ser subcontratada su fabricación por Siemens
 
Tras el indiscutible éxito de los primeros tranvías valencianos y el interés que, en consecuencia, despertó este medio de transporte en otras ciudades españolas, CAF comenzó a estudiar el desarrollo de su propio modelo de tranvía. De este modo, en 1997, dentro del programa de investigación europeo Eureka y en colaboración con la firma suiza Vevey, que aportaba el diseño de un revolucionario bogie para vehículos de piso bajo, proyectó el primer tranvía de la familia Urbos que llegó a ser contratado por la ciudad británica de Leeds aunque, finalmente, la iniciativa no llegó a buen puerto.
Bilbao se convirtió en un magnífico escaparate para los productos tranviarios de CAF. Fotografía de Marcos Maté Luna
 
No sería hasta el año 2002 cuando entró en servicio el primer tranvía diseñado por CAF aunque su arquitectura recuerda, en muchos aspectos, los coches suministrados a Valencia, de la mano de Siemens, en 1994. Aunque los vehículos eran de piso bajo parcial, en un 70% de su longitud, una de las unidades disponía de un bogie prototipo que sirvió de base para el futuro desarrollo de tranvías  con piso bajo en el 100% de su longitud.
Tranvía construido por CAF para Belgrado
 
Tranvía construido por CAF para Edimburgo
 
Bilbao se convirtió en un magnífico escaparate para CAF y aunque no ha construido más tranvías de piso bajo parcial, como los de la capital vizcaína (salvo para Houston), ha permitido que el constructor vasco se convierta en uno de los líderes mundiales del sector. En la actualidad, CAF ha vendido sus tranvías a ciudades como Vitoria, Vélez-Málaga, Sevilla, Zaragoza, Málaga o Granada y, además, los ha exportado con éxito a Birmingham y Edimburgo (Gran Bretaña), Antalya (Turquía), Tallin (Estonia), Belgrado (Serbia), Debrecen (Hungría), Cuiaba (Brasil) o Kaohsiung (Taiwán). Por otra parte, gracias a los tranvías, CAF ha logrado penetrar por primera vez en mercados tan exigentes como Suecia (Estocolmo), Australia (Sidney), Alemania (Friburgo), Francia (Besançon y Nantes) o Estados Unidos (Sacramento, Pittsburgh, Houston y Cincinnati) hasta entonces vedados a sus productos. En consecuencia, a diferencia de lo que pude ver en 1988, los talleres de CAF se encuentran en la actualidad desbordados de carga de trabajo que, en buena medida, proviene de sus tranvías. ¡Quién iba a decir que el tranvía solo era para románticos!
Moderno tranvía suministrado por CAF a Nantes, estacionado junto a un tranvía histórico de esta ciudad francesa
 

viernes, 16 de agosto de 2013

EL TREN DE GERNIKA CUMPLE 125 AÑOS (Y II)

 
La larga marcha a Bermeo
 
Las primeras propuestas para prolongar las vías más allá de Pedernales se plantearon en 7 de noviembre de 1895, cuando una Junta Extraordinaria de los accionistas del ferrocarril de Gernika, aprobó la construcción de un pequeño ramal entre Pedernales y la ensenada de Portuondo, con el fin de mejorar sus conexiones con el tráfico marítimo. Para la financiación de estas obras los accionistas decidieron renunciar al reparto anual de beneficios hasta alcanzar la suma prevista en esta inversión.
Recreación del tranvía de Pedernales a Bermeo. Dibujo de José Vicente Coves Navarro
 
Mientras tanto se gestionaba la realización de esta obra, otra empresa impulsó el establecimiento de un tranvía de tracción animal entre la estación de Pedernales y Bermeo, inaugurado el 1 de septiembre de 1896. Con su puesta en servicio, la Compañía del Ferrocarril de Amorebieta a Guernica y Luno y Pedernales consideró que la comunicación con Bermeo quedaba correctamente garantizada, por lo que renunció definitivamente a cualquier tipo de ampliación. Sin embargo, la vida del nuevo medio de transporte fue efímera, ya que fue suprimido en 1918.
Locomotora "Orive" del ferrocarril de Luchana a Munguía, empresa que pretendió alcanzar con sus vías el puerto de Bermeo. Fotografía de Gustavo Reder
 
El ferrocarril de Gernika no fue el único interesado en alcanzar Bermeo con sus vías. Otra compañía del entorno, la del ferrocarril de Lutxana a Mungia encomendó, en 1890, el proyecto de ampliación de su trazado hasta la villa costera al ingeniero bilbaíno Ernesto Hoffmeyer. Para incentivar la obra, el ayuntamiento de Bermeo acordó, en sesión del 10 de junio de 1890, otorgar una subvención de 250.000 pesetas si el presupuesto de la nueva línea no excedía de 1.750.000 pesetas, y con el 20% del exceso si sobrepasaba dicha cifra. Sin embargo, y a pesar de este decidido apoyo, la compañía ferroviaria no logró reunir los recursos financieros precisos para afrontar la empresa.
 
La Ley de Ferrocarriles Secundarios de 1904 resucitó el proyecto del ferrocarril a Bermeo, al declarar como prioritaria la construcción de un ferrocarril entre Mungia, Bermeo y Pedernales, lo que supondría la unión de las dos líneas concurrentes a través de la villa costera. Cinco años más tarde, en 1909, la Compañía del Ferrocarril de Lutxana a Mungia solicitó la oportuna concesión, al amparo de la Ley de Ferrocarriles Secundarios, para la construcción de la sección comprendida entre Mungia y Bermeo, según un nuevo proyecto, redactado por el ingeniero José Orbegozo, pero la petición fue rechazada al no contemplar la realización integral de la línea amparada por la garantía de interés establecida en la citada Ley, es decir, hasta Pedernales.
La Compañía del ferrocarril de Bilbao a Lezama también se interesó en la construcción del ferrocarril a Bermeo. En la imagen, la locomotora "Derio" de este ferrocarril. Fotografía de Gustavo Reder
 
Ante esta situación, fue una tercera empresa la que finalmente solicitó la concesión del ferrocarril de Mungia a Bermeo y Pedernales, la Compañía del Ferrocarril de Bilbao a Lezama. Gracias a los trabajos realizados por el ingeniero bermeano José Ucelay e Isasi, se presentó el oportuno anteproyecto en junio de 1915 y, el 11 de diciembre de 1917, la Gaceta de Madrid anunció la apertura del concurso de proyectos para su construcción. Dos años más tarde, el 26 de noviembre de 1919 el gobierno otorgó la concesión a Francisco de Las Heras y Ávila, presidente del Consejo de Administración del ferrocarril de Lezama. Sin embargo, el notable incremento de precios que experimentó la economía del país durante la primera guerra mundial había disparado el coste de construcción real de la línea, mientras que la concesión solamente garantizaba la inversión a realizar en base a un proyecto valorado antes de iniciarse la contienda. Por ello, la compañía del ferrocarril de Lezama se vio finalmente obligada a renunciar al proyecto y, el 20 de septiembre de 1920 caducó la concesión.
 
Pese al nuevo fracaso, se logró incluir la sección entre Bermeo y Pedernales en el anteproyecto de ferrocarriles del año 1926, impulsado por el Gobierno de Primo de Rivera, aunque finalmente no fue considerado en el Plan de Construcción Urgente de Ferrocarriles aprobado en base al citado documento.
 
Guerra Civil
 
Tras la caída de la Dictadura, los proyectos de prolongación a Bermeo quedaron nuevamente abandonados. Además, dada la delicada situación financiera del concesionario, la gestión de la línea de Amorebieta a Pedernales fue asumida por la Explotación de Ferrocarriles por el Estado.
La estación fue uno de los objetivos del criminal bombardeo de Gernika
 
Picasso inmortalizó en su universal «Gernica» el trágico bombardeo que sufrió la villa foral el 26 de abril de 1937. Entre otros muchos objetivos civiles, las bombas arrojadas desde los aviones alemanes e italianos, aliados de Franco, destruyeron por completo la estación y buena parte del material móvil del ferrocarril. Por otra parte, en su retirada, las tropas leales a la República destruyeron el puente metálico sobre el río Ibaizábal, en Amorebieta.
El bombardeo de Gernika provocó graves averías en las locomotoras del ferrocarril de Amorebieta a Pedernales. Para su inmediata puesta en servicio, se alquiló una locomotora al ferrocarril de Sádaba-Gallur que tuvo que ser trasladada por una vía provisional montada en la carretera ya que todavía no se había reparado el puente sobre el Ibaizabal. Archivo de Gernikazarra Historia Taldea
 
Una vez en manos de los rebeldes, la prioridad fue la reconstrucción de las instalaciones y material móvil destruidos durante el conflicto. Sin embargo, concluida la guerra, la Explotación de Ferrocarriles por el Estado planteó nuevamente la prolongación de la vía entre Pedernales y Bermeo.
En 1944 se iniciaron las obras de prolongación del ferrocarril a Bermeo
 
El 9 de febrero de 1942 se concluyó la redacción del proyecto constructivo de la prolongación, con un presupuesto de 7.201.052,85 pesetas. Definitivamente aprobado por Orden Ministerial de 27 de marzo de 1944, meses después, el 24 de agosto, se procedió a la bendición de las obras.
En 1947, la falta de recursos paralizó las obras del ferrocarril a Bermeo
 
A pesar del gran boato que rodeó el acto de bendición, las obras pronto debieron afrontar serios problemas, al quedar desiertas las sucesivas subastas como consecuencia de los bajos precios estipulados y la falta de mano de obra en la zona. Por ello fue preciso reformar los proyectos. No obstante, aunque finalmente se licitaron varios tramos, las obras quedaron totalmente paralizadas en 1947.
Agentes de la Guardia Civil vigilaban el trabajo de los presos en las obras del ferrocarril de Gernika
 
Un año más tarde, un nuevo contratista, la empresa Banús Hermanos, S.A. retomó las obras, aunque el ritmo seguía siendo lento debido a la crónica falta de mano de obra, así como a la insuficiencia de los presupuestos. A partir de 1953, ambos problemas quedaron definitivamente superados, mediante la consignación de las aportaciones económicas necesarias por parte del Ministerio de Obras Públicas y, sobre todo, gracias al recurso a mano de obra esclava de un Destacamento Penitenciario establecido dicho año en Bermeo. Finalmente, el 16 de agosto de 1955 se procedió a la inauguración de la línea, con presencia del General Franco, quien recorrió el nuevo trayecto hasta Pedernales en una composición remolcada por la primera locomotora diesel Alsthom que circuló en los ferrocarriles de vía métrica españoles.

Tren inaugural del ferrocarril de Bermeo, remolcado por una modernísima locomotora diesel-eléctrica Alsthom
 
Finalizados los fastos inaugurales, el servicio de trenes a Bermeo fue asumido por las veteranas locomotoras de vapor. Fotografía de Jeremy Wiseman