miércoles, 11 de marzo de 2026

EL FERROCARRIL DEL UROLA CUMPLE 100 AÑOS (y IV)

Durante las pruebas de un automotor del ferrocarril del Urola por las vías del «Topo» en las calles de Donostia, aprovecharon para inmortalizar la ocasión ante el palacio de la Diputación de Gipuzkoa. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril


 ¿UN TREN O UN TRANVÍA?

La inauguración del ferrocarril del Urola se celebró por todo lo alto. Acudió desde Madrid el rey Alfonso XIII, que se desplazó en el Surexpreso hasta Zumarraga. Ahí, tras discursos y bendiciones de rigor montó en el tren inaugural, en el que viajó hasta Azpeitia, donde descubrió una descomunal placa conmemorativa que aún se conserva en el Museo Vasco del Ferrocarril de Euskotren. A continuación, el viaje prosiguió hasta Zumaia, donde la tracción, hasta entonces a cargo de uno de los automotores eléctricos suministrados por Siemens, fue relevada por una locomotora de vapor de los Ferrocarriles Vascongados, que condujo el convoy hasta Donostia.

Una vez en la capital guipuzcoana, el tren inaugural continuó su viaje por las calles de la ciudad, aprovechando el trazado urbano que disponía el ferrocarril a la frontera francesa, popular «Topo», hasta alcanzar la céntrica plaza de Gipuzkoa, donde se celebró un gran banquete en el palacio de la Diputación. Aunque en este último trayecto la composición fue remolcada por la locomotora 101 del ferrocarril fronterizo, recién construida en Berlín por AEG, inicialmente se intentó que este recorrido también fuera asumido por un automotor eléctrico del ferrocarril del Urola. Por ello, unos días antes, se realizaron varias circulaciones de prueba, en las que se tomó esta instantánea.

Al parecer, la tensión con la que se alimentaba la electrificación del «Topo», poco más de 500 voltios en corriente continua, un valor similar al de los tranvías urbanos de la época, no fue suficiente para asegurar el correcto funcionamiento de los automotores del ferrocarril del Urola, que trabajaban a la tensión nominal de 1.500 voltios, por lo que, finalmente, se desechó la idea de que fuera uno de estos vehículos el que realizase el trayecto final por las calles de San Sebastián. En consecuencia, finalmente fue una locomotora eléctrica del ferrocarril de la frontera y no un automotor del Urola el que tuvo el honor de remolcar el tren inaugural en su último tramo hasta el palacio de la Diputación.



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