SEGUNDA MANO
Uno de los muchos aspectos que evidencian la precariedad con la que fue explotado el ferrocarril de Calahorra a Arnedillo a lo largo de sus poco más de cuatro décadas de su historia se encuentra en el hecho de que la totalidad de su parque motor fue adquirido de ocasión.
Como se ha señalado, las primeras locomotoras que operaron en el pequeño ferrocarril riojano habían sido alquiladas, una a la Compañía del Ferrocarril del Bidasoa, con la que los gestores del Calahorra-Arnedillo mantenían estrechos vínculos, la número 11, “Zarauz”, y dos a la Compañía de los Ferrocarriles Vascongados, la número 13, “Vizcaya”, y la número 302 “Tavira”. Cabe señalar que estas tres máquinas eran gemelas de la 104 “Aurrera” que, en la actualidad, se mantiene en funcionamiento en el Museo Vasco del Ferrocarril de Euskotren y todas ellas habían sido construidas en Manchester, entre 1892 y 1898, por la firma Nasmyth & Wilson para la compañía del ferrocarril de Elgoibar a San Sebastián.
El parque de locomotoras del Calahorra a Arnedillo se amplió a mediados de los años veinte con otra unidad alquilada, en este caso al ferrocarril de Olot a Girona, la número 4 “Las Planas”, que se mantuvo en la línea riojana hasta 1932. Para entonces, el pequeño tren del Cidacos ya había adquirido tres locomotoras construidas por la firma norteamericana Baldwin, pero no se trataba de máquinas nuevas, pues habían sido fabricadas en 1916 para el ejército francés.
La situación no mejoró tras la incautación de la línea y su incorporación a la Explotación de Ferrocarriles por el Estado. Esta entidad aportó las locomotoras que en 1936 había construido la fábrica de armas de Trubia para el ferrocarril de Ferrol a Gijón, aunque en este caso apenas habían prestado servicio antes de su llegada a la línea riojana. Hay constancia de la presencia de las máquinas 1, 7, 9 y 10 de esta serie en diversos periodos entre 1942 y 1965.
El parque de locomotoras de vapor del Calahorra-Arnedillo se completó en 1952 con la recepción de la número 32 “Cascante”, construida por Couillet en 1884 para el vecino ferrocarril de Tudela a Tarazona. Al parecer, fue la última en servicio en la línea riojana y, de hecho, arrastró también los trenes que desmantelaron sus instalaciones tras el cierre en 1966.
Al igual que las locomotoras, los pequeños autovías con que contó el Calahorra-Arnedillo procedían de otros ferrocarriles. Todos ellos del mismo modelo, un desarrollo de la firma alemana Wismar construido en España bajo licencia por Material Móvil y Construcciones de Zaragoza en 1935, el primero se recibió en 1943 procedente del Tudela-Tarazona. Esta misma línea transfirió otra unidad en 1947 y la tercera en 1952, tras la definitiva transformación a vía ancha de su línea originaria ese mismo año.



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