miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL TRANVÍA DE BILBAO A DURANGO Y ARRATIA (V)

Vista de la vía del tranvía a su paso por el municipio de Galdakao. Se aprecia el sistema de electrificación. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

UN TRANVÍA ECOLÓGICO

El tranvía de Arratia fue, sin lugar a dudas, uno de los medios de transporte más respetuosos con el medio ambiente que hayan podido existir en Bizkaia. Los vehículos que circulaban por sus vías eran de tracción eléctrica, por lo que no producían a su paso, los nocivos gases de combustión propios de los motores de explosión, pero además, la generación de dicha energía se realizaba sin efectuar ningún tipo de emisión contaminante, ya que en su mayor parte procedía del aprovechamiento de los ricos recursos hidráulicos del monte Oiz.

Para poder garantizar el correcto funcionamiento de un tranvía con tracción eléctrica, a principios del siglo XX, era necesario disponer de los necesarios recursos de generación, ya que en aquel momento no existían las grandes empresas productoras y distribuidoras de electricidad comunes hoy en día. Para ello, 21 de febrero de 1899, se procedió a la adquisición, a Ángel de Iturralde, de los derechos de aguas del molino Errotaberri, sobre los arroyos Ayene y San Lorenzo en Magunas, y a Ildefonso Jauregui de los molinos de Arria en Oiz, para el aprovechamiento de las aguas de los arroyos Urcillo y Arlaban, situados en las proximidades de Garay.
Visa de la central de Garay. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Ambos saltos eran de cierta importancia para la época, sobre todo el de Garay, que contaba con dos aprovechamientos de 238 y 117 metros de altura, y cuyo caudal era poco sensible a los periodos de estiaje, salvo en casos de sequías muy prolongadas. El de Magunas, más irregular, disponía de otro salto de 103 metros de desnivel.

En ambos molinos se realizaron las necesarias obras de adecuación a la nueva actividad de producción energética, con la construcción de nuevas presas, canales, depósitos de carga y tuberías de conducción, estas últimas, de construcción metálica, fabricadas en los Talleres de Deusto.

Los dos saltos fueron dotados de turbinas y alternadores suministrados por la empresa francesa Thomson Houston que generaban 5.000 voltios en corriente alterna trifásica a la frecuencia de 25 herzios. La energía producida en ambas instalaciones era transportada mediante líneas aéreas, sobre postes de madera, hasta la subestación de transformación de Lemoa.
Vista de la sala de turbinas y alternadores de la central de Garay, tras su modernización por los Ferrocarriles Vascongados. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

En los años cuarenta, con el fin de reducir la importante deuda que tenía acumulada la empresa del TBDA con los Ferrocarriles Vascongados, el tranvía de Arratia optó por vender a esta compañía los saltos de agua de Garay y Magunas por un valor total de 1.800.000.-ptas..

Cuando la Compañía de los Ferrocarriles Vascongados se hizo cargo de los saltos de agua, estos presentaban un estado de conservación y seguridad muy deficiente, por lo que el Consejo de Administración de esta empresa decidió emprender de inmediato su total renovación. Para ello, y bajo la dirección del ingeniero de caminos, Sr. Arellano, se realizó un exhaustivo estudio de las instalaciones así como de los aforos de los arroyos, para llegar a la conclusión de que podían generar anualmente hasta 3.500.000 kw/h., lo que representaba un aumento de producción de un 230% respecto a la capacidad de la instalación original.
Cuadro de distribución y transformadores de la subestación de Lemoa. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

La renovación total de las instalaciones supuso el montaje de nuevas turbinas sistema Pelton, construidas por MMA de Utebo (Zaragoza) y alternadores fabricados en Trápaga por la General Eléctrica Española, los cuales generaban a la tensión de 30.000 voltios en corriente alterna a frecuencia industrial (50 periodos), lo que permitía la venta del exceso de producción a otros consumidores.

En el salto grande de Garay (238 metros), se instalaron dos turbinas de 750 Cv. y en el pequeño un grupo de 275 Cv., idéntico al montado en el salto de 103 metros de Magunas. Por tanto, la potencia total instalada era de 2.050 Cv.

Aunque propiedad de los Ferrocarriles Vascongados, el destino de la producción de los saltos de Garay y Magunas continuó siendo, preferentemente, el propio tranvía de Arratia. Tras su clausura, en 1964, siguieron en funcionamiento, suministrando fuerza a una cantera de arenas silíceas en Garay, y a las empresas Salabarren y Hermanos Larrañaga, en Durango. Esta última empresa, propietaria de otros saltos de agua y de una red de distribución de electricidad en esta localidad, adquirió definitivamente las instalaciones de Garay, por un precio de 2.500.000.- ptas., en el año 1975.

En la actualidad, los saltos de Garay, con la maquinaria instalada en los años cincuenta por los Ferrocarriles Vascongados, se encuentran en plena producción. La energía generada es suministrada a clientes de los Hermanos Larrañaga en Garay y Goiuria, vendiendo el excedente a Iberdrola.

Por lo que respecta al salto de Magunas, tras muchos años de abandono, recientemente ha sido adquirido por el empresario Iñaki Eguskiza quien ha procedido su reconstrucción integral.

Cocheras de Lemoa en 1903. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

LEMOA, CORAZÓN DEL TRANVÍA

El artículo tercero del pliego de condiciones técnicas de la concesión del tranvía de Bilbao a Durango y Arratia señalaba que la única estación del sistema, así como los talleres y cocheras deberían establecerse en la cabecera de la línea. Según este texto, parece lógico pensar que dicha cabecera se situaría en la capital de Bizkaia, pero la empresa concesionaria decidió ubicarla en Lemoa, punto estratégico en el que se bifurcaban las vías hacia Durango o hacia Zeanuri. De este modo, la localidad cementera se convirtió en el verdadero corazón del tranvía.

Para la construcción de los talleres y cocheras fue preciso realizar importantes obras de relleno de unos terrenos situados junto al río Ibaizábal. Todavía hoy en día se conserva parte de los muros de contención de sillería levantados con este fin. Sobre la explanada resultante se edificó una nave principal sobre muros de piedra y ladrillo y cubiertas de teja sobre estructura de madera, que en su interior albergaba dos haces de tres vías cada uno, dotadas de los correspondientes fosos de revisión.

Las cocheras de Lemona contaban con todas las instalaciones necesarias para el mantenimiento del material móvil de la línea, disponiendo de talleres de ajuste, carpintería, montaje, pintura, bobinaje de motores y forja, así como de un almacén general y oficinas administrativas. Gracias a la pericia sus trabajadores, la actividad desarrollada no se limitó solamente a la realización de reparaciones de mayor o menor envergadura, sino que se llegó incluso a construir nuevos tranvías con los que la empresa pudo reforzar el servicio a principios de los años veinte.
Cocheras de Lemoa en 1953. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Anexo al edificio de talleres y cocheras se estableció una subestación de transformación y rectificación, dotada de dos conmutatrices rotativas construidas por la casa francesa Thomson-Houston. Hay que tener en cuenta que la energía eléctrica procedente de los saltos de Magunas y Garay no podía ser empleada directamente en el servicio, debido a que los tranvías de la empresa, al igual que la mayor parte de los tranvías del mundo, trabajaban en corriente continua a 500 voltios.

Las instalaciones de la subestación de Lemona se completaban con un un grupo de baterías de acumuladores suministradas también por Thomson Houston. Esta solución, muy utilizada en otras explotaciones tranviarias autónomas (es decir, aquellas que generaban sus propios recursos energéticos, sin depender de una red general de abastecimiento), permitía cargar las baterías en los momentos de baja demanda para poder apoyar el servicio en las horas punta e, incluso, mantenerlo durante algunos minutos en caso de caída del suministro.

El funcionamiento de las baterías suministradas por Thomson-Houston no debió resultar muy satisfactorio ya que en 1911 se procedió a su sustitución por un nuevo conjunto de acumuladores suministrado en esta ocasión por la empresa Tudor. No obstante, el cambio tampoco resultó satisfactorio, por lo que el tranvía de Arratia adquirió, el 26 de julio de 1920, dos motores diésel de 700 y 420 Cv. de potencia respectivamente, a la empresa alemana Elmag Geselleschaft zur Nerworting. Al parecer, estos grupos electrógenos procedían de submarinos alemanes retirados del servicio tras el final de la Primera Guerra Mundial.
A partir de los años cincuenta, los tranvías compartieron las cocheras de Lemoa con los autobuses. Fotografía de Juan Bautista Cabrera. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Los dos motores se instaron, acoplados a dinamos generadoras de 500 voltios, en un edificio construido anexo a las cocheras y subestación de Lemoa y prestaron servicio hasta la Guerra Civil. Finalizado el conflicto, tras la supresión del ramal a Durango y la consiguiente reducción del servicio y del consumo energético, ya no resultaban necesarios, por lo que fueron vendidos, el 29 de noviembre de 1943, a la empresa explotadora de los Tranvías de Vigo (TEVCA).

La última modificación de importancia experimentada por la subestación de Lemoa fue la realizada en 1946, fecha en que se procedió a sustituir las viejas conmutatrices rotativas suministradas en 1902 por Thomson-Houston, por dos modernos rectificadores estáticos de vapor de mercurio, fabricados por la empresa suiza Brown Boveri.

A pesar de su estratégica situación, en el corazón de la red del TBDA, pronto se comprobó que las instalaciones de la subestación de Lemoa resultaban insuficientes para alimentar correctamente todas las líneas, registrándose importantes caídas de tensión en los puntos más alejados. Para solucionar el problema, primeramente se instaló, en 1911, un nuevo grupo de acumuladores en La Peña, pero su eficacia fue limitada, por lo que la empresa decidió implantar dos subestaciones auxiliares, una junto a las instalaciones de la fábrica La Basconia en Basauri y la otra en Durango.
Los autobuses de Bizkaibus utilizaron las cocheras de Lemoa hasta principios del siglo actual. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

La subestación de La Basconia, instalada en 1917, estaba inicialmente dotada de una conmutatriz de 325 Kw., suministrada por A.E.G.-Thomson Houston, y alimentada, en un principio, desde la red de la Sociedad Hidroeléctrica Ibérica, hasta que en 1924 se instaló una línea de alta tensión desde Lemoa a este punto, lo que permitió la llegada del fluido procedente de los saltos de Magunas y Garay. En 1946, este equipo fue sustituido por una vieja conmutatriz procedente de la subestación de alimentación de los Ferrocarriles Vascongados en Ariz (fabricada en 1928 por la empresa suiza Oerlikon), instalando a su salida un transformador de 600 Kw, con tensión alterna en baja de 455 voltios que correspondía a 600 voltios en continua.

Por su parte, la subestación establecida en Durango en 1919, contaba con un equipamiento similar al de La Basconia, estando preparada para una hipotética ampliación de la línea hacia Elorrio. Como reserva, esta instalación contaba con un pequeño grupo electrógeno dotado de dos generadores benzoeléctricos, de 90 Cv. de potencia, adquiridos de ocasión a la Compañía de los Ferrocarriles Vascongados. Tras la Guerra Civil, y la consiguiente clausura del tramo Amorebieta-Durango, se procedió al desmantelamiento de esta subestación. El 23 de agosto de 1944 se vendieron sus grupos benzoeléctricos a la Sociedad Ferretera de Elorrio y a Eguirena S.A. respectivamente.

Aunque las cocheras y talleres de Lemoa eran los más importantes de la empresa, el tranvía de Arratia también contó con instalaciones complementarias en Zeanuri, La Peña y Urazurrutia (Bilbao).

Construidas también en piedra y ladrillo con cubiertas de teja sobre estructuras de madera, las cocheras auxiliares contaban con un par de vías de estacionamiento y un equipamiento básico para la realización de labores de mantenimiento. La de Zeanuri dejó de utilizarse en 1932, mientras que la de La Peña mejoró sus modestas instalaciones a partir de 1949. Tras la supresión del tramo entre Galdakao-Plazakoetxe y Lemoa, que imposibilitaba el traslado de los tranvías hasta los talleres principales, estas dependencias adquirieron mayor protagonismo, al tener que hacer frente a todas las reparaciones del material móvil que quedó “cautivo” en la sección Bilbao-Galdakao.

Las cocheras y talleres de Lemoa se mantuvieron en servicio desde la inauguración del TBDA hasta su clausura en 1964, aunque, desde 1950, los tranvías compartieron su espacio con los autobuses que efectuaban servicios entre Lemoa a Durango así como las posteriores prolongaciones de estas líneas. A partir de 1964 y hasta principios del siglo XXI, los autobuses quedaron como únicos inquilinos de estas instalaciones

lunes, 8 de diciembre de 2014

EL TRANVÍA DE BILBAO A DURANGO Y ARRATIA (IIII)

Plano de la red del tranvía de Bilbao a Durango y Arratia. Dibujo de Pedro Pintado Quintana

¿CÓMO ERA EL RECORRIDO DEL TRANVÍA DE ARRATIA?

La línea del TBDA, cuyo proyecto de construcción y posterior dirección de obra corrió a cargo del ingeniero José María Chalbaud, tenía su origen, tal y como indicaba la concesión, en la plaza del Teatro Arriaga. En este punto se estableció inicialmente una taquilla de madera para la venta de billetes y facturación de mercancías pero, a partir de 1910 se alquiló un local en los bajos del teatro. Con el tiempo, esta dependencia se utilizó como oficina de viajes de los Ferrocarriles Vascongados y más tarde de la empresa de transporte de viajeros por carretera Turytrans. Por su parte, los muelles ubicados en este punto sobre la ría del Nervión eran utilizados para el transbordo de las mercancías transportadas por el tranvía a barcos y gabarras.
Muelles del teatro Arriaga, punto de origen del tranvía de Arratia. Archivo de la Autoridad Portuaria de Bilbao

Desde la plaza del Arriaga, el tranvía circulaba por la calle de la Ribera, para cruzar el río Nervión a través del puente de San Antón. A partir de 1907, este tramo, de doble vía, fue compartido con diversos servicios de la Compañía del Tranvía Urbano de Bilbao, por lo que su utilización quedó regulada por un convenio entre ambas empresas.
El tranvía de Arratia en las calles de Bilbao. Fototeca del Museo del Ferrocarril de Asturias

Una vez en la orilla izquierda, el tranvía continuaba su camino a través de los muelles de Barandiarán y Urazurrutia, punto en el que también había instalaciones para el intercambio de mercancías con las gabarras que navegaban por la ría del Nervión. Para ello contaba con una vertedera para el transbordo de minerales.

A continuación el tranvía circulaba por la variante de Urazurrutia, abandonando la carretera para seguir por explanación propia, en vía única. A la altura del barrio de La Peña cruzaba por segunda vez el Nervión, mediante un elegante viaducto de hormigón construido para su uso exclusivo.
Tranvía de Arratia en el puente de La Peña. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Desde La Peña el tranvía continuaba hasta Bolueta, punto donde por tercera vez cruzaba el Nervión aprovechando el denominado “Puente Nuevo”, que era compartido con la vieja carretera de San Sebastián. Pronto abandonaba nuevamente este vial para proseguir su andadura por una explanación propia en doble vía. Un túnel en curva, de doscientos metros de longitud, en el paraje denominado “El Boquete” evitaba el largo rodeo a la península de Lezama-Legizamón o la dura rampa de ascenso al casco urbano de Basauri. Tras salir de la galería, la vía se situaba paralela, aunque a un nivel inferior, a la traza del Ferrocarril del Norte, hasta llegar al barrio de Pozokoetxe (Basauri).

Una vez en Basauri, el tranvía pasaba junto a la importante factoría siderúrgica de la Compañía Anónima Basconia, donde contaba con ramales de acceso a su interior, destinados al transporte de mercancías.
Tranvía a su paso por Azbarren. Fotografía de Félix Zurita Moreno de la Vega
En Azbarren, el tranvía cruzaba la vía del Ferrocarril Central de Vizcaya mediante un paso superior de vigas de acero. Posteriormente seguía paralelo a la vía del ferrocarril, cruzando por última vez el cauce del Nervión, mediante un puente metálico, en Ariz.

A partir de Urbi, el tranvía retomaba la explanación de la carretera de Bilbao a San Sebastián (no hay que olvidar que en esta época no existía la traza actual por Bolueta y Etxebarri) hasta Galdakao pero al llegar a este municipio, la abandonaba nuevamente para seguir por la variante de Laminarrieta, evitando el paso por las estrechas calles del centro de la localidad. Posteriormente, continuaba por la carretera de Bilbao a Vitoria, aunque con pequeñas rectificaciones como las del cruce del Gallo, Usánsolo, o Bedia, con el fin de mejorar el perfil del trazado. 
Tranvía en las proximidades de Plazakoetxe. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Una nueva desviación respecto a la carretera permitía llegar a Lemoa, centro neurálgico del tranvía y localidad donde se bifurcaba la línea hacia Durango o hacia el valle de Arratia. Por ello fue el emplazamiento elegido para la ubicación de las cocheras, talleres principales y subestación de tracción. En este punto, la línea disponía de un ramal a la estación del Ferrocarril Central de Vizcaya y otro a la fábrica de Cementos Lemona.
Enlace entre el tranvía de Arratia y los Ferrocarriles Vascongados en Lemoa. Fotografía de Juan Bautista Cabrera. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Desde Lemoa el tranvía continuaba en dirección a Durango por la carretera de Txiriboketa, hasta Amorebieta, donde cruzaba con la vía del ferrocarril que se dirigía a Gernika mediante un paso a nivel.

Tranvía fotografiado entre Amorebieta y Durango. Fotografía de Indalecio Ojanguren


Una vez en Amorebieta, el tranvía seguía el curso de la carretera de Bilbao a San Sebastián, con pequeñas variantes como las de Montorra y Euba, hasta llegar a las calles de Durango, donde estableció la terminal en la calle Fray Juan de Zumárraga, en pleno centro de la localidad. Previamente cruzaba a nivel las vías del Ferrocarril de Durango a Zumárraga y, a partir de 1904, también las del tren de Durango a Elorrio, explotado por el Ferrocarril Central de Vizcaya. 

Tranvía a su paso por Durango. Archivo de la Asociación Gerediaga


Por lo que respecta al ramal con destino a Zeanuri, poco después de la bifurcación de Lemoa, el Tranvía cruzaba mediante un paso superior las vías del Ferrocarril Central de Vizcaya. Sorprendente debió resultar en la época la construcción de un puente que no servía para superar un cauce fluvial, por lo que esta estructura fue popularmente conocida como el “Puente Seco”.

Antes de llegar al Puente Seco la línea empalmaba con el ramal que servía a la estación y a continuación con el apartadero que enlazaba con la fábrica de Cementos Lemona. Posteriormente, el trazado seguía en todo su curso la carretera de Vitoria hasta llegar al centro de Zeanuri. En Urkizu existía un apartadero que daba servicio a una cantera que abastecía de piedra a la fábrica de portland.
Tranvía en el ramal de Arratia. Fotografía de Jeremy Wiseman

La longitud total de la red tranviaria explotada por la sociedad del TBDA era de 49,21 km. De ellos, 20 correspondían al tramo común entre Bilbao-Arriaga y la bifurcación de Lemoa. Desde esta población hasta Durango la línea tenía 14,6 km., distancia similar a la existente entre Lemoa y Zeanuri. La mayor parte del tranvía se estableció en vía única, contando con los necesarios apartaderos para facilitar el cruce de unidades, salvo entre Bilbao-Arriaga y Galdakao donde existían un total de 7,5 km. en tramos de doble vía.
Terminal del tranvía en Zeanuri. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Los principales tramos de doble vía y puntos de cruce eran los siguientes:

Bilbao-La Peña
Pontón
Puente Nuevo
Basconia-Ariz
Ariz-Arkotxa
Laminarrieta
Galdakano-Plazakoetxe
Usánsolo
Lemoa
Amorebieta-Etxano
Euba
Bedia
Olarre
Urkizu
Igorre
Arandia
Artea (Castillo-Elejabeitia)
Areatza (Villaro)
Tranvía en un tramo de doble vía en Azbarren. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

La línea también disponía de apartaderos de acceso a diversas fábricas entre las que destacaban, Venta del Cuerno, La Peña (Barbier), Bolueta (Santa Ana), Basauri (Basconia), Urbi (Firestone), Lemoa (Cementos), Pozueta (Elpidio Bartolomé), La Flecha, etc.


Tranvía sobre el puente de La Peña. Archivo de Enrique Andrés Gramage


UN PUENTE ELEGANTE

La realización de las variantes de trazado antes señaladas, exigió la construcción de algunas obras de envergadura, siendo, sin lugar a dudas, la más destacada, por sus dimensiones y su bella factura, la del puente levantado en el bilbaíno barrio de La Peña, sobre el río Nervión.

Para evitar las duras rampas de la carretera entre Atxuri y Bolueta, los promotores del tranvía optaron por cruzar el río a través del puente de San Antón, para continuar por los muelles de Urazurrutia y Barandiaran. Llegados a La Peña, el tranvía debía superar nuevamente el cauce fluvial para alcanzar Bolueta, pero dado que en aquel paraje no había ningún viaducto, fue preciso levantar uno de uso exclusivo para este servicio.

En la época en la que se construyó el tranvía de Arratia, lo habitual en este tipo de obras era la utilización de estructuras de sillería o tramos metálicos sobre estribos y pilares de piedra. Sin embargo, la empresa tranviaria optó por emplear en su puente una técnica entonces muy novedosa; el hormigón armado. Su ejecución fue adjudicada, en agosto de 1901, al contratista francés François Hennebique, con la exigencia de que los trabajos deberían iniciarse a las cuarenta y ocho horas de firmar el contrato. Por ello, el proyecto, cuya dirección fue encomendada al ingeniero segoviano Gabriel Rebollo Canales, fue realizado sobre la marcha.
Vista del puente de La Peña. Se observa a la derecha la prohibición del paso de peatones. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

El puente de La Peña, bellísimo en su ligereza, estaba formado por cuatro arcos centrales de 35 metros de luz y dos extremos, curvos, de 19,5 metros, siendo en su momento el mayor viaducto de hormigón armado del Estado. Su tablero tenía capacidad para una sola vía, por lo que estaba rigurosamente prohibido el paso de peatones. Precisamente, la insistencia en esta restricción por parte de la compañía del TBDA, es el más claro indicador de que eran muchos los vecinos de Bolueta y La Peña los que utilizaban esta estructura para acortar sus traslados entre ambas márgenes del Nervión.
Tranvía sobre el viaducto de La Peña. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Durante la Guerra Civil, los dos arcos más próximos a La Peña fueron volados por las tropas leales a la República en su retirada. Pocos meses después fueron reconstruidos según el proyecto original, por lo que el puente pudo continuar prestando sus servicios al tranvía hasta la definitiva clausura de éste en 1964. Posteriormente fue asíduamente utilizado como pasarela peatonal hasta que las dramáticas inundaciones del verano de 1983 lo destruyeron por completo. En la actualidad, en su viejo emplazamiento se levanta un moderno puente con paso para automóviles y peatones.

Además del hermoso puente de La Peña, el TBDA contaba con otras estructuras sobre ríos y arroyos en sus diversas variantes de trazado, siendo sin duda el más destacado el viaducto de Aríz (Basauri), formado por dos tramos metálicos de dieciséis metros de luz, apoyados en una pila central de sillería.



jueves, 4 de diciembre de 2014

EL TRANVÍA DE BILBAO A DURANGO Y ARRATIA (III)

Puente de La Peña, sin duda, la principal obra de infraestructura del tranvía. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

LA CONSTRUCCIÓN DEL TRANVÍA

Entre tanto se desarrollaba la explotación provisional del tranvía entre Lemona y Arteaga, la empresa del TBDA prosiguió a buen ritmo las obras de los restantes tramos.

Uno de los primeros trámites realizados fue el de modificar el pliego de condiciones de la concesión, con el fin de obtener la pertinente autorización para sustituir la tracción vapor por la eléctrica, lo que finalmente se logró mediante la aprobación de la Real Orden del 22 de febrero de 1900. Poco después, una nueva Real Orden, con fecha de 17 de abril de 1900 declaraba el tranvía de utilidad pública, lo que permitía, entre otros aspectos, aplicar la Ley de Expropiación Forzosa, aspecto que resultaba muy útil a la hora de adquirir terrenos para la explanación del trazado.

Aunque la concesión preveía que el nuevo tranvía transcurriría en toda su extensión por las carreteras existentes, pronto se vio que algunos tramos presentaban fuertes rampas y cerradas curvas que dificultarían en el futuro la explotación de la línea. Por ello, la Compañía planteó la realización de diversas variantes que permitieron mejorar las características del trazado:

- Urazurrutia, por la Peña hasta Bolueta, con lo que el tranvía dejaba de lado las duras rampas que la carretera Bilbao-Durango ofrecía ( y sigue ofreciendo) en la subida de Miraflores.

- Puente Nuevo, por los terrenos de la fábrica de La Basconia (empresa que había adquirido un importante paquete de acciones del tranvía), con la que se eludía el difícil paso por el Boquete y el casco urbano de Basauri,al mismo tiempo que facilitaba el acceso a esta importante empresa siderúrgica.

- Desviación de Galdakao a Laminarrieta, que evitaba el duro ascenso al casco urbano de Galdakao.

Estas y otras pequeñas variantes de menor entidad, en Bedia, Lemona, Astuy y Montorra, entre otras, fueron autorizadas mediante las ordenes ministeriales de 8 de Septiembre y 21 de diciembre de 1900. Pero su construcción exigió la realización de obras de cierta importancia, siendo sin duda la más espectacular la del magnífico puente levantado sobre el río Nervión en el barrio de La Peña.
Montaje de los postes para el transporte de la energía eléctrica desde las centrales generadoras a la subestación de Lemoa. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Paralelamente, en diciembre del año 1900, se iniciaron los primeros trabajos de instalación del tendido de la electrificación con la ayuda de tres carros montadores arrastrados por bueyes, al tiempo que se procedía a la adecuación de los saltos de agua de Magunas y Garay para la producción de energía eléctrica.

En Junio de 1901 comenzó la entrega de los primeros tranvías eléctricos por parte de su constructor, la empresa zaragozana Carde y Escoriaza. Para su traslado hasta las cocheras de Lemoa, desde la estación de la Compañía del Norte en Dos Caminos (Basauri), se recurrió al arrastre mediante bueyes alquilados a Ramón Linaza.


LA INAUGURACIÓN DEFINITIVA 

El 5 de julio de 1902, a las nueve de la mañana, llegaba el primer tranvía eléctrico, en pruebas, a Durango, donde fue recibido con el lanzamiento de voladores y la natural curiosidad de los vecinos de la villa. En el tranvía viajaban el ingeniero Joaquín Goitia y el Director Gerente de la empresa, Ángel de Iturralde, que invitaron a todos los que quisieron probarlo a montar y dar un paseo hasta el final de la calle Fray Juan de Zumárraga.

Seis días más tarde, el 11 de julio de 1902, se verificaron las pruebas, con tracción eléctrica, del tramo comprendido entre Leona y Zeanuri. El Noticiero Bilbaino se hizo eco en sus páginas del acontecimiento:

Ayer se verificaron las pruebas oficiales del tranvía eléctrico de Bilbao a Durango y Arratia en las secciones de Lemona a Durango y de Lemona a Ceánuri.

Los resultados fueron tan satisfactorios que dentro de breves días veremos circular los coches con tracción eléctrica en dichas secciones.

Los asistentes al acto, que fueron el señor gobernador civil, los ingenieros de la jefatura de Obras públicas, señores Hoffmeyer y Urcelay y el de la Diputación señor Pérez y todo el personal técnico del tranvía, así como otras respetables personas de Bilbao y Durango, quedaron plenamente satisfechos tanto del buen trazado y asiento de la línea como de las condiciones inmejorables del material móvil.

Es seguro que dentro de breves días podremos anunciar la inauguración de la nueva vía entre los pueblos indicados, la que ha de reportar gran beneficio a la zona que recorre.

En Castillo Elejabeitia se preparó un banquete y a los brindis se despertó gran entusiasmo...

En efecto, el 1 de agosto comenzaba el servicio con tracción eléctrica en el tramo comprendido entre Lemoa y Zeanuri, con lo que se retiraron definitivamente los tranvías con motor de sangre, en servicio desde septiembre de 1899.
La cabecera del tranvía en Bilbao se estableció junto al teatro Arriaga. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

La explotación con tracción eléctrica de esta sección trajo consigo la mejora de los enlaces con los autobuses a Vitoria, estableciéndose servicios combinados en tren desde Bilbao a Lemoa y en tranvía hasta Zeanuri, para realizar el último tramo en autobús, con los horarios siguientes:

Salidas de Bilbao a las 8:00 y a las 14:00 horas; llegadas a la capital alavesa a las 13:00 y a las 19:00 horas respectivamente. Salidas de Vitoria a las 9:00 y a las 15:30, con llegada a la capital de Bizkaia a las 12:58 y a las 20:10. El precio del viaje era de 5 pesetas.

A medida que se remataban las obras, se sucedieron las pruebas oficiales. Por ejemplo, el puente de La Peña se verificó, con resultados satisfactorios, el 15 de octubre de 1902.

Finalmente, el domingo 7 de diciembre de 1902 llegó el gran día, ya que esta fecha fue la elegida para la inauguración total del tranvía en todas sus secciones. La víspera, un fuerte temporal de nieve cubrió con un manto blanco el duranguesado, pero ello no fue obstáculo para la definitiva puesta en marcha del servicio. El Noticiario Bilbaino señalaba:

Como oportunamente indicamos, ayer mañana empezó el servicio del nuevo tranvía eléctrico de Bilbao a Durango y Arratia y los elegantes y cómodos carruajes transportaron a gran número de viajeros, entrando y saliendo aquellos en la villa completamente llenos.

El miércoles 10 de diciembre se estableció el definitivo servicio regular con el siguiente horario: Salidas desde Bilbao a las 6:00, 8:00, 10:00 y 12:00 de la mañana y a las 2:00, 4:00 y 6:00 de la tarde. Estas salidas combinaban en Lemoa con la línea de Arratia. Asimismo se realizaban servicios intercalados con destino a Galdakao.


martes, 2 de diciembre de 2014

EL TRANVÍA DE BILBAO A DURANGO Y ARRATIA (II)

Comarca atendida por el Tranvía de Bilbao a Durango y Arratia. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

LOS PRIMEROS PASOS DEL TRANVÍA

Una vez obtenida la concesión, su promotor, D. Angel de Iturralde, procedió de inmediato a la constitución de la Sociedad Anónima del Tranvía Eléctrico de Bilbao a Durango y Arratia (en adelante nos referiremos a esta empresa con las siglas, TBDA), acto realizado el 9 de enero de 1899 ante el notario de Bilbao D. Ildefonso Urizar.

No deja de ser llamativo que la propia razón social de la nueva empresa especificase que se trataba de “Tranvía Eléctrico”, cuando la concesión otorgada tan solo dos meses antes de su constitución señalaba con claridad la utilización del motor de vapor en su explotación. De hecho, el artículo segundo de sus estatutos señalaba que la sociedad “Tendrá por objeto la construcción del Tranvía de Bilbao a Durango y ramal de Lemona a Ceánuri, su explotación y su aprovechamiento.

Podrá también, construir, adquirir y explotar otras líneas o ramales y fusionarse con cualquiera compañía, introducir todos los cambios de sistema de tracción y demás reformas que se creyeren convenientes, adquirir terrenos y edificios, saltos de agua, instalar fábricas de producción de electricidad y luz eléctrica, suministrar una y otra y cualquiera otra de las aplicaciones de fluido eléctrico y dedicarse a cualquiera otra industria que se relacione más o menos directamente con la electricidad, las comunicaciones y transportes”.

El capital social de la empresa se fijó en dos millones, ciento cincuenta mil pesetas, representado por cuatro mil trescientas acciones al portador. La sede social de la empresa quedó establecida en el Nº 10 de la bilbaína calle del Arenal.

El primer Consejo de Administración de la nueva empresa quedó formado por importantes industriales y comerciantes de Bizkaia como:

Ildefonso Jauregui y Gandía, propietario de 380 acciones.
José Manuel de Arispe y Acaiturri, también suscriptor de 380 acciones.
José Lequerica y Aguirre, con 40 acciones.
Rafael Echevarría y Azcárate, con 84 acciones.
Manuel de Taramona y Díaz de Entresotos, con 80 acciones.
Pablo Acha y Olave
Isidoro Delclaux e Ibarzabal, con 61 títulos.

El cargo de director-gerente quedó reservado para el promotor del proyecto, Ángel de Iturralde, quien recibió 61 acciones a cambio de todas concesiones y derechos.

De inmediato se dieron los primeros pasos para proceder al inicio de las obras. Así, el 1 de marzo de 1899 se publicó en El Noticiero Bilbaíno un anuncio para la adquisición de postes con destino a la electrificación al que de inmediato siguieron otros para la compra de traviesas, carriles y material móvil.

El 11 de marzo de 1899 se celebró en Villaro un acto oficial, con banquete incluido, que marcó el inicio de las obras de construcción del tranvía. Los trabajos de asiento de vías y de las necesarias modificaciones de la carretera entre Lemoa y Zeanuri fueron adjudicados al contratista José de las Heras.

El tranvía de Arratia tenía como objetivo atender el desarrollo industrial de la comarca. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril


UNA INAUGURACIÓN PROVISIONAL


Las primeras obras del tranvía se concentraron en el tramo comprendido entre Lemoa y Zeanuri. Esta sección era, por una parte, la de más fácil construcción, ya que no se habían previsto variantes de importancia, y, por otra, era la más necesaria, ya que, a diferencia del resto de las poblaciones que iban a ser atendidas por el nuevo tranvía, que ya contaban con la vía del ferrocarril de Bilbao a Durango, el valle de Arratia carecía de cualquier comunicación ferroviaria.

Las obras se desarrollaron con rapidez, por lo que una vez finalizado el asiento de la vía, la empresa decidió proceder, el 2 de septiembre de 1899, a la inauguración provisional del tramo comprendido entre Lemoa y Arteaga, recurriendo para ello a la tracción animal.

Con motivo de esta inauguración, El Noticiero Bilbaíno publicó en su edición del 3 de septiembre la siguiente crónica:

Ayer al mediodía quedó abierto al servicio público el tranvía de Lemona a Arteaga, que forma el ramal del de Bilbao a Durango.

La inauguración revistió los caracteres de una gran solemnidad.

A las doce del mediodía los invitados al acto llegaron a Lemona, donde esperaba el arcipreste de Villaro, D. José María de Urrecha, que fue el encargado de bendecir la nueva línea.

Verificada la bendición, tomaron asiento en el carruaje número 1, el presidente del Consejo de Administración, D. Ildefonso Jauregui, el director de todos los trabajos y concesionario del tranvía, señor Iturralde, el ingeniero de la nueva línea, señor Calvaud, el consejero señor Echevarría Lallana, el rico propietario de Arteaga, señor Urrecha, el alcalde de Lemona, alto personal de la línea y los representantes de El Porvenir Vasco, La Voz de Vizcaya y El Noticiero Bilbaino.

Seguía el carruaje de los invitados otro completamente lleno.

El trayecto se hizo muy corto por resultar espléndido el paisaje.

En Yurre, Aránzazu, y todos los pueblos del tránsito, el tranvía era recibido por el vecindario con muestras de júbilo. Muchas casas se hallaban engalanadas.

Los alcaldes de dichos pueblos salieron a recibir a los invitados, haciendo con ellos el viaje hasta Arteaga, a donde llegó el primer coche en menos de tres cuartos de hora.

Del ramal de Lemona a Ceánuri solamente hay en la actualidad en explotación nueve kilómetros, faltando cinco y medio para la terminación de la línea.

No han podido cumplirse los deseos del Consejo de Administración de inaugurar antes toda la línea, a consecuencia de que la fábrica de Altos Hornos, por las últimas huelgas, no pudo suministrar los carriles.

El nuevo ramal quedará terminado por completo dentro de mes y medio.

El asiento de la vía es de primera.

Los carruajes, construidos por la casa de Carde y Escoriaza de Zaragoza, son elegantes y cómodos, con cabida para unas 34 personas.

Las obras comenzaron a mediados de marzo último, teniendo la contrata de ellas Don José de los Heros.

Los invitados fueron obsequiados con un espléndido banquete, en el establecimiento balneario de Castillo Elejabeitia, y con tal motivo observamos las grandes reformas que en él han introducido sus actuales propietarios.

El balneario de Castillo Elejabeitia por sus aguas, sus preciosas instalaciones y hermosos paseos, es hoy uno de los mejores establecimientos balnearios.

Terminado el banquete hubo baile y otras diversiones, reinando grande animación.

El regreso de tan agradable expedición se hizo a las 6-20 de la tarde.

Tras los actos de inauguración de este primer tramo, se estableció un servicio provisional de tranvías con el siguiente horario:

Salidas desde Lemoa a las 8:30, 8:50 y 11:30 de la mañana; 3:55 y 4:35 de la tarde; 8:10 y 8:40 de la noche.

Salidas desde Castillo Elejabeitia (Artea) a las 6:00, 7:20, 10:00 y 10:45 de la mañana; 2:25 y 6:20 de la tarde y 7:10 de la noche.

La puesta en marcha del tranvía no se limitó a la mejora del transporte en el valle de Arratia, sino que supuso toda una revolución en las comunicaciones entre Bilbao y Vitoria, al establecerse al mismo tiempo un servicio combinado, de autobuses, a cargo de la empresa “Automóviles la Vitoriana”, por el puerto de Barazar y enlace del tranvía en Lemoa con los trenes de la línea de Durango.
Desde sus inicios, el tranvía de Arratia estableció un servicio combinado de autobuses a Vitoria. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Sin lugar a dudas, el viaje en los rudimentarios autobuses de 1899, por las tortuosas cuestas de Barazar, debía resultar una emocionante aventura, tal y como relataba el periodista Ceferino Ojeda en la siguiente crónica, publicada en El Noticiero Bilbaíno, el 5 de septiembre de 1899:

La curiosidad de montar en los nuevos vehículos me hizo venir a Bilbao eligiendo el camino de Vitoria a Lemona y ni pésame el viaje ni quiero que los demás dejen de enterarse a los efectos oportunos.

Llegué a la administración y tomé billete, tocándome el número 5, lo que indica que oficialmente estrenábamos hoy el automóvil.

Vinimos en interior un caballero de Vitoria con dos hijas muy simpáticas por cierto y un servidor de ustedes. Un cura venía en toldilla.

Nos sorprendió a todos los viajeros la marcha regular y suave y la velocidad, que, con reloj en mano, pudimos apreciar en 20 kilómetros por hora.

En el límite de Álava, saludándonos con su penacho de nubes, vimos a Peña Gorbea gigante, que parece guardar la entrada de Vizcaya, extendiendo sus brazos para enlazar las dos provincias hermanas.

La bajada al valle de Arratia, la hicimos felizmente, moderando un poco la marcha, y las curvas pronunciadísimas, salvándolas con facilidad pasmosa.

Felizmente llegamos: me felicito, felicito a mis compañeros de viaje y a la compañía Automóvil Vitoriana por el deseo de agradar y ser útil al público.

domingo, 30 de noviembre de 2014

EL TRANVÍA DE BILBAO A DURANGO Y ARRATIA (I)

Vista del tranvía a su paso por el valle de Arratia. Fotografía de Jeremy Wiseman

Hoy se conmemora el 50 aniversario de la última circulación de un tranvía clásico en Euskadi, en concreto, en las dos secciones del tranvía eléctrico de Bilbao a Durango y Arratia (en adelante, TBDA) entre la capital vizcaína y Urbi y desde la estación de Lemoa a Zeanuri, que todavía prestaban servicio en 1964. Es, por tanto, una buena ocasión para rendir homenaje a la interesante historia de este singular medio de transporte que, en su día, se convirtió en el tranvía de mayor recorrido de toda la península ibérica.

¿PORQUÉ UN TRANVÍA EN EL VALLE DE ARRATIA?

A finales del siglo XIX la mayor parte de las comarcas de Vizcaya contaban con líneas de ferrocarriles o tranvías. Únicamente Lea-Artibai y el valle de Arratia carecían de este sistema de transporte, por lo que sobre ellas pesaba la amenaza de quedar marginadas respecto a las modernas redes de comunicación del momento.

Debido a la baja densidad demográfica de la zona y a la escasez de recursos mineros e industriales de importancia, la construcción de un ferrocarril que sirviera exclusivamente al valle de Arratia nunca fue considerado como un negocio viable. En consecuencia, la única posibilidad de que el tren pudiera algún día atravesar el valle, se encontraba vinculada al establecimiento de una línea directa entre Bilbao y Vitoria, evitando el gran rodeo que entonces, y ahora, se debía dar a través de Miranda de Ebro. Sin embargo, las grandes dificultades que ofrecía el paso de la vía férrea por el puerto de Barazar impidió la materialización de las diversas propuestas planteadas.

Para tener una pequeña noción de la situación social y económica del valle de Arratia a finales del siglo XIX, cabe destacar que su población ascendía a tan solo 6.573 habitantes, repartidos entre los siguientes municipios:

Lemoa: 957 habitantes
Igorre: 1.365 habitantes
Arantzazu: 285 habitantes
Artea (en la época del tranvía esta población recibía el nombre de Castillo y Elejabeitia) : 803 habitantes
Areatza (en la época del tranvía esta población recibía el nombre de Villaro): 828 habitantes
Zeanuri: 2.515 habitantes

A diferencia del resto de Bizkaia, donde, desde 1860, se había registrado un constante crecimiento demográfico, con tasas de hasta el 174%, la población del valle de Arratia se mantuvo estable en este periodo, hecho que refleja la postración económica de la zona.

Las actividades económicas de la comarca a finales del siglo XIX eran, fundamentalmente, las relativas a la agricultura y ganadería. La única industria de importancia era la fábrica de cementos de Lemoa, cuya producción encontraba fácil salida por las vías del ferrocarril de Bilbao a Durango, mientras que los principales recursos turísticos eran los aportados por los balnearios de Areatza y Artea.

A la vista de que la construcción de un ferrocarril convencional en la comarca era, sin lugar a dudas, un negocio ruinoso, pronto se estudió la posibilidad de implantar un tranvía, ya que sus costes de establecimiento resultarían notablemente inferiores al poder aprovechar como explanación la calzada de la, entonces poco transitada, carretera de Bilbao a Vitoria. El propio desarrollo de los tranvías que unían Bilbao con Algorta y Santurtzi resultaba un buen ejemplo a seguir.
Vista del Arenal bilbaíno. A la izquierda, dos coches del tranvía de Arratia, en el centro, un coche de la línea interurbana a Santurtzi y, a la derecha, otro del servicio urbano de Bilbao. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Los promotores del tranvía pronto comprendieron que la línea no debía limitarse a cubrir el Valle de Arratia, ya que el obligado transbordo de viajeros y mercancías, en Lemoa, a los trenes del ferrocarril de Bilbao a Durango, supondría un grave inconveniente. Por ello, rápidamente plantearon la posibilidad de llegar con sus vías directamente hasta el corazón de Bilbao, estudiando al mismo tiempo el establecimiento de un ramal complementario entre Lemoa y Durango, con lo que podrían competir con la vía férrea, principalmente en lo que respecta al transporte de pasajeros. Así, el área de influencia del tranvía abarcaría a una población total de 115.929 habitantes, entre los que sin lugar a dudas destacaban los 82.206 de Bilbao, así como importantes centros generadores de notables tráficos de obreros y transportes de mercancías, como las fábricas de Santa Ana de Bolueta (Begoña), La Basconia (Basauri), Astepe (Amorebieta), la fábrica de abonos y explosivos de Galdakao, o la fundición de cobre de Pradera Hermanos en el barrio de Arkotxa (Zaratamo).

Las primeras propuestas para el establecimiento de un tranvía entre Bilbao y Durango, con ramal de Lemoa a Zeanuri, presentadas en el año 1890, planteaban el máximo aprovechamiento de las carreteras existentes, así como la utilización de locomotoras y automotores de vapor, con el fin de mejorar la velocidad del servicio y su capacidad de arrastre.

La tramitación de los expedientes relativos a la implantación de este tranvía fue lenta y compleja, pero finalmente, la Real Orden del 16 de noviembre de 1898, otorgaba la concesión para la construcción y explotación de la línea, por un periodo de 60 años, al promotor Angel de Iturralde. Entre las cláusulas del pliego de condiciones establecido al efecto cabría destacar los siguientes artículos:

1.- El concesionario se obliga a ejecutar de su cuenta y riesgo todas las obras necesarias para la instalación de un tranvía con motor de vapor desde la plaza del Arriaga en Bilbao hasta Durango, con un ramal de Lemoa a Zeanuri, utilizando para esta vía férrea las carreteras provinciales, que unen entre sí dichas poblaciones y algunas calles de éstas.

2.- El tranvía se construirá con arreglo al proyecto aprobado por Real Orden de 27 de agosto del próximo pasado año 1897, observándose todas las prescripciones que en la misma se establecen, no pudiendo introducirse modificación alguna en dichos proyectos sin previa autorización del Ministerio de Fomento.

3.- Para este tranvía no se construirá más estación que, en la cabecera de la línea, el edificio destinado a depósito de carruajes y a talleres, construyéndose en la vía los apartaderos que se detallan en el plano del proyecto aprobado.

4.- Será obligación del concesionario conservar y reparar a sus expensas el afirmado o empedrado para que las carreteras, caminos o calles en que se establezca el tranvía, en la zona ocupada por éste y medio metro más a cada lado.

6.- No tendrá derecho el concesionario a indemnización alguna en el caso de que por motivo de algún servicio público hubiera necesidad de modificar el trazado de las carreteras, caminos o calles que se han de utilizar para el establecimiento del tranvía y la variación consiguiente del mismo será por cuenta del concesionario. Tampoco tendrá derecho a indemnización de ningún género cuando a causa de las mencionadas obras o de las reparaciones de tajeas, cañerías, etc. existentes en dichas carreteras hubiese que suspender la circulación de los coches del tranvía mientras estas obras durasen.

9.- Las obras para la construcción del tranvía deberán comenzar dentro de los cuatro meses siguientes al día en que se publique en la Gaceta de Madrid la real orden de concesión y habrán de quedar terminadas en el plazo de diez y ocho meses, contados desde el día en que comiencen.

10.- Durante los seis primeros meses deberán ejecutarse obras o acopiarse materiales por valor de una tercera parte, a lo menos, del presupuesto aprobado, y al terminar el dozavo mes, las obras construidas y materiales acopiados han de valer, como mínimun, las dos terceras partes de dicho presupuesto.

11.- La explotación de este tranvía se hará con motor de vapor. Las locomotoras que al efecto se empleen serán del mejor sistema y condiciones que en la época de la adquisición se consideren ser más convenientes para el servicio que se destinan, debiendo ademán llenar, en lo posible, los requisitos prevenidos en el artículo 121 del reglamento de 24 de mayo de 1878, dictado para la ejecución de la vigente Ley de Ferrocarriles, y no podrán marchar a mayor velocidad que la marcada en el mismo artículo.

Los coches serán también de la forma y condiciones adecuadas al objeto a que se destinan y tendrán portezuelas en las plataformas para evitar la caída de los viajeros que vayan en ellos.

12.- Los conductores de los carruajes avisarán con la debida anticipación por medio de silbatos o cornetas la aproximación de los coches del tranvía a los otros vehículos o caballerías que transiten por la vía pública a fin de que se separen de ellos.

15.- Queda obligado el concesionario a permitir la circulación por las vías de este tranvía de los coches o vehículos procedentes de otros tranvías que con él empalmen o bien de otras compañías o particulares, mediante pago del correspondiente peaje.

Como puede verse, la concesión establecía que el tranvía se explotaría con tracción vapor. Sin embargo, este y otros aspectos iniciales del proyecto pronto se verían modificados.