martes, 30 de abril de 2019

140 AÑOS DE FERROCARRIL EN MANACOR (Y III)


Fotografía de fábrica de la locomotora de vapor Manacor. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La locomotora «Manacor»

La Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca confió en los productos de la firma británica Nasmyth & Wilson para conformar la mayor parte de su parque motor. Ya en 1874 esta empresa fabricó en sus talleres de Mánchester las tres locomotoras que, poco después, inauguraron el primer ferrocarril de la isla entre Palma e Inca. De rodaje 220T, como era común en la época, fueron bautizadas con los nombres de las principales localidades atendidas por la nueva vía férrea. De este modo, la Nº 1 recibió el nombre de «Mallorca», la 2 el de «Palma» y la 3 «Inca».

La gran demanda que registró la línea desde su inauguración impulsó a la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca a contratar en 1975 con Nasmyth & Wilson la construcción de dos nuevas locomotoras, diseñadas específicamente para el arrastre de los trenes de mercancías, cuya demanda se esperaba iba a registrar un notable incremento con la apertura del ramal entre la estación y el puerto de Palma. En este caso, se optó por un nuevo diseño, más potente, con tres ejes acoplados y rodaje 030T, con el que se aprovechaba al máximo el peso adherente de la máquina. Podían arrastrar con facilidad trenes de hasta 150 toneladas.
Esquema de la locomotora de vapor Manacor. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Según señala el historiador Nicolau S. Cañellas Serrano en su obra El ferrocarril a Mallorca, la vía del progres, en principio estaba previsto que las dos nuevas máquinas fueran bautizadas como «Santa María» y «Binissalem», poblaciones ya atendidas por la vía férrea de Palma a Inca. Sin embargo, para dar confianza a los accionistas respecto a sus propósitos de ampliar la red, la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca decidió finalmente nombrarlas con los destinos finales de sus dos proyectos más importantes. De este modo, la número 4 se denominó «Manacor» y la 5 «Felanitx».

Tanto la locomotora «Manacor» como su hermana «Felanitx» debieron de ofrecer un magnífico resultado en los ferrocarriles de Mallorca, al resultar robustas, fiables y potentes, de modo que a principios de los años sesenta todavía seguían realizando maniobras en la estación de Palma, desde las cinco de la mañana hasta las doce de la noche, cuando ya contaban con cerca de noventa años de servicio. Lamentablemente, la desaparición del tráfico de mercancías precipitó su jubilación y su posterior desguace.

sábado, 27 de abril de 2019

140 AÑOS DE FERROCARRIL EN MANACOR (II)


Tomás Morell no perdió la oportunidad de palear carbón en una locomotora de vapor cuando visitó el Museo Vasco del Ferrocarril de Euskotren. Archivo de la familia Morell

TOMÁS MORELL MARQUÉS

Tomás Morell Marqués fue, sin duda, uno de los personajes clave en el renacimiento del ferrocarril en la isla de Mallorca y en la recuperación del tren a Manacor. Nacido en Sóller el 13 de febrero de 1945, era el mayor de cuatro hermanos y desde su infancia, sintió un intenso interés por el ferrocarril, no en vano, su villa natal cuenta con una de las líneas ferroviarias más interesantes del país y uno de los pocos tranvías que sobrevivieron a la devastadora ola de supresiones que vivió España en los años sesenta y setenta.

Tras cursar sus estudios primarios en Sóller, prosiguió su formación en Palma de Mallorca y, posteriormente, en Tarragona, ciudad en la que en 1972 obtuvo el título de Ingeniero Industrial.

Finalizados sus estudios, Tomás Morell regresó a Mallorca, donde trabajó durante 10 años para la firma Pegaso. De este modo entró en contacto con los ferrocarriles de la isla, dado que en las líneas de Feve operaban antiguos automotores Ferrostal cuyos motores diésel originales Bussing estaban siendo reemplazados por los de la marca del caballo alado. A raíz de esta relación técnica, cada vez más estrecha,  en 1981 fue contratado por la empresa estatal como Jefe de Servicio de sus talleres en Palma de Mallorca.

Poco a poco, gracias a sus grandes conocimientos técnicos y a su fuerte compromiso con el servicio, Tomás Morell se fue convirtiendo en la cabeza visible del ferrocarril en Mallorca. De este modo, cuando en 1994 se transfirieron las líneas competencia de Feve al gobierno balear, Tomás Morell asumió temporalmente la primera gerencia, hasta la constitución formal de la empresa pública Serveis Ferroviaris de Mallorca (SFM), en 1994.

Tomás Morell asumió las máximas responsabilidades en una empresa que heredó una red fuertemente descapitalizada y con buena parte de sus líneas fuera de servicio por falta de adecuación de las infraestructuras y de material móvil para atenderlo. Los primeros pasos bajo su dirección se encaminaron a la modernización del servicio, con la compra de nuevos trenes diésel suministrados por CAF, con los que se pudo reemplazar los viejos Ferrostal y Man, así como incrementar las frecuencias de circulación.

Una vez consolidado el servicio en la única línea operativa de los Serveis Ferroviaris de Mallorca entre Palma e Inca, Tomás Morell impulsó decididamente la reapertura de las líneas que se encontraban abandonadas, aunque nunca formalmente clausuradas. El primer paso fue la recuperación del tramo de 17 kilómetros comprendido entre Inca, el empalme de Son Bordils y Sa Pobla, abierto al público el 27 de diciembre de 2000. Una vez culminado este proyecto, se emprendió la reconstrucción de la línea entre el Empalme y Manacor, obra mucho más compleja que la anterior dado su mayor recorrido y, sobre todo, por la necesidad de realizar una variante de trazado en Petra como consecuencia de la desordenada expansión urbana de este municipio durante el largo periodo en el que no circularon los trenes. Finalmente, este trayecto, de 32 kilómetros, se pudo reinaugurar el 12 de mayo de 2003.
La rehabilitada estación de Manacor alberga un museo dedicado a la figura de Tomás Morell. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Tras la recuperación de las líneas de Sa Pobla y Manacor, Tomás Morell siguió impulsando nuevas empresas como la electrificación de la red, recientemente concluida, o la reapertura de otros tramos fuera de servicio, proyectos que no pudo materializar al sorprenderle la muerte el 29 de abril de 2004.

Tomás Morell reunía la cualidad de ser, además de un técnico excepcional, un gran aficionado al ferrocarril y de hecho, junto a Rafael Sierra Arbide, director del vecino Ferrocarril de Sóller, fundó el 13 de marzo de 1989, la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Baleares. Además, cultivó otras muchas aficiones, como el coleccionismo de pipas y las antigüedades. Tras su muerte, Serveis Ferroviaris de Mallorca, en colaboración con los amigos del ferrocarril de la isla, habilitaron en la antigua estación de Manacor un pequeño museo ferroviario en su memoria.

 

viernes, 19 de abril de 2019

140 AÑOS DE FERROCARRIL EN MANACOR (I)


Tren mixto fotografiado en la estación de Palma. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Recientemente, el ferrocarril de Manacor ha sido noticia por su electrificación, con la que se ha completado la implantación de la tracción eléctrica en todas las líneas de la isla de Mallorca. De esta brillante forma entra este histórico tren en su 140 aniversario, algo que difícilmente habrían podido imaginar quienes en 1979 conmemoraron discretamente su centenario, cuando  hacía dos años que no circulaban trenes en este trayecto. Por suerte, la decidida actuación de las instituciones autonómicas ha permitido su recuperación y completa modernización.
Un tren de viajeros maniobra en la estación de Inca. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril


La llegada del ferrocarril a Manacor está directamente vinculada a los primeros proyectos ferroviarios de la isla de Mallorca, impulsados por el Ingeniero de Caminos Eusebi Estada quien, en 1871, publicó el folleto Estudios sobre la posibilidad económica de establecer un camino de hierro de Palma a Inca, con el que pretendía demostrar la viabilidad económica de una vía férrea desde la capital, Palma de Mallorca, hasta la población más importante de la isla: Inca. Fruto de sus trabajos y de su capacidad de persuasión ante los capitalistas locales fue la constitución de la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca, creada el 9 de junio de 1872.

Nombrado ingeniero de la nueva compañía, Eusebi Estada redactó los proyectos constructivos y dirigió las obras del primer ferrocarril de Mallorca, que fueron iniciadas el 21 de enero de 1873 y concluidas, en poco más de dos años, el 24 de febrero de 1875. El ancho de vía elegido fue el de 910 mm, una yarda inglesa, sin duda influencia del país de procedencia de las primeras locomotoras, coches y vagones, algo que tampoco implicaba mayor inconveniente, dado que no era previsible que los ferrocarriles de la isla conectasen con el resto de la península y, por otra parte, tampoco se había iniciado todavía el desarrollo de los ferrocarriles de vía métrica en nuestro país. Posteriormente, esta medida se aplicaría en todos los ferrocarriles y tranvías de la isla.
Un tren de viajeros abandona la estación de Palma. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

De Inca a Manacor

El éxito cosechado por el primer ferrocarril insular animó a la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca a ampliar su red, siempre según los proyectos redactados por Eusebi Estada. El primer paso fue la construcción de una vía que permitiera comunicar la estación de Palma con su puerto a través de un sinuoso trazado, prácticamente urbano, pero necesario para facilitar la importación y exportación de los productos recogidos en los pueblos atendidos por el tren de Inca. Inicialmente explotado con tracción animal, el trayecto se abrió al tráfico, únicamente de mercancías, el 8 de junio de 1877.
La locomotora Nº 24, «Coll», maniobra en las vías del puerto de Palma. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Mientras se construía el ramal del puerto, la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca puso en marcha dos nuevos proyectos: la prolongación de la línea hasta Manacor, entonces la tercera población de la isla, con cerca de 14.000 habitantes, y la construcción de un ramal a Sa Pobla, de menor entidad, pero que en aquella época experimentaba una notable fase de expansión económica, tras la desecación de su albufera y la conversión de su antigua superficie en nuevas tierras de cultivo.

Las obras de construcción de la línea de Manacor comenzaron en agosto de 1876 y en mayo de 1877 también se emprendieron las del ramal de Son Bordils a Sa Pobla. El buen ritmo de los trabajos permitió que el primer tramo, desde Inca a Sineu, se pudiera abrir al tráfico el 17 de febrero de 1878. El 24 de octubre del mismo año entró en servicio el ramal a Sa Pobla. Finalmente, el 19 de abril de 1879, hace ahora 140 años, se completó el trayecto entre Sineu y Manacor, aunque, en contra de lo habitual, las crónicas de la época reflejan que la empresa concesionaria no organizó grandes actos para celebrarlo.
Un tren de viajeros espera iniciar la marcha en la estación de Sa Pobla. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Pronto, el ferrocarril de Palma a Manacor se convirtió en el principal eje de comunicaciones de la isla y, a partir de él, la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca tendió nuevas líneas que sumaron un total de 215 kilómetros en su época de mayor expansión. El 7 de octubre de 1897 se inauguró la línea de Santa María a Felanitx, el 21 de julio de 1917 la de Palma a Santanyí y, finalmente, el 16 de junio de 1921 se amplió la vía desde Manacor hasta Artá. De este modo, y con excepción del ferrocarril de Palma a Sóller, toda la red ferroviaria de la isla se encontraba bajo el control de una sola empresa.
En 1959 llegaron a Mallorca cuatro locomotoras diésel construidas por la Sociedad Española de Construcción Naval bajo licencia de la francesa Creusot. Fotografía de Xavier Santamaría. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La Explotación de Ferrocarriles por el Estado

Durante las primeras décadas del siglo XX, la explotación de los ferrocarriles de la isla fue lo suficientemente rentable como para permitir la realización de mejoras como la implantación de la doble vía entre Palma e Inca, la construcción de un nuevo trazado subterráneo para facilitar el paso de los trenes de mercancías al puerto o la adquisición de nuevas locomotoras y coches. Sin embargo, a partir de los años treinta se inició un rápido proceso de decadencia provocado por la crisis económica y la irrupción de medios de transporte alternativos por carretera.
En 1981 se suspendió el servicio ferroviario entre Inca y Sa Pobla. Fotografía de Jordi Escude i Coll

A principios de los años cincuenta, la situación es insostenible. La falta de recursos es tal, que ni siquiera se podía pagar al proveedor del carbón que consumían las locomotoras, lo que en más de una ocasión obligó a suspender el servicio en buena parte de la red. Finalmente, y a diferencia de la práctica habitual, en la que los ferrocarriles de vía estrecha deficitarios solamente eran rescatados por el Estado una vez sus concesionarios renunciaban a su gestión, en el caso de Mallorca, la Explotación de Ferrocarriles por el Estado procedió a la progresiva compra de las acciones de la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca, proceso que culminó en 1959 con la definitiva toma de control de todos los ferrocarriles de la isla, con excepción del Sóller.

Antes incluso de la compra de la compañía, el Ministerio de Obras Públicas había iniciado la modernización de los ferrocarriles de Mallorca con la progresiva sustitución de la onerosa tracción vapor por la diésel. Así, entre 1956 y 1960 llegaron a la isla cuatro locomotoras diésel y seis automotores Ferrostal y en años sucesivos se recibirían más automotores lo que unido a la supresión de las líneas de Santanyí en 1964 y la de Felanitx en 1967, permitieron retirar definitivamente las últimas locomotoras de vapor.
Durante cerca de cuatro décadas, los automotores Ferrostal conformaron la espina dorsal de los servicios ferroviarios en la línea de Palma a Inca. Fotografía de José Antonio Gómez Martínez

La oleada de supresiones continuó en los años setenta. El parque de material motor disponible siempre resultó insuficiente para atender todos los servicios, por lo que una trágica sucesión de accidentes, que provocaron graves averías en tres automotores, fue la excusa que propició la suspensión del servicio entre Son Bordils y Manacor y, también, desde esta última población hasta Artá, el 20 de junio de 1977. Además, a principios de los años ochenta, Feve, sucesora de la Explotación de Ferrocarriles por el Estado desde 1965, decidió unificar el ancho de vía de su red insular con la del resto de la península, para así poder facilitar el intercambio de material móvil entre sus diversas líneas. De este modo, en 1980 emprendió la transformación al ancho métrico de la línea de Palma a Inca, aprovechando la existencia de doble vía en este trayecto. Sin embargo, nunca se amplió esta operación, ni a las líneas de Manacor y Artá, ni al ramal de Sa Pobla, que en consecuencia quedaron sin servicio, aunque conservaron intactas sus viejas vías.
Serveis Ferroviaris de Mallorca ha impulsado la modernización de la red ferroviaria de la isla, con la reapertura de líneas abandonadas, la adquisición de nuevo material móvil o la construcción de una gran estación subterránea en la capital. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi
El renacimiento

Baleares ha sido, al menos hasta el momento, la última comunidad autónoma en recibir transferencias de competencias en materia de infraestructuras y servicios ferroviarios desde el Gobierno central. El 1 de enero de 1994 pasaron a depender del gobierno balear el único tren que operaba Feve en Mallorca, es decir, la de Palma a Inca, pero también las líneas con el servicio suspendido que nunca habían sido formalmente clausuradas: las de Inca a Manacor y Artá, así como el ramal desde el empalme de Son Bordils a Sa Pobla. El primero de abril del mismo año, la gestión de la red fue asumida por una nueva empresa pública: Serveis Ferroviaris de Mallorca.

Gracias al impulso de las autoridades autonómicas, el ferrocarril ha experimentado en Mallorca un rápido resurgimiento. El primer paso fue la sustitución de las viejas unidades heredadas de Feve por nuevos trenes diésel suministrados por CAF. Posteriormente, se procedió a la recuperación de las líneas abandonadas, primero entre Inca y Sa Pobla y, el 12 de mayo de 2003, entre en son Bordils y Manacor.
El 8 de enero de 2019 se culminó la modernización del tren de Manacor con la inauguración de la tracción eléctrica. Archivo de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Mallorca

Serveis Ferroviaris de Mallorca ha proseguido con la mejora de la red ferroviaria de la isla, con la inauguración de un nuevo ramal desde Son Costa-Son Fertesa a la universidad de Palma, pomposamente bautizado como Metro, o la construcción de nuevos talleres y cocheras en Son Rullán. Otras iniciativas se quedaron por el camino, como el intento de reapertura de la sección de Manacor a Artá, siendo el último gran proyecto ejecutado la completa electrificación de la red, culminada el 8 de enero de este mismo año al ponerse en tensión el último trayecto operado con tracción diésel entre Son Bordils y Manacor.

 

miércoles, 27 de marzo de 2019

EL FERROCARRIL DE LUTXANA A MUNGIA (y V)


Vista de la estación de Sondika, tomada en 1990. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

La estación de Sondika

La estación de Sondika era, sin duda, la más pintoresca del ferrocarril de Lutxana a Sondika. Aunque en sus inicios era una estación más de la línea, en 1909 su tranquila existencia se vio alterada por la construcción, por parte de la Compañía del ferrocarril de Bilbao a Lezama, de un pequeño ramal de enlace desde Berreteagas. De este modo, se transformó en un pequeño nudo ferroviario,, que permitió que, además de seguir su ruta tradicional a Lutxana y trasbordo a Bilbao, los trenes de Mungia pudieran acceder directamente al corazón de Bilbao a través de las vías del tren de Lezama.
Pese a la construcción de la nueva estación de enlace en 1909, la primitiva estación del ferrocarril de Lutxana a Mungia en Sondika se mantuvo en pié hasta principios de los años noventa. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Tras la construcción del ramal de Berreteagas, la estación de Sondika, un sencillo edificio de una planta de ladrillo caravista, quedó situada en el interior de un triángulo de vías que permitía establecer toda clase de conexiones de Lutxana a Mungia, de Mungia a Bilbao o de Lezama a Lutxana. Un elegante reloj, suministrado por la firma Luis Anduiza de Bilbao y que ahora se conserva en el Museo Vasco del Ferrocarril de Euskotren, presidía sus andenes. Su singular configuración atrajo el interés de muchos amigos del ferrocarril, como los que protagonizan esta imagen, procedentes de Alemania.
Amigos del ferrocarril alemanes fotografían trenes de Euskotren en la estación de Sondika. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

La antigua estación de Sondika fue sustituida por una pequeña variante de trazado realizada en 1992, con la que se suprimieron dos conflictivos pasos a nivel en la localidad, obra que incluía una nueva terminal situada en cabalgavía.
Obras de construcción de la actual estación de Sondika. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Actual estación de Sondika. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi



 

domingo, 24 de marzo de 2019

EL FERROCARRIL DE LUTXANA A MUNGIA (IIII)



Unidad Naval de Euskotren fotografiada en el apeadero de Sangroniz. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

De Lutxana a Sondika

El cierre del 11 de mayo de 1975 de la línea de Mungia no fue total, ya que se mantuvo en servicio su primera sección, entre Lutxana y Sondika, de poco menos de 5 kilómetros. Las razones de su supervivencia fueron dos; la primera, el hecho de que la zona que recorría contaba todavía con diversas industrias que generaban cierto  movimiento de viajeros, sobre todo obreros que acudían a sus centros de trabajo; la segunda, que este tramo resultaba imprescindible para mantener la unión de las líneas operadas por Ferrocarriles y Transportes Suburbanos, ya que de haberse suprimido, el ferrocarril de Bilbao a Lezama habría quedado completamente aislado.
Automotor MAB-2 de Euskotren, adaptado al servicio con agente único en la línea de Lutxana a Sondika. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

El 19 de diciembre de 1977, la empresa Ferrocarriles y Transportes Suburbanos de Bilbao pasó a ser gestionada por la empresa pública estatal Feve, que asumió la operación de sus antiguas explotaciones ferroviarias, incluida la sección de Lutxana a Sondika. Un año más tarde, todas ellas fueron transferidas al recién creado Consejo General Vasco y, posteriormente, a partir del 23 de mayo de 1982, se integraron en la Sociedad Pública Eusko Trenbideak/Ferrocarriles Vascos, S.A.
El ferrocarril de Lutxana a Sondika protagonizó las primeras pruebas de los nuevos tranvías de Bilbao. Fotografía de Juanjo Olaizola

En 1990, con el fin de reducir al máximo los gastos de explotación, Euskotren implantó un servicio de trenes con agente único en el que, de forma análoga a los autobuses, el maquinista también efectuaba las labores de venta de billetes a los viajeros. Sin embargo, el progresivo cierre de las empresas de la zona hizo que el tráfico de viajeros cayera en picado y, en consecuencia, el 1 de enero de 1997 se suspendió el servicio de transporte de viajeros entre Lutxana y Sondika, debido a la bajísima demanda que registraba. Sin embargo, este pequeño trayecto se mantuvo operativo como ramal de enlace de la línea de Bilbao a Lezama con las cocheras de Lutxana, dónde se realiza el mantenimiento del material móvil que atiende este servicio, además de conservarse en este punto un enlace físico con la línea Nº 1 del Metro de Bilbao.
El ferrocarril de Lutxana a Sondika también fue escenario de las primeras pruebas de las modernas locomotoras duales TD-2000 de Euskotren. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

Junto al paso del material móvil de la línea de Lezama en sus desplazamientos a los talleres de Lutxana, el ferrocarril de Sondika también se ha utilizado como tramo de pruebas y ensayos. Así, en el año 2002 se realizaron en él todo tipo de pruebas con los nuevos tranvías que en la actualidad circulan por las calles de Bilbao y en 2009 sus vías fueron el escenario de la puesta a punto de la primera locomotora dual de la serie TD-2000 de Euskotren. Por otra parte, también se ha utilizado como recorrido alternativo en caso de interrupción por obras del acceso habitual de los trenes de Lezama a Bilbao a través del primitivo túnel de Artxanda. En 2001 fue empleado con este fin durante el verano y, a partir del 1 de junio de 2015, recuperó el tráfico de viajeros con motivo de la construcción de la línea 3 de metro de Bilbao. Una vez inaugurada ésta en abril de 2017, se ha mantenido el servicio de viajeros de lunes a viernes en este histórico trayecto.
En la actualidad, las modernas unidades de la serie 950 de Euskotren atienden los servicios de la línea de Lutxana a Sondika. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

martes, 19 de marzo de 2019

EL FERROCARRIL DE LUTXANA A MUNGIA (III)


Retrato de Salustiano Orive tomando su propio enjuague bucal

EL PROMOTOR, SALUSTIANO ORIVE OTEO (1842-1913)

No cabe duda que la mayoría de los lectores reconocerán la marca «Licor del Polo» como una de las firmas más destacadas en la industria de la higiene bucal de nuestro país. Sin embargo, lo que pocos sabrán es que tras ella se encuentra la figura del principal promotor del ferrocarril de Lutxana a Mungia, el farmacéutico riojano Salustiano Orive Oteo.

Nacido en la bonita villa riojana de Briones en 1842, en el seno de una familia de agricultores, Salustiano Orive trabajó desde su niñez, primero en el campo, luego como telegrafista y ya en Madrid, donde estudió por libre la carrera de Farmacia, como vendedor de periódicos.

Una vez obtenido el título, Orive decidió afincarse en Bilbao, Villa en la que el año 1870 estableció una casa de baños, el Balneario de Salustiano Orive, y una farmacia en el número 7 de la histórica calle de Askao, desde la que emprendió una vertiginosa carrera profesional y comercial, al mismo tiempo que se convertía en el centro de una activa tertulia liberal, republicana y anticlerical.

Los inicios empresariales de Salustiano Orive se vieron interrumpidos por el estallido de la tercera Guerra Carlista y el sitio al que fue sometido Bilbao entre el 21 de febrero y el 2 de mayo de 1874. Fiel a su ideario político, Orive se alistó en la Primera Compañía del batallón de Auxiliares, al mando del capitán Juan Recacoechea, y participó activamente en las operaciones de defensa de la villa. Además, participo de forma destacada, tanto a nivel local como nacional, en el Partido Republicano Federal, que lideraba Francisco Pi i Margall.

Al parecer, una traumática extracción de muelas impulsó a Salustiano Orive a interesarse por la higiene bucal y por buscar una solución eficaz, sencilla y barata a las múltiples enfermedades dentales. Fruto de su trabajo fue el desarrollo del famoso colutorio «Licor del Polo», realizado a partir de la mezcla de diversos extractos vegetales.
Antigua publicidad del producto estrella de Salustiano Orive; el Licor del Polo. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

A partir de 1871 Orive emprendió la fabricación y comercialización de su famoso licor y ese mismo año obtuvo la primera mención honorífica en una exposición celebrada en Valladolid. Dos años más tarde obtuvo otra mención similar en Madrid y en Viena le concedieron el «Gran Diploma al Mérito Reconocido». En todo caso, el éxito de su producto no se debía únicamente a sus cualidades terapéuticas, sino, también, a las atrevidas técnicas publicitarias utilizadas por su fabricante, desconocidas en la época y que en cierto modo recuerdan a las agresivas campañas actuales. De este modo, en pocos años, el «Licor del Polo» se popularizó en toda España, lo que requirió multiplicar su producción. Para ello, Orive estableció una fábrica en el bilbaíno barrio de Deusto, considerada en su momento como un modelo, tanto en su organización como en el trato a obreros y empleados.

Salustiano Orive destinó buena parte de la fortuna que amasó con sus productos higiénicos a diversas obras filantrópicas. Asimismo, también invirtió diversas sumas en otras empresas, incluidas las ferroviarias. En concreto, adquirió 39 acciones del ferrocarril de Las Arenas a Plentzia, aunque, sin duda, su intervención más destacada en el sector fue la que realizó en el ferrocarril de Lutxana a Mungia, del que adquirió un paquete de 196 títulos, lo que lo convirtió en el principal accionista de la compañía, en la que ostentó el cargo de vicepresidente. En su honor, una de las locomotoras adquiridas para esta línea fue bautizada con su apellido; la Nº 4, «Orive».
Una de las locomotoras del ferrocarril de Lutxana a Mungia fue bautizada como «Orive» en homenaje al principal accionista de la empresa. Fotografía de John Blyth. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Su fuerte carácter le llevó a protagonizar fuertes disputas con su familia y sus competidores, lo que le llevó con frecuencia a los juzgados y le costó el destierro de Bilbao a Logroño en 1910, lo que implicó el traslado de sus laboratorios desde Deusto a la capital riojana. Su gran fortuna tardó décadas en ser repartida entre sus hijos  naturales y legítimos y su testamento hológrafo fue quizás su última excentricidad.

sábado, 16 de marzo de 2019

EL FERROCARRIL DE LUTXANA A MUNGIA (II)


Interior de un coche de viajeros del ferrocarril de Lutxana a Mungia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Proyectos frustrados

Apenas se habían iniciado las obras de construcción del ferrocarril de Lutxana a Mungia cuando sus rectores estudiaron su posible ampliación a Bermeo, localidad costera que contaba con uno de los puertos pesqueros más importantes del Cantábrico, hecho que podría generar un notable tráfico. En contra de este proyecto jugaba la abrupta orografía de la zona, marcada por el difícil paso del alto de Sollube. Asi, aunque el gobierno autorizó el 7 de agosto de 1890 al propio Manuel Lecanda la prolongación de su línea, este proyecto jamás se llegó a materializar.

Años más tarde, la construcción del ferrocarril a Bermeo fue uno de los asuntos más recurrentes en los ambientes ferroviarios vizcaínos, con nuevas concesiones otorgadas tanto al ferrocarril de Mungia como al de Lezama y, también, al de Amorebieta a Gernika y, de hecho, finalmente sería esta línea la que se prolongase hasta la localidad costera, aunque la obra no se materializó hasta la tardía fecha de 1955.

El único proyecto ferroviario que llegó a materializarse en la zona de influencia del ferrocarril de Lutxana a Mungia fue la construcción de un enlace con la línea de Bilbao a Lezama construido por la empresa concesionaria de ésta última e inaugurado el 23 de junio de 1909. Este pequeño ramal, de apenas 763 metros de longitud, permitió el establecimiento de trenes que, con origen en Mungia, podían llegar a Bilbao, bien por la ruta tradicional Sondika-Lutxana, Bilbao (Aduana), o bien por la ruta a través del nuevo túnel ferroviario de Artxanda que unía directamente Sondika con la estación de Bilbao-Calzadas por las vías del Ferrocarril de Lezama.
En 1950 se completó la electrificación del ferrocarril de Mungia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Los Ferrocarriles y Transportes Suburbanos de Bilbao

La vida económica de la Compañía del Ferrocarril de Luchana a Munguía siempre se vio lastrada por el fuerte endeudamiento que arrastró desde su construcción, provocado por la escasez del capital social con la que fue constituida. Este hecho dificultó su modernización y la ampliación de su pequeña línea, que solo pudo ser afrontada cuando el 1 de julio de 1947 fue adquirida por la empresa Ferrocarriles y Transportes Suburbanos de Bilbao, S.A. por el precio de 1.150.000 pesetas. Esta sociedad agrupaba, junto a la línea que nos ocupa, los ferrocarriles de Bilbao a Plentzia, de Bilbao a Lezama, de Matiko a Azbarren y el servicio de trolebuses de Bilbao a Algorta. La nueva empresa procedió de inmediato a la modernización de la línea de Mungia, sustituyendo sus veteranas locomotoras de vapor por trenes eléctricos. La electrificación de la línea entró en servicio el 12 de octubre de 1949 entre Lutxana y Sondika, y su prolongación a Mungia el 3 de septiembre de 1950. La línea se alimentaba a –1500 voltios en corriente continua desde una subestación situada en Berreteagas, muy próxima a la estación de Sondika, que atendía tanto a la línea de Mungia como a la de Lezama.
Tren eléctrico de la línea de Lutxana fotografiado en Sondika. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

El paso de este ferrocarril por las proximidades del aeropuerto de Sondika afectó directamente a su explotación. En los años sesenta se procedió a una primera ampliación de las pistas de vuelo por lo que, con el apoyo financiero de la Diputación de Vizcaya, el Ayuntamiento de Bilbao y la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, se procedió a la construcción de una importante variante de trazado, de 3.268 metros de longitud y vía única, con la que se rodeó el aeródromo por su extremo Este. La ejecución de las obras afectó notablemente al servicio, ya que éste tuvo que ser suspendido y sustituido mediante autobuses desde el 10 de junio de 1966 hasta el 1 de marzo de 1967, fecha en que se inauguró la nueva vía.
El 11 de mayo de 1975 se suprimió la sección de Sondika a Mungia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Lamentablemente, el rápido desarrollo que experimentó el transporte aéreo en aquellos años hizo que la nueva traza pronto quedase anticuada, al verse afectada por una nueva prolongación de las pistas. Sin embargo, en este caso, en lugar de optar por la construcción de otra variante, los responsables de Ferrocarriles y Transportes Suburbanos decidieron clausurar el tramo comprendido entre Sondika y Mungia, que en aquella época ya era altamente deficitario ante la creciente competencia de los transportes mecánicos por carretera, y cobrar las oportunas indemnizaciones. De este modo, el 11 de mayo de 1975 se suspendió la circulación de los trenes, manteniéndose únicamente en servicio la pequeña sección de Lutxana a Sondika.