sábado, 6 de julio de 2019

130 AÑOS DE MOVILIDAD ELÉCTRICA EN EUSKADI (V)


En 1911 entró en servicio el primer ferrocarril eléctrico de Nafarroa, el Irati. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

LAS ELECTRIFICACIONES FERROVIARIAS DE LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XX

En la segunda década del siglo XX la tracción eléctrica llegó a Nafarroa de la mano del Ferrocarril del Irati. Esta línea, que enlazaba Iruñea con Zangoza, formaba parte de un amplio proyecto empresarial que pretendía explotar los recursos forestales de la selva del Irati y los importantes saltos de agua sobre el río del mismo nombre. En consecuencia, disponían de energía eléctrica abundante y barata, por lo que es fácil entender que optasen por la tracción eléctrica para su ferrocarril.
Paso del ferrocarril del Irati en Liédena. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

Inaugurado el 23 de abril, el ferrocarril del Irati aportó importantes novedades tecnológicas como fue la instalación, por primera vez en la península, de catenaria compuesta (dotada de cable sustentador e hilo de trabajo) y la utilización pionera de la corriente alterna monofásica a 6.000 voltios. Este sistema no se volvió a emplear en el país hasta la inauguración de las primeras líneas de alta velocidad.
Entre Iruñea y Atarrabia el Irati funcionaba como un tranvía eléctrico. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

El trazado ferroviario se convertía en tranviario entre Atarrabia y la estación del Norte en Iruña, por lo que, también por primera vez en el país, empleó unidades bitensión, ya que este trayecto de carácter urbano, como es común en los tranvías, estaba electrificado a 600 voltios en corriente continua.
En 1912 se inauguró el Topo entre Donostia e Irun. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril
El Topo prolongó su recorrido hasta Hendaia en 1913. Archivo EuskoTren/Museo Vasco del Ferrocarril

El 5 de diciembre de 1912 se inauguró un nuevo ferrocarril eléctrico entre Donostia y Hendaia, el popular «Topo», que compartía con el ferrocarril de Hernani tanto el circuito urbano entre la Plaza de Gipuzkoa y la estación de Amara como el trayecto entre ésta y Loiola. Por ello, el sistema de electrificación utilizado era el mismo: 500 voltios en corriente continua.
La tracción eléctrica llegó a Iparralde con la electrificación del tranvía de Hendaia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

IPARRALDE TOMA LA DELANTERA

 

Como en la mayor parte del mundo, la tracción eléctrica también llegó a Iparralde de la mano de los tranvías. En 1913 se electrificó el pequeño tranvía que unía la estación de Hendaia con la playa y un año más tarde se ponía en tensión el de Baiona a Angelu y Biarritz. Además, también empleó este sistema el ferrocarril de vía métrica de Baiona a Donibane Lohizune y Hendaia, así como su pequeño ramal a Askain y Sara y en el espectacular ferrocarril de cremallera de Larun, inaugurado en 1924.

Tranvías eléctricos en Biarritz. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Ferrocarril eléctrico de vía estrecha de Baiona a Hendaia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 

En los años veinte, la compañía de los Chemins de Fer du Midi, que gestionaba toda la red ferroviaria principal de Iparralde, emprendió su completa electrificación. En 1926 circulaban los trenes eléctricos entre Hendaia y Baiona, bajo sus característicos postes de forma ojival, y un año más tarde la catenaria ya se había extendido hasta Bordeaux. En 1930 se electrificó el trayecto de Baiona a Puio y los ramales a Donapaleu y Maule, seguidos un año más tarde de la línea Baiona a Donibane Garazi y su ramal a Baigorri.

 El tren de cremallera de La Rhune es el último testimonio de los trenes eléctricos de vía estrecha en Iparralde. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

A partir de 1931, la práctica totalidad de la red ferroviaria y tranviaria de Iparralde funcionaba con tracción eléctrica. Además, tal y como sucedía en Egoalde, la energía que los impulsaba era de origen hidráulico, sin generar emisiones contaminantes, ya que los Chemins de Fer du Midi construyeron grandes saltos de agua en los Pirineos. El popular tren turístico de Artuste se estableció, precisamente, para transportar los materiales necesarios en estas impresionantes obras.

En 1926 los ferrocarriles del Midi electrificaron la línea de Baiona a Hendaia con sus característicos postes ojivales. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

 

 

martes, 2 de julio de 2019

130 AÑOS DE MOVILIDAD ELÉCTRICA EN EUSKADI (IIII)



Tren del ferrocarril de Hernani fotografiado en la donostiarra plaza de Gipuzkoa. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  

116 AÑOS DE TRACCIÓN ELÉCTRICA FERROVIARIA EN EUSKOTREN

El 2 de agosto de 1903 entraba en servicio el segundo ferrocarril electrificado de Euskadi y también de toda la península ibérica, entre Donostia y Hernani. Construido según concesión otorgada por el gobierno central a Mariano Areizaga Gortázar el 8 de agosto de 1894. Aunque en principio estaba previsto explotarlo con locomotoras de vapor, sus promotores, encabezados por el empresario alavés Plácido Allende Plágaro, cuyo busto preside los andenes de la donostiarra estación de Amara, obtuvieron el 22 de febrero de 1902 la oportuna autorización para el empleo de la tracción eléctrica.
Tren del ferrocarril de Hernani fotografiado en su camino a Astigarraga. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Tapa de registro de la red de distribución de energía eléctrica del ferrocarril de Hernani en Donostia. Fotografía de Juanjo Olaizola

Para asegurar la tracción de sus trenes, el ferrocarril eléctrico de Donostia a Hernani construyó junto a sus cocheras de Astigarraga una central térmica de vapor y también contaba con un salto de agua en Goizueta. Dado que su producción era superior al consumo de los trenes, la empresa decidió vender el excedente de electricidad a clientes particulares de la capital guipuzcoana. De la red de distribución establecida todavía se pueden encontrar como testimonios históricos, diferentes tapas de registro en las calles de Donostia.
En 1958 se clausuró el ferrocarril entre Loiola y Hernani. Fotografía de Jeremy Wiseman

 
Desde 1903, el tramo de Amara a Loiola del Topo funciona con tracción eléctrica. Fotografía de Juanjo Olaizola

Los trenes del ferrocarril de Hernani llegaban hasta la plaza de Gipuzkoa, en el corazón de Donostia, mediante un trazado tranviario desde la estación de Amara. La supresión de este circuito en 1954 por orden del ayuntamiento donostiarra, unido a la competencia de autobuses y automóviles, supuso la pérdida de rentabilidad del servicio y su clausura en 1958. Sin embargo, el tramo comprendido entre las estaciones de Amara y Loiola se mantuvo en servicio, al haberse integrado en la línea del «Topo». En consecuencia, este trayecto es, en la actualidad, el tramo electrificado en servicio más antiguo de todo el Estado, ¡116 años de movilidad sostenible.
Tranvía eléctrico de Donostia dotado de equipos eléctricos fabricados por La Maquinista Bilbaína. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  

UNA EXPERIENCIA PIONERA: LA MAQUINISTA BILBAÍNA

En las primeras electrificaciones tranviarias y ferroviarias de Euskadi se recurrió a la tecnología de las principales multinacionales del sector: A.E.G., Shécheron, Thomson-Houston, General Electric o Westinghouse, entre otros. Ante la rápida evolución del nuevo sistema de tracción, tres ingenieros bilbaínos, Artiñano, Díaz y Hurtado de Mendoza, decidieron emprender la fabricación de equipos de tracción eléctrica. En 1900 establecieron una fábrica con sede en el número 11 de la calle Zorrilla de Deusto (Bilbao).
Publicidad de La Maquinista Bilbaína. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Automóvil Ardiurme, construido por La Maquinista Bilbaína. Era impulsado mediante baterías. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Durante algunos años, La Maquinista Bilbaína desplegó una importante actividad en el sector de las construcciones electromecánicas, con especial incidencia en los tranvías de su entorno más próximo, sobre todo, los de Bilbao y Donostia. Asimismo, desarrollaron diversas experiencias en el incipiente mundo del automóvil, en una época en la que se pensaba que su futuro sería también eléctrico, mediante baterías, que desembocaron en 1904 en la construcción de un prototipo de coche eléctrico bautizado como Ardiurme, acrónimo de las iniciales de los promotores de la empresa. Matriculado en Bilbao en 1905, parece ser que llegaron a construir una segunda unidad, matriculada en Donostia.
Tras el fracaso de La Maquinista Bilbaína, fue preciso recurrir a la industria europea y norteamericana para el desarrollo de la tracción eléctrica en Euskadi. Fotografía de Juanjo Olaizola
A partir de 1929 General Eléctrica Española recuperó la producción de equipos de tracción eléctrica en Euskadi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Esta interesante iniciativa industrial se desarrolló en un sector cuya demanda experimentó a principios de siglo una gran demanda, pero, lamentablemente, no llegó a cuajar. En junio de 1907 la Revista de Obras Públicas anunciaba la liquidación de todos los bienes de la Compañía, lo que supuso el fin definitivo de este proyecto. La construcción de equipos de tracción eléctrica en Euskadi no se retomó hasta la puesta en marcha, en 1929 de los talleres de la General Eléctrica Española en Trapagaran, filial de la General Electric norteamericana, fundada en 1890 por el propio Edison.

 En la actualidad, CAF fabrica sus propios equipos de tracción eléctrica. Ingeteam y Bombardier también desarrollan una notable actividad en este sector en Euskadi. Fotografía de Juanjo Olaizola
 

jueves, 27 de junio de 2019

130 AÑOS DE MOVILIDAD ELÉCTRICA EN EUSKADI (III)


Los primeros tranvías eléctricos tuvieron que construirse sus propias centrales térmicas para generar la electricidad necesaria. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

TRANVÍAS CON MOTOR DE AGUA

Aunque los primeros tranvías eléctricos de Euskadi no generaban emisiones contaminantes, no se puede decir lo mismo de las centrales que se establecieron para producir la energía necesaria para su movimiento. Tanto los de Bilbao como los de Donostia contaban con centrales térmicas en Burtzeña y Ategorrieta, respectivamente, que mediante la quema de carbón producían el vapor necesario para mover grandes máquinas alternativas que, a su vez, accionaban las dinamos que producían la corriente eléctrica.
Sala de máquinas de vapor y dinamos de los tranvías eléctricos de Bilbao. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
El tranvía de Arratia fue el primero de Euskadi impulsado por fuerza hidroeléctrica. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

En 1902 entró en servicio un nuevo tranvía eléctrico, una gran línea interurbana que enlazaba Bilbao con Lemoa, localidad desde la que se ramificaba, por una parte hacia Durango y, por otra, al corazón del valle de Arratia, hasta Zeanuri. A diferencia de los anteriores, este tranvía era absolutamente ecológico, ya que para generar la electricidad necesaria para su tracción disponía de dos saltos de agua, en Magunas y Garai, al pie del monte Oiz, que accionaban mediante turbinas las dinamos generadoras. Fue el primer sistema de transporte absolutamente limpio en la historia de Euskadi.
Central hidroeléctrica del tranvía de Arratia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
El tranvía de Donostia a Tolosa también utilizaba energía hidroeléctrica. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  

El ejemplo del tranvía de Arratia pronto fue seguido por otras iniciativas como el de Donostia a Tolosa, inaugurado en 1912, que disponía de su propio salto de agua sobre el río Leizarán. La Compañía del Tranvía de San Sebastián, que operaba los tranvías urbanos de la capital guipuzcoana y la línea a Rentería siguió su ejemplo y también montó en el Leizarán una central hidráulica que sustituyó con ventaja a la humeante central térmica de Ategorrieta. ¡Los tranvías de Euskadi se movían gracias a la fuerza del agua!
 Salto de Bertxin, en el Leizaran, que generaba energía limpia para los tranvías urbanos de Donostia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  

Cocheras y central eléctrica del ferrocarril de Ulia. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

EL PRIMER TREN ELÉCTRICO

Como en la mayor parte del mundo, el tranvía también fue en Euskadi el primer medio de transporte en beneficiarse de las ventajas de la tracción eléctrica. La primera aplicación del nuevo sistema en un ferrocarril tuvo lugar en un modesto tren que enlazaba el barrio donostiarra de Ategorrieta con un parque de atracciones situado en el Monte Ulía. Inaugurado el 8 de junio de 1902, esta pequeña línea, de tan solo 3 kilómetros de recorrido, se convirtió en el primer ferrocarril eléctrico del Estado. Dado que la tecnología utilizada era similar y compatible con la de los tranvías, en 1903 se estableció un convenio con la Compañía del Tranvía de San Sebastián, con el fin de que los trenes de Ulía pudieran circular por sus vías, ofreciendo servicios directos desde el Boulevard. 
Vista de un automotor del ferrocarril de Ulía en su ascenso a la cima. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  
Un automotor del ferrocarril de Ulía fotografiado en la cima. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  

En 1907, la oferta turística del Monte Ulía se completó con la instalación de un espectacular teleférico, impulsado también por la electricidad, que fue diseñado por el ingeniero cántabro Leonardo Torres Quevedo. Este aparato partía desde las inmediaciones de la estación superior del ferrocarril para llegar a la denominada Peña de las Águilas, donde se instaló un impresionante mirador sobre las aguas del mar Cantábrico. Su recorrido era de 280 metros de longitud y superaba un desnivel de 28 metros.
Vista del espectacular trazado del ferrocarril de Ulía. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
En 1907 se instaló en Ulía un espectacular transbordador aéreo. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  

La crisis turística que experimentó Donostia tras el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 implicó el rápido descenso de los clientes del Monte Ulía, con la consiguiente repercusión negativa en la cuenta de resultados de la empresa concesionaria, que clausuró el servicio del primer ferrocarril eléctrico del Estado en 1917.

Detalle del transbordador aéreo de Ulía. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril  

 

 

lunes, 24 de junio de 2019

130 AÑOS DE MOVILIDAD ELÉCTRICA EN EUSKADI (II)


Publicidad de la firma Brush Electric, responsable del primer intento de electrificación del tranvía de Bilbao a Santurtzi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

PRUEBA/ERROR: EL PRIMER TRANVÍA ELÉCTRICO DE EUSKADI

Hace 130 años se dieron en Euskadi los primeros pasos para aplicar la electricidad a la movilidad de sus ciudadanos. La compañía que gestionaba el tranvía de Bilbao a Santurtzi, inaugurado en 1882, contrató en enero de 1888 al ingeniero norteamericano Edward P. Thompson para modernizar el servicio, movido hasta entonces por mulas, mediante la utilización de la novedosa tracción eléctrica. En consecuencia, la empresa tranviaria decidió adquirir los equipos necesarios a la empresa Anglo-American Brush Electric, una de las compañías electromecánicas más destacadas del mundo en la época, fundada por el inventor de la dinamo, Charles Francis Brush.

El Short Shore Series de Nueva York funcionó con una tecnología similar al del primer tranvía eléctrico de Bilbao a Santurtzi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Solicitud de electrificación del tranvía de Bilbao a Santurtzi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La Compañía del tranvía de Bilbao a Santurtzi obtuvo la concesión para electrificar la línea el 29 de abril de 1889. De inmediato, emprendieron los trabajos, que incluían la construcción en Burtzeña (Barakaldo) de su propia central generadora de electricidad, ya que en aquella época no existían las actuales empresas suministradoras de este fluido y, por tanto, era preciso ser autosuficiente.

Propuesta de tranvías motores y remolques para la línea de Bilbao a Santurtzi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Esquema de un cruce en la línea de Bilbao a Santurtzi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Concluida la instalación de la central y de los cables de alimentación, el 4 de junio de 1891 se realizaron las primeras pruebas entre las cocheras de La Casilla y la Plaza de Zabalburu. Sin embargo, las instalaciones presentaban numerosas deficiencias, tanto por el sistema de línea aérea y captación de corriente elegido, con un pequeño carrito que circulaba suspendido de tres cables de alimentación unido al coche motor; como por problemas surgidos en los motores y sistemas de control. Finalmente, arruinada la empresa concesionaria del tranvía de Bilbao a Santurtzi ante la gran inversión realizada sin resultado alguno, el 8 de noviembre de 1892 se vio obligada a anunciar la venta de todo el material eléctrico utilizado en esta frustrada experiencia, con lo que se daba definitivo carpetazo al primer proyecto de movilidad eléctrica en Euskadi.

Fotografía de uno de los prototipos utilizados en los ensayos del primer tranvía eléctrico de Bilbao a Santurtzi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Plano de las líneas de tranvías de Bilbao a Santurtzi y a Algorta, los primeros electrificados en el Estado. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

¡ESTA VEZ SÍ!

Bilbao siempre se ha destacado por el carácter emprendedor de sus gentes. El fracaso de la primera electrificación no impidió que pronto se volviera a pensar en la implantación de la tracción eléctrica. En el otoño de 1894 los arruinados propietarios del tranvía de Santurtzi vendieron su línea a la sociedad colectiva José Ysaac Amann en la que participaba, entre otros, el famoso empresario Víctor Chávarri. En enero de 1895 los nuevos gestores, que también eran titulares del tranvía de Bilbao a Algorta, contrataron con la firma alemana Allgemeine Elektricitäts-Gesellschaft, más conocida por sus iniciales A.E.G., la electrificación de sus dos líneas. En esta ocasión, la tecnología elegida fue la acertada, no en vano, la empresa berlinesa era la licenciataria en Europa de las patentes de Frank J. Sprague, el padre del tranvía eléctrico, con lo que en poco más de un año se completó la nueva instalación que entró en servicio el 1 de febrero de 1896.

El 1 de febrero de 1896 se inauguró el primer tranvía eléctrico del Estado, entre Bilbao y Santurtzi. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Primitivo tranvía eléctrico de Bilbao a Santurtzi, fotografiado cerca de Zorrotza. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
A diferencia del primer intento de electrificación, el realizado en 1896 pronto alcanzó el éxito. En consecuencia, sus promotores decidieron extender el nuevo sistema de tracción a la línea de Bilbao a Algorta, que entró en servicio el 15 de marzo de 1897.

Los tranvías eléctricos de Bilbao a Santurtzi también se emplearon en el transporte de mercancías. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
En 1897 se electrificó la línea de Bilbao a Algorta. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Donostia estuvo en todo momento atenta a lo que sucedía en la vecina Bilbao y a la vista de los buenos resultados alcanzados en el tranvía de Santurtzi, decidió electrificar la línea que enlazaba Venta Berri con el Boulevard, Pasaia y Rentería. El nuevo sistema de tracción entró en servicio el 29 de octubre de 1897. De este modo, las dos capitales vascas se convirtieron en las primeras ciudades del Estado en emplear la tracción eléctrica en sus tranvías. En 1898 se electrificaron los de Madrid, en 1899 los de Barcelona y en 1900 los de València. Euskadi fue ya, hace 130 años, pionera en la movilidad eléctrica.

Donostia electrificó su red de tranvías en 1897. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

 

jueves, 20 de junio de 2019

130 AÑOS DE MOVILIDAD ELÉCTRICA EN EUSKADI (I)

Los trenes eléctricos de la Compañía del Norte impresionaron al bertsolari Txirrita. Irun, 1955. Fotografía de Christian Schnabel. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril 

Gizon abilla zan eletrika
sortu zuben maisu ori,
piska-piska bar arrek graduak
bajatu zizkan subari


De los versos de Txirrita dedicados a la electrificación del Ferrocarril del Norte
La tracción eléctrica eliminó los malos humos del tren. Fotografía de Lawrence G. Marshall. Abando, 1956

INTRODUCCIÓN

Como ya dijo hace casi cien años el bertsolari Txirrita, la electricidad puede generarse gracias a la fuerza del agua, pero también con la ayuda del viento o del sol. En definitiva, la electricidad es la única energía que es posible producir a partir de fuentes renovables y, en consecuencia, respetuosas con el medio ambiente.
La electrificación convirtió al tren en el sistema de transporte más respetuoso con el medio ambiente. Fotografía de Liberto Macazaga. Archivo de Javier Suso
 
El transporte es una de las actividades más contaminantes de las sociedades modernas. En consecuencia, su electrificación resulta imprescindible si se desea conjugar el desarrollo con la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.
Euskotren es líder en la movilidad eléctrica en Euskadi. Fotografía de Juanjo Olaizola
 
El tren es, sin duda, el mejor ejemplo de las virtudes de la tracción eléctrica. Cuando este medio inició su andadura en 1830, funcionaba con humeantes locomotoras de vapor que quemaban carbón en sus calderas. Desde 1879 y gracias a la electricidad, ha pasado de ser un medio de transporte altamente contaminante a convertirse en el más respetuoso con el entorno.
Los modernos tranvías contribuyen a la movilidad eléctrica. Fotografía de Juanjo Olaizola
El metro es un actor fundamental en el transporte sostenible. Fotografía de Juanjo Olaizola
 
En Euskadi, la tracción eléctrica dio sus primeros pasos hace ya 130 años. Es por tanto, una magnífica ocasión para conocer su historia, su presente y su futuro.
Primer prototipo de tren eléctrico, presentado por Siemens en 1879. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

LOS INICIOS DE LA MOVILIDAD ELÉCTRICA

Los orígenes de la tracción eléctrica están unidos al propio conocimiento de esta tecnología en aspectos como la producción, la distribución y el consumo final. Algo tan cotidiano como encender una bombilla apretando un interruptor era hace tan sólo 130 años una experiencia revolucionaria.
En 1879, un año antes de que Edison patentase la bombilla eléctrica, Siemens ensayó en la Feria de Berlín el primer tren eléctrico del mundo. Pese a que su prototipo parecería a nuestros ojos una atracción de feria, con él demostró las posibilidades de la electricidad en el sector del transporte.
 
El primer tranvía eléctrico del mundo, construido por Siemens, funcionó en Berlín en 1881. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
Frank Sprague sentó en los tranvías de Richmond los principios básicos de la tracción eléctrica. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
Dos años más tarde Siemens dio un nuevo paso y estableció en Berlín el primer tranvía eléctrico del mundo. Su ejemplo sería seguido por otros técnicos e ingenieros, que fueron perfeccionando su funcionamiento hasta que en la primavera de 1888 el norteamericano Frank J. Sprague sentó las bases fundamentales para el desarrollo de este medio de transporte en la ciudad de Richmond (USA), con conceptos que, 130 años más tarde, se mantienen en vigor. Entre ellos destaca la alimentación dinámica mediante catenarias, con las que se superaron las limitaciones de las baterías y se hizo innecesario transportar su enorme peso y volumen.
Tras el éxito técnico de Sprague en Richmond, la tecnología del tranvía eléctrico se extendió por todo el mundo. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
El ferrocarril de Baltimore & Ohio fue el primero en el mundo en apostar por la tracción eléctrica. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
En 1895 entró en servicio la primera electrificación ferroviaria del mundo, en Baltimore (USA). Desde entonces, la tracción eléctrica se ha expandido progresivamente por los ferrocarriles que, en la actualidad, suman más de 260.000 kilómetros, a los que deben añadirse los millares de kilómetros de tranvías trolebuses y metros repartidos por más de 500 ciudades del mundo, todos ellos movidos gracias a la electricidad.
En la actualidad, la tracción eléctrica ferroviaria suma más de 275.000 kilómetros. En Suiza, toda la red ferroviaria está electrificada. Fotografía de Juanjo Olaizola