LA FAMILIA GURRUCHAGA
Es por muchos conocida la afición del popular actor y cantante donostiarra Javier Gurruchaga al ferrocarril, cariño al tren que muchas veces ha manifestado en programas de radio o televisión entre los que destaca La cucaracha express, ambientado en un vagón de ferrocarril, o El maquinista de la General. Sin embargo, la relación de este artista donostiarra con el ferrocarril está marcada por uno de los episodios más trágicos de la historia de nuestro país: La Guerra Civil y la represión de los franquistas sobre los vencidos.
En efecto, Javier Gurruchaga es hijo, sobrino y nieto de ferroviarios del ferrocarril del Urola represaliados durante la Guerra Civil, simplemente por haber obedecido las órdenes de sus legítimos superiores, los rectores de la Diputación Provincial de Gipuzkoa, de evacuar hacia Bizkaia ante el avance de las tropas rebeldes.
El primero de los Gurruchaga en ingresar en la plantilla del Ferrocarril del Urola fue el abuelo de Javier, Antonio Gurruchaga Eizaguirre. Natural de Azpeitia, donde había nacido el 29 de marzo de 1881, ingresó en 1901 como cobrador en la Compañía del Tranvía de San Sebastián, empresa en la que trabajó durante 24 años. El 15 de septiembre de 1925, al enterarse de las primeras convocatorias para trabajar en el nuevo ferrocarril, decidió presentar su solicitud, lo que le permitiría regresar a su valle natal.
Dada su dilatada experiencia, Antonio Gurruchaga superó con facilidad el proceso de selección e ingresó en el Ferrocarril del Urola el 10 de diciembre de 1925. En principio, ocupó el puesto de interventor en ruta, con residencia en la estación de Zumaia-Puerto y un sueldo anual de 2.400 pesetas, así como un complemento de otras 900 pesetas por realizar funciones de inspector de conductores.
A Antonio pronto le siguió su hijo mayor, Juan Bienvenido Gurruchaga Echeverría. Natural de Altza, municipio integrado en 1940 en Donostia, donde vino al mundo el 28 de septiembre de 1903. En 1919 ingresó en la Compañía del Tranvía de San Sebastián, donde trabajó cuatro años como mecánico y otros tres como cobrador. El 2 de julio de 1926 ingresó en el Ferrocarril del Urola en calidad de mozo de tren autorizado y un sueldo de 2.100 pesetas. Dos años más tarde, el 1 de abril de 1928, ingresó otro de sus hijos, Bernardino, nacido en Donostia el 29 de agosto de 1911. Su primer empleo en el Urola fue el de escribiente meritorio, con un sueldo de 900 pesetas.
El último de los Gurruchaga en ingresar en el ferrocarril del Urola fue Vicente Gurruchaga Echeverría, padre del actor Javier Gurruchaga. Nacido en Donostia el 21 de abril de 1914, accedió a la plantilla el 10 de octubre de 1931 con el cargo de factor meritorio, sin sueldo, de la estación de Zumaia-Empalme, aunque poco después obtuvo su primer salario de 216 pesetas mensuales.
En un primer momento, tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936, Gipuzkoa se mantuvo leal al gobierno legítimo de la República, pero el territorio pronto fue ocupado por el ejército traidor. El 20 de septiembre de 1936, ante la inminente entrada en el valle del Urola de las tropas del General Mola, los cuatro ferroviarios de la familia Gurruchaga obedecieron, al igual que buena parte de la plantilla del tren del Urola, la orden de la dirección del ferrocarril de evacuar hacia Bizkaia. Pocos días después, el nuevo Consejo de Administración del Ferrocarril del Urola, compuesto por diversos dirigentes franquistas, procedió a la disolución de la antigua plantilla y marcó un plazo improrrogable de tres días para solicitar el reingreso.
Evidentemente, como todos los miembros de la familia Gurruchaga se encontraban en la zona aún leal a la República, difícilmente podían atravesar la línea del frente y tramitar la solicitud de reingreso, por lo que aquellos que habían usurpado el poder legítimo de las urnas mediante la violencia, consideraron unilateralmente que habían abandonado voluntariamente su puesto de trabajo. En consecuencia, todos ellos, perdieron de inmediato su trabajo en el Ferrocarril del Urola. Esta arbitraria decisión afectó a 79 ferroviarios, cerca de la mitad de la plantilla.
Aunque los Gurruchaga solicitaron en diversas ocasiones el reingreso, no llegaron a alcanzar su objetivo sino una vez iniciada la transición de la dictadura franquista a la democracia. Antonio y Juan Bienvenido, ya fallecidos no lograron el reconocimiento que si alcanzaron en 1979 Bernardino y Vicente quienes, tras un largo proceso judicial, obtuvieron el reingreso en el Ferrocarril del Urola. Evidentemente, y dado el tiempo transcurrido, la readmisión solo les sirvió para conseguir una pensión de jubilación acorde con la categoría laboral que les habría correspondido en caso de no haber sido expulsados de la plantilla del ferrocarril.

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